Diario Sur

El entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, durante el encuentro contra el Legia. :: afp
El entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, durante el encuentro contra el Legia. :: afp

Del «equilibrio» de Ancelotti a la «intensidad» de Zidane

madrid. Es el único equipo invicto en la gran Europa, marcha líder en la Liga, depende de sí mismo para terminar primero la fase de grupos de la Champions y suma nada menos que 27 partidos sin perder, desde que el 6 de abril cayó por 2-0 ante el Wolfsburgo, resultado que luego remontó en el Santiago Bernabéu para sellar el pase a semifinales, penúltimo paso hacia la 'undécima'. Y, además, mantiene intactas todas las opciones, pese a sufrir las bajas de Sergio Ramos, Pepe, Marcelo, ausente por gripe en Varsovia, Casemiro, Modric y James Rodríguez.

Visto así, lo normal sería concluir que el Real Madrid va bien, que Zinedine Zidane es un gran entrenador, capaz de conquistar la Copa de Europa con apenas medio año de trabajo, y que sus jugadores son unos profesionales intachables. Sin embargo, los 10 partidos consecutivos encajando goles, registro negativo que no encuentra parangón desde 2008 con Bernd Schuster en el banquillo, los errores tácticos cometidos por el técnico francés en Polonia, la actitud de sus jugadores en un partido con apenas 200 enchufados en las gradas y el nefasto balance defensivo que le permitió al Legia hacerle tres tantos y estar a un paso de firmar una remontada histórica, han agitado el debate.

¿El empate en el partido fantasma fue más culpa de Zidane o de sus jugadores?, se pregunta la crítica. Al técnico se le acusa de frívolo al poner cuatro delanteros y sólo dos centrocampistas, de no dar con la tecla para gobernar los partidos, de politiquear con la alineación y de darle así poca seriedad al choque. Quiso contentar a todos al juntar a la 'BBC' con Morata y se equivocó.

La alternativa de jugar con tres defensas cuando llegó el empate a dos, un sistema que no había preparado, también se le vuelve en contra. Enfadó a Benzema, uno de sus emblemas, al sustituirle por Lucas Vázquez, a los 65 minutos, ya que ante el Legia estuvo mejor que Morata, leyó con más inteligencia el choque y marcó un buen gol. Pese al errático planteamiento, su equipo marcó el gol más rápido del Real Madrid en la Champions, fruto de una volea extraordinaria de Bale en el primer minuto, y se puso 0-2. En el apartado de los jugadores se señala al portero Keylor Navas, fallón este año y culpable del segundo gol polaco, al lateral Coentrao, fuera de forma y pasado de peso tras siete meses en el dique seco, al central Varane, que no termina de explotar con Ramos y Pepe ausentes y se muestra blandito y dubitativo, y a Cristiano Ronaldo, más chillón que efectivo en el choque del silencio en las gradas y los sonidos en el campo. En general, se acusa a los futbolistas de relajarse y dejarse llevar tras su segundo gol. Reaccionaron cuando el francés Moulin marcó el tercero para el Legia, y estuvieron a punto de ganar a la heroica. Pero aunque hubiera entrado el disparo final de Lucas Vázquez que se estrelló en el larguero, arreciarían las críticas por esos tres tantos recibidos.

Aunque admitió ser el «responsable de todo», se echó en falta algo más concreto en la autocrítica de Zidane. El francés, que en sus primeros meses recuperó el mantra de Carlo Ancelotti al hablar de equilibrio, repite el sustantivo «intensidad» cuando advierte problemas. Un término que esconde otros como falta de actitud, de atención, de concentración o de ambición, pero que el preparador marsellés parece que prefiere no emplear para no molestar a sus jugadores.

«Ha sido un partido raro. Nos ha faltado intensidad y de todo un poco», dijo el martes 'Zizou', aún cariacontecido. Si tanto insiste en esta palabra, sería culpable por seguir alineando a quienes que no se emplan a fondo. Que el equipo se parte con la 'BBC' es un asunto antiguo. En noviembre de 2013, antes de jugarse el pase a octavos en Turín, Ancelotti justificó el escaso trabajo defensivo que realizan habitualmente Bale, Benzema y Cristiano, y exigió mayor dedicación en este apartado al resto del equipo. «No puedo perder una calidad ofensiva que necesitamos y por eso es normal que el trabajo defensivo sea realizado con mayor intensidad por los otros siete jugadores», explicó Carletto antes de afrontar a la Juventus. Y se detuvo en el significado de «equilibrio». «Es una palabra muy sencilla. Significa atacar bien y defender bien», apuntó.

«Punto de inflexión»

Más categóricos fueron Bale y Varane antes de abandonar el estadio del Ejército Polaco. «No hay excusas y debemos aprender la lección. No podemos perder la concentración, porque eso se paga. Hay que mejorar en defensa y tener más efectividad en ataque», espetó el galés, quien apeló a una «mentalidad positiva» para convertir ese empate en «un punto de inflexión».

«No fue un buen partido a nivel colectivo. Es un aviso para no bajar la intensidad y concentración. Si no mejoramos, cualquier equipo nos puede poner en dificultades. Hay que tener más fortaleza y jugar más juntos», afirmó el central francés, tras reconocer que «con cuatro delanteros el equilibrio es diferente». Saben los merengues que necesitan ganar en Lisboa y luego al Dortmund en el Bernabéu para acabar líderes. Y también que dos derrotas podrían dejarles incluso fuera de octavos.