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Fútbol | Primera División

El vértigo del Cholo impidió que rompiera su racha con Lucho

Simeone
Simeone / EFE
  • El argentino tuvo opción de ir a por el partido ante un Barça tocado por las bajas de Messi y Busquets, pero optó por el control

Todo sucedió apenas 200 segundos, esos escasos que hubo desde que el Camp Nou se encogió al ver lesionado a Leo Messi en el aductor izquierdo antes del gol atlético. El 1-1, posible por la pillería de Koke y el resbalón de Mascherano, tuvo un efecto psicológico entre el cuadro local, ya preocupado desde que se tuvo que ir dolorido Busquets unos minutos antes. Quedó aturdido y muchos pensaron en lo sucedido hace cuatro meses Milán: otro rival tocado, una oportunidad ideal para rematar. Simeone, que había acertado con los dos cambios anteriores, miró a su banquillo. Tenía a su lado a Gaitán pero optó por Thomas para suplir a Carrasco. Eligió aguantar el resultado, el empate inesperado, consciente de que esta vez no había prórrogas ni penas máximas. Un punto que le permite mantener la distancia respecto a Real Madrid y al Barça, aunque no le permite acercarse a ninguno de los otros dos aspirantes al título.

El Atlético sumó un punto, un botín casi inesperado si uno repasa la primera mitad. Salió atrás, muy metido alrededor de Jan Oblak. La posesión local alcanzó por momentos el 80%. Así parecía complicado que Simeone pudiese cambiar sus malas estadísticas ante Luis Enrique (7 derrotas en ocho partidos), aunque puede presumir que le superó en el duelo decisivo de cuartos europeos la campaña pasada (2-0). Mucho orden de zagueros y centrocampistas, incluido un Carrasco que si finalizó la jugada cuando pudo, estaban dedicados a defender. El Atlético estaba muy impreciso en el pase y en la salida del balón. Saúl mostraba su versión más gris y los franceses estaban muy solos cuando querían salir. Estaban lejísimos de Ter Stegen. De hecho, en una carrera Gameiro buscó la gloria pero iba tan sólo que se lió quizá por agotamiento.

Iniesta, líder obligado

El Barça movía la bola. Lo hacía bien, de modo práctico y vistoso pero sin crear ocasiones claras. El Atlético contenía sin sufrir mucho ante un equipo azulgrana que se consolaba con la idea de que estaba cocinando la victoria a fuego lento. Desgastar a su oponente hasta que pegara un chispazo alguien de la MSN. Entonces marcó Rakitic, ese jugador que se deja el alma en la, al menos, hora que siempre le da su técnico pero es mucho más que pulmón. Inteligente, dinámico, solidario, con toque y llegada. Imprescindible porque es el pegamento, el que se convierte en el pilar clave de la estructura.

Fue un gol del estilo atlético. Un córner sacado en corto lo convirtió en el 1-0 Iniesta, el más entonado de los locales. Un balón perfecto diagonal desde la banda al corazón del área donde el croata entrando desde atrás lo cabeceó a la red. Un gol clásico de esos que los rojiblancos han optimizado hasta el extremos en la era Simeone. El argentino debió mostrar su decepción por encajar así el segundo tanto en Liga: de cualquier manera menos esa. Lo cierto es que se tornado la superioridad en las jugadas de estrategia desde que llegó Luis Enrique con Unzué, tanto ataque como defensa.

Tras el intermedio, empezó a presionar un poco más arriba el Atlético, como si hubiese recordado que las veces que estuvo más cerca de ganar en el Camp Nou fueron tirando la presión arriba y ahogando a rival. Al crecimiento en el partido le ayudaron las lesiones de Busquets y Messi. Si hay dos jugadores de los que depende el Barça son ellos. Primero se fue Sergio para susto de Luis Enrique y también de Lopetegui, y entró por él André Gomes, dispuesto a demostrar que puede suplir al otro jugador quizá más irremplazable del Barcelona en la última década. Porque poco después cayó lesionado el más decisivo. Messi, que llevaba todo el duelo como ausente, notó un pinchazo tras irse de Godín.

Tres cambios decisivos

Compareció Arda Turan por los locales en el mismo minuto que lo hicieron Torres y Correa. Y en un instante, mientras el Camp Nou estaba como ausente por las dos bajas, el duelo mutó. Koke estuvo listo sacando la falta y la defensa del Barça sumó a su despiste un resbalón de Mascherano, que otra vez falló en un momento clave, cuando le encaró Correa. El argentino, siempre valiente, firmó el empate en su primera bola, que besó el palo antes de tocar la red. Un tanto que dejó silencioso el coliseo catalán, que temió por la remontada visitante.

Ante las ausencias tuvieron que multiplicarse los canteranos, destacando Piqué e Iniesta. El manchego, como buen capitán, mostró calidad pero también sacrificio. Rbó balones, llegó a frenar un contragolpe del Atleti, gobernó el partido y dejó destellos en sus servicios. Neymar puso a prueba varias veces a Oblak, pero el esloveno estuvo firme. Luis Suárez estaba ausente, se enfrascó en peleas absurdas, y tuvo que ser Piqué el que generase el mayor peligro en la recta final.

El central, soberbio, demostró su alma de delantero en las situaciones desesperadas. Rozaron el gol otros defensas, en un encuentro de más emoción que fútbol. Primero Alba, que disparó alto en el átea pequeña, ya pensaba que la noche se iba a enderezar y después Godín, en las pocas veces que los visitantes buscaron la meta rival. El uruguayo, héroe atlético en 2014, buscó otro cabezazo en la portería que hizo posible una Liga pero Ter Stegen evitó que el Camp Nou, silencioso desde que se fue Messi, entrase en depresión.