Premier League

Benítez y la maldición del Newcastle de 1996 amenazan al City

Kevin Keegan, por entonces técnico del Newcastle, saludando a la afición tras el empate ante el Tottenham que confirmó la debacle de su equipo. /Archivo
Kevin Keegan, por entonces técnico del Newcastle, saludando a la afición tras el empate ante el Tottenham que confirmó la debacle de su equipo. / Archivo

Las 'urracas', dirigidas por Kevin Keegan, lideraron en enero de 1996 la Premier League con una ventaja de doce puntos sobre el Manchester United, para acabar perdiendo el título, en la mayor debacle del fútbol inglés

MANUEL SÁNCHEZLONDRES

El fútbol y el deporte en general pertenecen a los supersticiosos. Desde el que salta al campo y se santigua, al que no pisa las líneas de cal antes del partido o el que cree que tiene más suerte en una portería que en otra en el estadio. Las supersticiones y las maldiciones siempre han existido y han rodeado al esférico de cuero, desde la de Bela Guttman con el Benfica a la de que tocar el trofeo antes de comenzar la final da mala suerte, pasando por esa que dice que Argentina no ha vuelto a conquistar un Mundial porque sus jugadores no visitaron a la Virgen de Punta Corral tras hacerse con el título de 1986.

Quizás más desconocida y quizás más olvidada, a horas del partido entre el Manchester City y el Newcastle United, retumba en las paredes del Saint James Park la maldición que persigue a las 'urracas' desde 1927 y que tuvo su capítulo más crudo en la temporada 1995/1996.

Era 1995, un año antes, Brasil se había proclamado campeona del mundo al mandar Roberto Baggio un penalti por encima de la meta de Taffarel, el fútbol europeo se rendía a los pies de Fabio Capello y el Ajax de Ámsterdam y en Inglaterra Alan Shearer no podía parar de marcar goles para proclamar a su Blackburn Rovers campeón de la Premier League. Porque sí, hace no tantos años, no ganaban cada día los de siempre y ver triunfar a un equipo como el Blackburn -hoy en la tercera división del fútbol inglés- era posible, aunque también es cierto que, en aquella época, jugadores de categoría mundial como Eric Cantona eran suspendidos ocho meses por darle una patada a un aficionado. Cosas del fútbol de antaño.

Ya en la temporada 94/95, el Newcastle se había quedado a un punto de entrar en la Uefa, por lo que para el año siguiente, las 'urracas' se dejaron casi diez millones en el delantero del Queens Park Rangers Les Ferdinand -autor de 24 tantos la campaña pasada- y mantuvieron a la mayoría del bloque que llamó a las puertas de Europa.

A diferencia del Newcastle actual -15º con 23 puntos-, los hombres dirigidos por Kevin Keegan optaban a todo y contaban con un conjunto que aunaba experiencia, con Peter Beardsley, de 34 años, y mucha juventud, sobre todo en las botas de Keith Gillespie, David Ginola o Faustino Asprilla, recién llegado del Parma.

Pero la juventud no es siempre sinónimo de gloria, y de todos los integrantes de los blanquinegros, solo dos, el inglés David Batty -Leeds- y Beardsley -Liverpool- sabían lo que era levantar el título de liga inglés.

Apoyados en los goles de Ferdinand, que anotaría 25 tantos aquella campaña, el Newcastle solo perdió dos partidos antes de navidades y, a mediados de enero, comandó la tabla con doce puntos de ventaja sobre el Manchester United de Eric Cantona, David Beckham y Ryan Giggs. Misma renta y mismo rival que el Manchester City actual, quien solo tiene que echar la vista atrás unos pocos años para ver a un equipo que desperdició lo que parecía una liga, prácticamente, ganada.

Una derrota en Old Trafford el 27 de diciembre dio paso a una serie de cinco victorias enlazadas de los de Keegan, que llegaron al 21 de febrero como claros favoritos al título. Sin la presión de competición europea y ya eliminado de las copas inglesas, el Newcastle inició una debacle que comenzó en Boleyn Ground ante el West Ham y se confirmó en St. James Park ante el Tottenham, en una jornada de funesto recuerdo para las 'urracas', que se plantaron, casi sin saberlo, con dos puntos de desventaja sobre el United.

No solo los de Alex Ferguson no fallaron (3-0 a un Middlesbrough que no se jugaba nada), sino que los de Keegan no pasaron del empate a uno y se despidieron del que hubiera sido su primer título desde 1927.

Pero la maldición, por si no hubiera sido suficientemente cruel, no se frenó ahí. Ningún jugador de la plantilla de aquel Newcastle, después del fatídico 1996, conocería las mieles del éxito de la Premier League.

Keegan se marcharía a los pocos meses y unos cuantos valientes volvieron a intentar el asalto al año siguiente, quedando, una vez más, segundos por detrás de los 'Diablos Rojos'.

Tras ello, las 'urracas' pasaron años en segunda y decepciones a partes iguales, hasta este fin de semana, en el que visitan al Manchester City para tratar de contagiarles esa maldición que entró en el escudo blanquinegro hace doce años y que aún no ha conseguido salir. Y es que así, al menos, los aficionados de ambos equipos tendrán algo que compartir cada vez que se encuentren en esa liga inglesa que el fútbol aún le debe al Newcastle de 1996.

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