Derbi copero sin Iniesta y con viejas rencillas

Quique pide «meter la pierna» y Valverde, que dejó huella en el club perico, recuerda que hay un árbitro

P. RÍOS BARCELONA.

La última vez que Espanyol y Barça se enfrentaron en la Copa fue una guerra. Ocurrió en enero de 2016, en octavos, un año que comenzó el día 2 con un derbi liguero en Cornellá-El Prat en el que ya saltaron chispas, con 0-0 final y una dureza blanquiazul que irritó al rival.

El 6 de enero, tras cuatro días de declaraciones cruzadas y en un ambiente bélico, llegó la ida de aquella eliminatoria en el Camp Nou. Y pasó de todo antes, durante y después, con dos rojas para un Espanyol que, dirigido por Galca, volvió a sobrepasar el límite (el portero, Pau López, se libró pese a un plantillazo terrorífico, apretando los dientes, a la tibia de Messi) y 4-1 para un extramotivado Barça de Luis Enrique que acabó perdiendo a Luis Suárez por dos partidos de sanción tras sus insultos a los rivales en el túnel de vestuarios. La vuelta, el 14, fue más tranquila en lo deportivo (0-2), pero mantuvo la polémica por las pancartas para ofender a Piqué.

De aquellos episodios salió peor parado el Espanyol, con la fuerza mediática que arrastra el Barcelona criticando su dureza y la mala educación en su grada. El club 'perico' se sintió menospreciado por los medios. Pero aquello pasó factura. En los siguientes derbis siempre se hizo un llamamiento a la cordura en las horas previas y el Espanyol, más manso, ya no fue rival': 5-0, 4-1 y 5-0 en el Camp Nou en la 2015-16, 2016-17 y 2017-18 y 0-3 en Cornellá en la 2016-17.

Dos años después, la lectura es simple: si el Espanyol no es agresivo, poco puede hacer ante el Barça. Quique Flores ha aprendido la lección y quiere recuperar la intensidad de aquellos derbis en esta ida de cuartos de final de la Copa del Rey. «Quiero que mi equipo sea agresivo, que corra, meta la pierna y prefiero que acabe con cuatro amarillas que con ninguna», afirmó el entrenador del Espanyol, recordando sin citar la palabra venganza las goleadas del Barça tras aquellos incidentes: «Tenemos que demostrar que hay una rivalidad y hay mucho en juego. El adversario ha demostrado que, si puede, se ensaña con nosotros y tenemos que alcanzar un nivel mental mayor que el de los últimos años. No me quedo en la dureza. Lo que hizo mella fue salir sacudido, caer eliminado y encajar cinco goles en los partidos de Liga. Eso fue cóctel explosivo». Valverde, que dejó huella en el banquillo del Espanyol y que incluso tiene una puerta con su nombre en Cornellà-El Prat, recogió el guante de Quique, con quien se repartió elogios, aunque con prudencia: «Ya sabemos que hay un poco más de tensión en los derbis, la rivalidad existe y se nota en el ambiente, pero al final está el árbitro. No creo que pase de ahí».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos