Nadie se libra de la culpa en el Barcelona

La cuarta debacle en cuartos de final en un lustro en la Champions vuelve a mostrar las carencias deportivas del cuadro azulgrana

P. RÍOS

barcelona. En el día después de la humillante eliminación en Roma, lo más doloroso en el Barça es la creciente indeferencia. No es una exageración. Es la fuerza de la costumbre. La cuarta debacle en cuartos de la Champions en un lustro ya hace menos daño porque hasta el masoquismo tiene un límite. A la hora de buscar culpables, algo que siempre ayuda porque así parece que las debacles ocurren por pequeños detalles, el muestrario es tan grande que no queda más remedio que asumir que la responsabilidad es de todos.

Ya no está Mathieu, señalado hace un año en el 3-0 ante la Juventus. André Gomes, otro cabeza de turco habitual, sólo entró al final. Luis Enrique, el anticristo para muchos por cambiar el estilo, sube y baja montañas en bicicleta. Y puede que Ernesto Valverde vuelva a aficionarse muy pronto a la fotografía, su pasión, tras sucumbir tácticamente ante Di Francesco. El técnico italiano ya le había endosado un 3-0 en el Sassuolo-Athletic de la fase de grupos de la pasada Liga Europa.

Hace daño la comparación con un Liverpool que acudió a Manchester a 'defender' su 3-0 de la ida con tres delanteros: Salah, Firmino y Mané. Valverde no sólo mantuvo el 4-4-2 de la ida pese a lo engañoso de aquel 4-1, sino que lo dispuso en el campo con su versión más conservadora, con Sergi Roberto pendiente de Kolarov como si se tratase de un equipo menor. La línea que separa el respeto al rival del exceso de precaución es muy fina. La Roma se sintió como un grande que asustaba y el Barça como un modesto intimidado con una deficiente colocación, sin respuesta para el 3-5-2, con dos arietes grandes como Dzeko y Schick que confundieron como nunca a Piqué y Umtiti, saliendo uno a recibir para atraer a un central y abriendo el pasillo a su pareja en ataque. Con Florenzi y Kolarov muy abiertos a las bandas, los laterales del Barça dejaban muchos metros con los centrales, autopistas para que el bosnio lograra el 1-0 y provocara el penalti del 2-0 antes del 3-0 de Manolas.

Valverde estuvo en el banquillo del Olímpico, sí, pero no en el del Juventus Stadium (3-0) ni en el del Parque de los Príncipes de París (4-0) hace un año. Tampoco en el Etihad Stadium (3-1 en fase de grupos) ni en el Vicente Calderón (2-0 hace dos años). Ya son cinco derrotas contundentes en las últimas once salidas europeas, señal de que el problema es grave y que viene de lejos. Entonces era Luis Enrique quien, esclavo del tridente Messi-Luis Suárez-Neymar, se excedió al dibujar un equipo con las líneas muy separadas. Ni tanto ni tan poco. En cualquier caso, el juego de posición ha desaparecido en el Barça.

Busquets tenía la coartada de jugar con un dedo del pie roto e infiltrado. Iniesta casi se despidió con lágrimas camino de China. Piqué sigue con molestias en la rodilla. Rakitic lo juega todo. Luis Suárez da síntomas de cansancio. Al final, todos tienen una excusa particular. Y Messi. Otra desaparición misteriosa el día de una eliminación europea del Barça. Así ha sido en todas desde la 2006-07. Si él no marca, KO seguro. Con todo, el Barça puede lograr un doblete, pero tendrá que mostrar fortaleza para que la debacle de Roma no pase factura.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos