Diario Sur

Messi no negocia con el rival

Messi y Luis Suárez celebran uno de los goles del partido. :: reuters
Messi y Luis Suárez celebran uno de los goles del partido. :: reuters
  • El astro argentino saca al Barça del atolladero en el que le había metido un notable Sevilla en un partido de altísimo nivel

sevilla. Sampaoli ha quemado etapas en el Sevilla a un ritmo vertiginoso. Tiene al equipo hispalense como líder sólido en el grupo de Champions y peleando con la nobleza liguera por estar entre los primeros. Ha logrado mucho el argentino desde que aterrizara hace apenas unos meses en la capital andaluza pese al recelo local y las críticas generalizadas cuando se supo sustituto de Emery. Pero lo que aún no ha patentado el de Santa Fé es el remedio para frenar a Messi, al que admira y al que sueña con entrenar en un futuro.

El rosarino volvió a hacer de faro para los suyos, levantó al Barça cuando andaba noqueado y logró voltear un partido notable y frenético. No hay plan que sirva para atar en corto al astro argentino que evitó un nuevo tropiezo de un equipo, el de Luis Enrique, que mantiene el pulso por el liderato merced a su cuarto triunfo liguero. Pero tal y como ocurriera en la victoria de hace una semana ante el Granada, hay mucho espacio para la reflexión en la Ciudad Condal. Hace semanas que el Barcelona perdió la frescura en las tareas creativas. La baja de Iniesta sigue acarreando consecuencias mayúsculas en el eje de la medular a la hora de ejecutar el patrón futbolístico azulgrana. Si a eso añadimos el ritmo frenético impuesto por los de Sampaoli desde el pitido inicial, estamos ante el enésimo partido con dificultades para el Barça. Se comía el Sevilla al rival en el centro del campo, sin tiempo para pensar, los de Luis Enrique no atisbaban reacción posible salvo la que pudiera generar el trío atacante.

Pero tampoco andan sobrados los tres tenores. Especialmente, Neymar y Luis Suárez parecen estar menos frescos. Pudo el charrúa estrenar el marcador en el intercambio de andanadas de uno y otro equipo en el que se había convertido el duelo desde que rodó el balón por vez primera. Pero fue el Sevilla, en las botas de Vitolo, el que sí abriese la lata. Aprovechó el canario una contra y la falta de precisión de Sergi Roberto para quedarse mano a mano ante Ter Stegen y batirlo.

Salvando las diferencias entre uno y otro equipo, el Sevilla había convertido el duelo en lo que fueron los minutos de la reacción del City en Champions hace algunos días, aunque para ser justos, el conjunto andaluz tenía más noqueado al Barça. El centro del campo no existía, las jugadas de ataque eran más que previsibles y el ritmo impuesto por los hispalenses era excesivo. Imposible de seguir. N'Zonzi se había convertido en un crossover omnipresente por toda la zona ancha. Y sobre él, se construía todo el entramado sevillista. Un plan que acabaría desmoronándose a medida que la capacidad física del Sevilla iba menguando. Fue más la casta lo que lo mantuvo con opciones de sacar un punto incluso en los segundos finales donde se reclamó un penalti.

Pase a la red

Eso sí, Sampaoli y los suyos lograron por momentos lo que pocos, hacer del Barça un equipo mediocre. El plan funcionaba. Reconocía el técnico argentino haber trazado uno para sujetar al rival y, otro especial, para atar a su compatriota. Pero Messi no negocia. Aparece cuando más lo necesita el Barça, En esta ocasión, en los minutos finales del primero de los asaltos, cuando el sevillismo se relamía ante una de las mejores primeras partes en mucho tiempo. Otra contra de manual (parece ya un recurso habitual en este Barça), gran jugada de Neymar y pase a la red de Messi con el interior de su pie izquierdo.

Una jugada necesitaba el Barcelona para salir del atolladero. Volvió Messi a meter las cabras en el corral para tranquilidad de los suyos. Clave el gol del empate, pues salió enchufado el Barça en la reanudación. Rico evitaba goles a dos manos a la par que los suyos evitaban irse totalmente del partido a base de galopadas y contragolpes.

Ya son demasiadas las veces que el equipo catalán se ve obligado a voltear el marcador. En el frenético combate en el que se había convertido el choque, Messi volvía a encontrar el espacio necesario. Hizo de las suyas por segunda vez para desequilibrar la balanza. Luis Suárez sacó provecho del enésimo artificio de trilero del rosarino. Con el gol del charrúa, respiró el Barça, recuperó buena parte del dominio, amplificado por el bajón físico del cuadro andaluz.