Alas para el despegue del campeón

La victoria del Real Madrid ante el PSG ratifica que el equipo juega mejor sin Casemiro, con Kroos y Modric juntos y con extremos

ÓSCAR BELLOT

madrid. Ante el París Saint-Germain (PSG), el Real Madrid afrontaba una auténtica final. Y ya se sabe que el rey de Europa no las juega: las gana. Acostumbrado a mutar su faz cada vez que resuena el himno de la Champions, el vigente campeón dio una lección al faraónico aspirante al trono en el que se aposentó hace dos años, sumando de paso su victoria número 250 en la principal competición continental. Superó a su rutilante adversario en casi todas las facetas del juego, supo sobreponerse al tanto de Rabiot que desnivelaba la eliminatoria, resistió las acometidas del tridente más caro del planeta y acabó doblegando al aún demasiado cándido conjunto francés en una exhibición de casta, orgullo y talento que tuvo en la entrada de Lucas Vázquez y Marco Asensio en la recta final del choque el detonante del arreón que fagocitó a la escuadra de Emery.

Catalogado tantas veces de simple alineador y gestor de egos, Zinedine Zidane dio un repaso táctico al entrenador del PSG, erigiéndose en uno de los grandes triunfadores de la noche. Sometido al juicio final, demostró personalidad y valentía, dejando en el banquillo al fichaje más caro de la historia del Real Madrid para ganar otro efectivo en la medular con el que adueñarse de la zona de creación. Osada opción teniendo en cuenta la nula transigencia hacia decisiones similares que tuvo la zona noble no tanto tiempo atrás.

Más posesión

La inclusión de Isco por Bale ayudó a solidificar el centro del campo, metiendo presión a Lo Celso, pivote de circunstancias que acabó cometiendo errores garrafales como el penalti sobre Kroos que significó el empate de Cristiano Ronaldo. Con un hombre más en esa zona del campo, el Real Madrid tuvo mayor posesión que el PSG, al que aventajó en la precisión de sus pases y en porcentaje de duelos ganados.

Contribuyó a ello la menor distancia entre líneas de un bloque mucho más solidario que de costumbre, intenso y concentrado del minuto 1 al 90 y que recorrió 15 kilómetros más que la media de sus partidos en la fase de grupos. Lo logró además sin perder pólvora arriba. Remató el doble que el PSG entre los tres palos y fue mucho más efectivo en sus lanzamientos. A la inane plasticidad de Neymar y la nula capacidad de conexión del tridente del PSG, contrapuso el Real Madrid la demoledora voracidad de Cristiano Ronaldo, que se bastó para despedazar a la zaga parisina pese a que Benzema siguió negado de cara a puerta y la aportación de Bale, reducida a los 26 últimos minutos, fue residual.

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