Isco, de niño 'gordito' a figura

Imagen de archivo de Isco con la selección española. /AFP
Imagen de archivo de Isco con la selección española. / AFP

Con cinco años ya dejaba boquiabiertos a los espectadores en La Rosaleda. Veinte años después se ha convertido en un indispensable de la selección, aunque sigue siendo aquel chico familiar de Arroyo de la Miel que siempre que puede se va con sus amigos a la playa. Este es su perfil más personal

Ester Requena
ESTER REQUENA

El nuevo Iniesta, el otro Zidane, el único innegociable, la mejor noticia del fútbol español... Isco es el gran coleccionista de elogios en los últimos meses en el Real Madrid con su 22 a la espalda, el mismo que llevaba en el Málaga. Y eso que ya hace tiempo que le llegaban de los mejores futbolistas: «Es el próximo jugador más importante del fútbol español». Palabra de Iker Casillas cuando ambos coincidieron en el Real Madrid y el que, junto con Sergio Ramos, le pusieron el apodo de ‘Magia’ que ahora lleva tatuado en su brazo. Francisco, 'Isco', Román Alarcón (Benalmádena, Málaga, 21 de abril de 1992) ya barría la banda de La Rosaleda con cinco años dejando boquiabiertos a las primeras filas con sus regates de chistera. Sobre aquel césped logró su primer trofeo provincial y desde entonces no ha parado: en poco más de tres lustros ha ganado la Champions, la Copa del Rey, la Supercopa de Europa, la Eurocopa sub-21... Y solo tiene 25 años. Esta semana 'vuelve' a casa de la mano de la selección para jugar ante Costa Rica en La Rosaleda.

De aquel diablillo bajito, gordito y siempre con un balón en los pies («¡hasta para bajar las escaleras de su casa!») que tenía que falsificar el carné para poder jugar con los mayores conserva ese descaro que enloquece a los adversarios lo mismo parado que en carrera, o rodeado de contrarios. Isco se ha convertido en un indispensable del Real Madrid y en la Selección Española. A él, sin embargo, le gusta más que lo comparen con Antonio Carlos, su hermano. Siete años mayor y su gran referente, su confidente y el que lo "fogueaba" jugando con los mayores cuando apenas levantaba dos palmos del suelo. "Los dos hermanos tienen el mismo estilo en el campo, lo que pasa es que Antonio Carlos no tuvo suerte y llegó solo hasta el Malagueño", recuerda un amigo.

En casa de los Alarcón-Suárez en Arroyo de la Miel siempre se ha respirado fútbol. Socios del equipo boquerón, el padre, que era técnico de mantenimiento en el puerto y los hijos no se perdían la cita dominical en La Rosaleda. Por eso a pocos extrañó que, aún sin tener la edad reglamentaria, los Alarcón apuntasen al pequeño de la casa a la Escuela de Fútbol del Patronato Deportivo Municipal. El exmadridista Paco Pineda solo puso una condición para entrenarlo: "Que el pequeño nos hiciera caso". Y tanto que se lo hacía. "Se paseaba en el campo, era un espectáculo verlo jugar tan pequeño. Hoy en día su concepción del juego es igual que entonces. Se divierte y disfruta, y eso se nota". Isco era (y es) un perfeccionista. Con ocho años dedicaba horas a disparar con la izquierda, su pierna "mala". En el colegio público La Leala su profesor Antonio Hurtado le animaba a jugar solo con esa pierna y le exigía que no descuidase los estudios. El chaval cumplía: alumno de notables y sobresalientes, de los que se sentaba en primera fila y salía voluntario a la pizarra. Ese arrojo sigue intacto.

