Bale resuelve el despropósito

Kovacic e Isco protestan al árbitro, el brasileño Sandro Ricci. :: abdallah dalsh. reuters/
Kovacic e Isco protestan al árbitro, el brasileño Sandro Ricci. :: abdallah dalsh. reuters

El galés, con un tanto en el minuto 81, nada más saltar al césped, rescata, al Real Madrid en un partido mucho más sufrido de lo esperado

ÓSCAR BELLOT MADRID.

Con muchísimo más sufrimiento del que cualquiera esperaría, obligado a remontar tras una primera parte que sólo respondió a los sueños más osados del técnico del Al Jazira, golpeado primero por el VAR en el tanto de Casemiro que no subió al marcador y aliviado después por el gol de Boussoufa al que el árbitro tampoco otorgó validez y que hubiese significado el 2-0 y un drama mayúsculo, el Real Madrid sacó un trabajadísimo billete a la final ante el Gremio del sábado gracias a Bale, de nuevo providencial, como ante el Fuenlabrada en Copa, con un tanto a falta de nueve minutos, nada más saltar al campo.

1 AL JAZIRA

2 REAL MADRID

Al Jazira
Ali Khaseif (Al Senaani, m. 51), Fayez, Ayed, Jumaa, Rashid, Al Attas, Alhosani (Rabia, m. 72), Khalifa (Eissa, m. 59), Boussoufa, Romarinho y Ali Mabkhout.
Real Madrid
Keylor Navas, Achraf, Varane, Nacho, Marcelo, Modric, Casemiro, Kovacic (Lucas Vázquez, m. 68), Isco (Asensio, m. 68), Cristiano y Benzema (Bale, m. 80).
Goles
1-0, min. 40: Romarinho. 1-1, min. 52: Cristiano Ronaldo. 1-2, min. 81: Bale.
Árbitro
Sandro Ricci (Brasil). Mostró amarilla a Ayed.
Campo
Zayed Sports City Stadium. 43.000 espectadores.

Ante un rival que se parapetaba con diez atrás, el Real Madrid las tuvo al comienzo de todos los colores, con hasta seis aproximaciones en el primer cuarto de hora a la meta de Ali Khaseif, un cancerbero que tan pronto sacaba una mano notable como ofrecía una parada carente de ortodoxia. Ni Marcelo ni Achraf vigilaban sus espaldas, convertidos en sendos atacantes más en un intento de desmadejar el laberinto defensivo tejido por Ten Cate.

Junto al repliegue sin reparos, el Al Jazira fiaba sus escasas opciones a la reducción del ritmo de juego. Desbordado por la verticalidad del conjunto madrileño en el primer tramo, el cuadro emiratí sufría por su inferioridad técnica y también física, pero paulatinamente fue encontrando alivio en las interrupciones. Ninguna tan perjudicial para los intereses de la escuadra española como la protagonizada por el brasileño Sandro Ricci, que optó por no dar validez al tanto de Casemiro a centro de Isco al considerar, tras consultar con el VAR, que Benzema, en fuera de juego, interfirió en la jugada pese a no tocar la bola.

Se desconectó tras ese lance el Real Madrid, que ya había ofrecido signos alarmantes atrás y que encadenó una serie de fiascos entre Nacho, Casemiro, Varane y, sobre todo, Achraf que desembocaron en el tanto de Romarinho. Una diana, fruto de la excesiva relajación de la retaguardia madridista, que recompensó el conservador planteamiento de Ten Cate. Y aún pudo ser mayúsculo el premio de no anular el árbitro el tanto de Boussoufa a pase de Ali Mabkhout en una contra que volvió a sacar los colores de la anémica zaga blanca y de un Achraf que no supo frenar la embestida de dos futbolistas que se plantaron con insultante facilidad ante Navas.

Estuvo a un paso de la hecatombe el cuadro de Zidane. Tuvo que asomarse al abismo para despertar del letargo en el que se había sumido. Y con Ali Khaseif, que le había provocado unas cuantas pesadillas en medio del sopor, ya fuera del rectángulo por lesión, se subió a lomos de Modric y Cristiano para remontar desde el precipicio. Filtró el croata un balón entre la poblada pero inocente retaguardia emiratí para que Cristiano devolviese las tablas, convirtiéndose, de paso, en el máximo artillero de la historia de la competición con seis tantos, uno más que Messi, Luis Suárez y César Delgado.

Recordó entonces Zidane que los partidos más solventes de este curso los ha firmado con extremos. Retiró a Kovacic e Isco para fiarlo todo al desborde de Lucas y Asensio. Ganó con su presencia empuje el Madrid ante un Al Jazira ya desfondado. El gallego intervino precisamente en el tanto que dio el previsto pero trabajadísimo acceso a la final del sábado, al que puso el sello Bale un minuto después de saltar el verde. Como ante el Fuenlabrada, donde fue providencial para evitar un fiasco histórico en Copa, el galés fue el héroe con un pase a la red que no llegó a tocar Cristiano pese a pretenderlo. Está poco, pero cuando lo hace, se hace notar.

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