Diario Sur

CONTRACRÓNICA

El Calderón se toma la última de Champions

El Calderón se toma la última de Champions
  • La afición del Atlético pudo despedir a su estadio de la competición europea con una victoria y una fiesta a pesar de la eliminación.

51 años del Vicente Calderón. 50 partidos de Champions. 130 encuentros internacionales. Muchas alegrías, tristezas, jugadores, entrenadores, goles, polémicas, rivales… El templo atlético puso este miércoles el punto y final a medio siglo de historia en competiciones europeas. Y lo hizo con la amarga sensación de no haber podido dar cobijo a la ‘orejona’, esa ‘obsesión’ que tenía –y tendrá en el Metropolitano- la grada plagada de camisetas rojiblancas. Lo normal era que no se remontase, que se quedara otra vez a las puertas de una final de la Champions League, que de nuevo el Real Madrid despertara del sueño a los chicos de Simeone, pero... ¿y si pasaba? ¿Y si se remontaba? De otra manera no se puede explicar lo vivido en el Vicente Calderón en el partido de vuelta de las semifinales de Champions, donde 54.907 gargantas no pararon de animar y apoyar a los suyos desde que el equipo salió a calentar como si hubieran entrado en trance al acceder por los tornos del feudo rojiblanco. Imposible. Impensable. Inconcebible. Pero todos acudían al ‘templo’ con el convencimiento de que si sucedía todo el mundo recordaría de que estaba allí cuando pasó.

Las fuertes medidas de seguridad impidieron que el estadio presentara un lleno hasta la bandera hasta ya empezado el choque. Los 2.642 aficionados madridistas animaban a los suyos pero se hacían pequeños ante el grito de un Calderón ‘enloquecido’. La grada comenzó su partido con el tifo, muy esperado después del que se vio en el partido de ida en el coliseo del vecino. ‘Orgullosos de no ser como vosotros’ decía, en respuesta al ‘Decidme qué se siente’ que se vio ocho días antes en el Santiago Bernabéu. Una montaña rusa de emociones que dio paso a una espiral de nervios.

El fondo atlético sacaba una pancarta con el lema ‘Empresa catalanista para el tifo madridista’ y Saúl, como si quisiera celebrarlo, hizo el primero con un perfecto cabezazo. Sin tiempo para nada, Varane hizo penalti a Torres y Griezmann no falló. Locura en la grada que gritaba ‘sí se puede’ como si de un miting político se tratara. Una tarjeta a Gabi despertó de nuevo a la grada, que parecía haberse tomado un respiro, con el ‘Así, así, así gana el Madrid’, pero el gol de Isco sentó como un jarro de agua fría a una grada que ya soñaba con la remontada. Entonces fue el turno para los 2.642 aficionados madridistas, que por un momento plantaron cara a los rojiblancos.

Si ya era difícil hacer tres goles en 90 minutos para estar en Cardiff, más complicado parecía conseguirlo en sólo 45 minutos. Pero el Atlético, acostumbrado a misiones complicadas no se iba a rendir. Como tampoco su afición. Acudir al Calderón es montarse en una montaña rusa de emociones. El Calderón tiró de repertorio para alentar a los suyos, que necesitaban más que nunca oxígeno a un corazón tocado. Los minutos se caían del reloj como si fueran segundos y el sueño de la remontada se diluía como un azucarillo. Los últimos minutos se convertían en un duelo de cánticos de las dos aficiones. Unos sabían que habían sacado el billete a Cardiff y los otros habían vuelto a tener una cita con el equipo de su vida. La lluvia no quiso perderse el desenlace y acudió a la cita de Cibeles y Neptuno. Cuando sonó el pitido final, la afición no paró de cantar. Entonaron a capella el himno mientras los jugadores estaban en el círculo central y Simeone aplaudía bajo la lluvia a su estadio.

50 partidos de Champions después, medio siglo de fútbol llegaba a su fin. Se apagaban las luces del Vicente Calderón, regresaban a casa rendidos tras darlo todo por su equipo, se enjugaban las lágrimas derramadas por una nueva decepción deportiva y por una despedida -para muchos- del que ha sido su hogar. Eso sí, se volvían a casa siendo más del Atleti.

Simeone, tras el partido

Simeone, tras el partido / AFP

Se marchaban de ese lugar en el que se han emocionado durante tanto tiempo. Jóvenes y ancianos. Hombres y mujeres. Ricos y pobres. Padres e hijos. De derechas y de izquierdas. Familias, amigos… todos ellos con una pasión en común: el Atleti. Yo me voy del Manzanares, del estadio Vicente Calderón.

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