Se escondía en el armario

Con 13 años un ojeador del Valencia vio su potencial en la selección andaluza y le convenció para que dejara el equipo de su infancia, el Atlético Benamiel, y se mudase a la cantera che. Fue una época muy dura que le curtió. Allí se le grabó su frase de cabecera: "El talento es solo una parte del éxito, el resto es trabajo y sacrificio". El lema incluso lo ha lucido en sus espinilleras del Real Madrid junto a una panorámica de su pueblo. "La familia hizo un gran esfuerzo y la madre (Jenny Suárez) hasta se tuvo que ir a Valencia a estar con él porque el niño pilló un poco de depresión porque creía que no encajaba; no comía, no llevaba muy bien el valenciano...", detalla un amigo de los padres. "El último año en Valencia se escondía en el armario para no ir al colegio", recuerda su pandilla de la Plaza de las Flores, donde se crió bajo las ventanas de su hogar.

Sus amigos incluso le grabaron un vídeo para animarlo e Isco lo rayó de tanto reproducirlo. Su debut con el primer equipo del Valencia en un partido de la Copa del Rey con 18 años en el que marcó dos goles le devolvió la sonrisa... momentáneamente porque después regresó al filial. La pandilla malagueña ejercía como terapia cuando se daba un salto a Arroyo de la Miel. Siempre el mismo ritual: se iban a la gasolinera, compraban cocacolas y patatas y no paraban de hablar y ponerse al día hasta las seis de la mañana. Sobre todo de fútbol. En verano no faltan los partidos de pádel o las "pachanguitas" en la playa. Cuando marca Isco, no escatima en volteretas. "En una ocasión estábamos jugando contra un equipo sevillano y de pronto uno de ellos va y le dice a Isco: "Pero tú, ¿quién te crees que eres? Tú no has jugado al fútbol en tu vida". Y, claro, nosotros estábamos flipando". Y eso que el malagueño ya sobresalía en la Liga y en la sub-21. Esa anécdota los colegas se la recordaron cuando los invitó al palco del Bernabéu a su presentación oficial. Los cuida y les manda entradas para que suban a la capital.

Isco se preocupa por su entorno y "porque todo esté bien". Cuando regresó de Valencia se mudó con su familia a una casa con mesa de ping-pong (le encanta jugar con su padre y su hermano) y una piscina con vistas al Mediterráneo en la que no faltan los chapuzones con "Messi", su labrador. La mascota y su supuesta afición al Barcelona dio mucho que hablar cuando Florentino lo fichó. "Le llamé Messi porque es el mejor del mundo, como mi perro", detalló entonces pasando de puntillas sobre el espinoso asunto de si el azulgrana es mejor que su compañero Ronaldo. Antes tuvo otro can al que apodó "Figo". Su abuelo, ya fallecido, sí pasaba por acérrimo seguidor culé, de ahí que su nieto le hiciese el guiño. “Messi” se quedó en la casa familiar de Arroyo de la Miel, aunque, cuando el jugador está de vacaciones prefiere no sacarlo para no tener que llamarlo por su nombre.

Isco lleva una vida muy tranquila en Madrid y ni los días libres perdona unas horas de bicicleta estática y estiramientos además de que vigila con celo su alimentación por su tendencia a engordar. El poco tiempo libre lo dedica a su pequeño Isquito o Isco Jr., de tres años, del que presume en sus redes sociales. La fecha de nacimiento del pequeño protagoniza uno de los tatuajes de Isco, en el que se aprecia un reloj con la hora y el día en el que nació su pequeño. De vez en cuando se echa una partidita a la PlayStation, ya que le pirra el Fifa hasta el punto que han llegado a romper algún mando. En su garaje hasta ha tenido un Ferrari F12 Berlinetta, de 300.000 euros, aunque prefiere coleccionar botas de fútbol con un significado especial.

Ahora ha saltado a las páginas del papel couché. Tras romper con la madre de su hijo, Victoria, el año pasado, al futbolista malagueño se le relaciona ahora con la actriz Sara Sálamo, con la que se intercambian me gustas en Instagram e incluso les han pillado juntos en el teatro.

Isco no se considera un galáctico por más que no cesen los piropos. El Madrid pagó 27 millones de euros al Málaga (Bale costó 91) y se especula con que antes de renovar su contrato hasta 2022 se embolsaba unos 4 millones al año, es decir, en la zona baja de los sueldos de la pasarela merengue. Ahora su 'caché' ha subido... aunque a él todo esto hace que se le suban los colores

Fotos

Vídeos