El Atlético no aguanta ante la ambición

Luis Suárez festeja el tanto del empate. :: javier soriano. afp/
Luis Suárez festeja el tanto del empate. :: javier soriano. afp

Al técnico rojiblanco le salió redondo su planteamiento en el primer tiempo, pero pagó caro su conservadurismo a la vuelta de vestuarios Luis Suárez evitó la victoria del equipo de Simeone, que se encerró demasiado en la segunda parte

AMADOR GÓMEZ MADRID.

Compitió bien, como suele hacer cada vez que se enfrenta al Barça, tal y como se había encargado de recordar Simeone, pero el Atlético de Madrid no pudo aguantar ante el empuje y la ambición de los azulgrana y los rojiblancos siguen sin ganar a este rival en la Liga con el argentino en el banquillo. Fue Luis Suárez quien se encargó de frustrar en la recta final la fiesta colchonera y establecer un justo empate para los méritos de dos candidatos al título que ofrecieron un gran espectáculo en su primer duelo en el Wanda Metropolitano. Estuvo muy sólido el Atlético hasta desesperar a un atascado Barcelona en el primer tiempo, pero se encerró demasiado tras el descanso y quedó a merced de un líder que experimentó una notable mejoría con la salida de Deulofeu y acarició incluso la victoria, volcado sobre el área de los rojiblancos, que sufrieron una agonía hasta el último segundo.

Solamente le salió al Atlético redondo su planteamiento en el período inicial, en el que únicamente sufrió durante los cinco primeros minutos, en un comienzo ambicioso y arrollador del Barça, que provocó entonces, al igual que en los últimos minutos, demasiados nervios en el equipo rojiblanco. Sin embargo, desde el momento en que los de Simeone se salvaron del gol de Messi a los 30 segundos y sobrepusieron a la presión de los azulgrana, el partido dio un vuelco y le tocó erigirse en protagonista a Ter Stegen. En un solo minuto, con una milagrosa manopla a Griezmann y otro paradón con la pierna al francés tras un caño de Griezmann a Piqué, el portero culé se encargó al principio de salvar al líder, que a partir de entonces llevaría a cabo un monólogo infructuoso. Porque hasta el tramo final, cuando se aprovechó de un enemigo que tan echado atrás era difícil que sobreviviese, el Barça estuvo negado ante el muro defensivo tejido por Simeone.

Se cerró tan bien el conjunto de Simeone en esa primera mitad que de Oblak no hubo noticias. Consiguió la zaga colchonera apartar a Messi del área y con el argentino frenado el ataque del Barça quedó en nada. Con André Gomes como sorprendente e inútil extremo derecho, al Barcelona, sin un mínimo de profundidad, le faltó juego por las alas. Con el Atlético muy cómodo ya que no existía desborde azulgrana, sólo tuvo un remate a portería el líder en el primer tiempo. En cambio, cada vez que atacaba el equipo local, sí daba sensación de peligro.

En una de ellas, cuando el Barça estaba tocando y tocando en horizontal sin encontrar espacios, llegó una acción combinativa de los colchoneros y Saúl se sacó un impresionante derechazo desde fuera del área. El golazo provocó el éxtasis en un Wanda Metropolitano que empezó a relamerse ante un adversario vulgar.

Messi, al palo

Ni Messi, pese a sus intentonas individuales, generaba miedo en un Atlético que mantuvo su idea tras el descanso, mientras Valverde no movía banquillo y su equipo comenzó a sufrir frente a las contras colchoneras. Es lo que buscaban con ahínco los rojiblancos. Un contraataque que pudiese cerrar definitivamente el encuentro, que estaba entonces en el aire, aunque Oblak y el poste se encargaron de mantener la tranquilidad al filo de la hora. Tras una gran parada del esloveno a Luis Suárez fue Messi quien rozó el empate de libre directo. Lanzó una de las suyas, pero una vez más se topó el astro con el palo cuando Oblak no hubiese llegado a esa pelota que olía a gol.

Con Deulofeu por la derecha, el Barça le puso una marcha más en ataque, aunque continuaba obsesionado en buscar a Messi para que le sacase una vez más del atolladero. El rosarino tuvo otra que acarició el palo en el minuto 70, pero no era su noche. En su lugar sí emergió Luis Suárez para firmar la igualada, que al final fue una bendición para el Atlético.

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