Diario Sur

Leo Messi se lamenta durante el partido disputado ayer en el estadio de Anoeta. :: VINCENT WEST / REUTERS
Leo Messi se lamenta durante el partido disputado ayer en el estadio de Anoeta. :: VINCENT WEST / REUTERS

El Barça llega herido de muerte al clásico

  • El equipo de Eusebio obligó al de Luis Enrique a sacar el balón a base de pelotazos, virtud que no está al alcance de todos

  • Nuevo pinchazo de un equipo azulgrana irreconocible ante una Real Sociedad sobresaliente

Herido de muerte llega al clásico el Barcelona. Incapaz de ganar sus partidos, irreconocible en su fútbol y a seis puntos del líder. Volvió a pinchar el equipo de Luis Enrique, esta vez en Anoeta, donde sigue vivo el gafe para los azulgrana, aunque en esta ocasión fuese capaz de sacar un punto. Quizás inmerecido por los méritos cosechados por la Real Sociedad y esa decisión irregular del colegiado que anuló un gol a Juanmi que debió subir al marcador.

El Barça está enfermo. No es de ahora. Llega en clara línea descendente al duelo que podría dejarle más que tocado en su pelea por la Liga. El choque ante el cuadro de Eusebio fue un ejemplo más de lo que está sufriendo en los últimos tiempos para sacar algo de rédito a sus partidos.

Sirva como ejemplo que, los jugadores del Barcelona no pusieron a Rulli en cierto apuro hasta el minuto 41 de partido con un disparo lejano de Luis Suárez que ni siquiera fue a puerta. El argentino era un auténtico espectador más con todo lo que implica esta aseveración cuando de un equipo como el Barça se habla. La escuadra de Luis Enrique no termina de firmar un partido redondo en Liga. El de Anoeta es el enésimo ejemplo. Los apuros contra el Granada, el empate sin goles frente al Málaga en el Camp Nou. No es nuevo el bajón futbolístico que sufre el vigente campeón liguero.

Fueron los pupilos de Eusebio dueños y señores del choque con un ejercicio de responsabilidad futbolística digna de la racha de resultados que acumula el equipo vasco (cuatro victorias seguidas y el empate ante el Barça). Enorme el criterio a la hora de generar peligro, controlar el tempo del juego y elevar el nivel de presión hasta un nivel exagerado.

Obligar al Barcelona a sacar el balón a base de pelotazos no está al alcance de todos. Y la Real lo logró. Nada nuevo se descubre si se recuerda que Iniesta es básico en el fútbol del Barcelona. Rakitic parece un jugador menor sin el manchego al lado y André Gomes no está dando el fruto esperado, al menos en lo que a generar ocasiones se refiere.

No termina el Barça de encontrar ese juego fluido tan característico suyo. Hace unos días, ante el Celtic, Messi apostó por retrasar su posición para ser él el generador de fútbol, el hilo conductor entre los de atrás y el ataque. En Anoeta, las distancias entre líneas eran enormes y fruto de ello fueron los paupérrimos números ofensivos del Barcelona, al menos, hasta el gol de la Real.

Los locales acumulaban las mejores ocasiones, pero el premio se resistía. Era más la erosión mental que sufría el Barça que el daño real. El marcador no se movía y el ánimo azulgrana se agarraba al imaginario de Messi. Los gestos de enfados se hicieron patentes con el paso de los minutos y el gol de la Real. Merecido por lo visto sobre el verde, aunque llegara el tanto de Willian José en la jugada menos elaborada por la Real y sí merced a una concatenación de gazapos de los zagueros azulgrana.

Como ya ocurriera otras veces, el zarpazo recibido despertó a la bestia. Messi no entraba en contacto con el balón, pero es Messi. Ni él, ni nadie lograban crear algo digno de ser llamado peligro. Abusando del pelotazo para evitar la presión local, el tridente se desesperaba.

Pero apenas pasaron unos minutos tras el gol de la Real cuando aparecieron las estrellas del Barça. Neymar hizo de Neymar y firmó una galopada por banda que permitió generar los espacios de los que suele sacar provecho Messi. El brasileño corrió, dribló y cedió. El argentino no desaprovechó la ocasión para batir a su compatriota.

Un nuevo horizonte se dibujaba sobre el césped de Anoeta, aunque no por ello la Real bajó los brazos. Seguía mostrando más solvencia que el Barça a la hora de elaborar, pero el duelo había degenerado en un combate en el que nadie parecía dar el golpe definitivo.

Y las ocasiones se sucedieron como un torrente. Primero en la meta de Ter Stegen con zurdazo de Vela y gol mal anulado a Juanmi. Después, en la portería de Rulli con Denis o Mascherano, y más tarde con Velade nuevo como protagonista. El mexicano parece haber recuperado todos los galones de esta escuadra y ante el Barça mostró el enorme futbolista que es. Sólo le faltó el gol que hubiese metido a los suyos en puestos Champions.