Diario Sur

Morata, más ruido que nueces

Julen Lopetegui, durante el partido de ayer en Los Cármenes. :: AFP
Julen Lopetegui, durante el partido de ayer en Los Cármenes. :: AFP
  • El delantero del Real Madrid trabajó mucho y acertó poco en la cómoda victoria que cerró el efectivo Aduriz

Ausente por lesión Diego Costa, en quien confía plenamente Julen Lopetegui aunque los números del hispano-brasileño con 'La Roja' sean negativos y la crítica le reproche su carácter, Álvaro Morata disfrutaba de la oportunidad soñada desde el inicio. A la sombra de Karim Benzema en el Real Madrid pero con una notable media este curso en su club de 0,47 goles por encuentro, ya que ha anotado ocho en 824 minutos disfrutados durante 17 partidos, ansiaba reivindicarse con el equipo de todos. Se mató a trabajar, con mejor actitud que aptitud anoche. Generó más ruido que nueces, pero hizo una encomiable labor de desgaste del enemigo.

Morata disfruta de buena prensa, que dirían los antiguos, y sabe que el técnico donostiarra le tiene presente en sus oraciones casi desde juvenil. El madrileño se ganó el premio de ser titular en un escenario talismán y con historia para España, ya que fue en Los Cármenes donde hace cinco años y medio David Villa superó a Raúl González como máximo artillero de la selección absoluta. Empataban entonces a 44 dianas, pero el Guaje firmó un doblete en el triunfo ante la República Checa (2-1). España estaba en plena efervescencia tras el título mundial en Sudáfrica.

Lopetegui ya le alineó como titular en el amistoso ante Bélgica, pero se lesionó a los 23 minutos. A partir de ahí, fue suplente de Diego Costa. En esta clasificación, no actuó ante Albania y salió poco más de 20 minutos en los duelos contra Liechtenstein, en el que anotó dos de los ocho goles, y frente a Italia. Antes de este choque de Granada, ocho goles en 16 encuentros con la selección absoluta desde que se estrenó frente Bielorrusia (3-0), en el Colombino de Huelva, dos años atrás.

Frente a un enemigo tan aplicado en defensa, ya que cuatro de sus seis últimas derrotas consecutivas se produjeron por la mínima, Morata no lo tuvo fácil. Se peleó contra tres centrales y con pocos espacios, un problema para un jugador tan corpulento como él (1,89 metros de estatura). El madridista se movió sin balón, trazó buenos desmarques y se escoró mucho hacia la izquierda para abrir huecos. Tuvo más presencia que acierto. En el primer acto, estuvo en casi todas. Grandes movimientos, pero malas definiciones en tres grandes ocasiones. En el gol en propia meta, era el ariete el que porfiaba junto a los centrales. Cayó y, de espaldas a la portería, idió penalti mientras sus compañeros ya festejaban el gol.

Julen le cambió por Aduriz, con media hora aún por delante. Justicia para el donostiarra, tras su histórico repóquer europeo. Llegó, vio y marcó en la única que tuvo. Un ejemplo de delantero capaz de reinventarse para seguir más vigente que nunca con 35 años. Con España, apenas dos dianas en 10 encuentros. Lógico que la falta de continuidad desde su estreno en el Helmántico de Salamanca, hace ya más de seis años ante Lituania. Pero es de plenas garantías.