Diario Sur

Isco, felicitado por Bale tras uno de los goles del malagueño en el choque  ante el Betis. :: raúl caro. eFE
Isco, felicitado por Bale tras uno de los goles del malagueño en el choque ante el Betis. :: raúl caro. eFE

El Madrid recupera su esencia

  • Tras cuatro empates, el equipo de Zidane cambia su actitud y avasalla al Betis en un partido soberbio

Después de cuatro empates consecutivos, tres de ellos en Liga ante rivales inferiores como el Villarreal, Las Palmas y el Eibar, el Real Madrid ya no está para bromas, ni para dejarse llevar por la falta de intensidad e incluso cierta desidia. En la víspera del choque ante el Betis, en el siempre caliente Benito Villamarín, Zinedine Zidane apeló a la autocrítica y a la humildad como claves para volver a exhibir grandeza. «No soy un mago. Sólo me interesa el trabajo, el compromiso de todos y salir a por los partidos desde el principio porque en el fútbol moderno no hay enemigo pequeño». Y sus palabras las convirtieron en hechos sus jugadores con el mejor primer tiempo de la temporada.

Habían ganado con solvencia el Atlético y el Barcelona, y el Real Madrid no se podía permitir el lujo de volver a tropezar. No había excusas por el parón para las selecciones o las ausencias de jugadores importantes como el capitán Sergio Ramos en el eje de la defensa, y Modric y Casemiro en el centro del campo, donde tampoco llegó a tiempo de recuperarse James. Pero quién se acordó de ellos después del enorme primer acto realizado por los madridistas, tanto en conjunto como en el plano individual.

Desde atrás, Varane se prodigó a la hora de cortar, salir con elegancia, tocar y pasar. Ni un pero que ponerle al francés, como tampoco a Pepe, más contundente y menos técnico. Y en el centro, un paso adelante extraordinario del croata Mateo Kovacic, quien tiene en su amigo Modric el mejor espejo en el que fijarse. El ex del Inter realizó su mejor partido como madridista. Junto a Kroos, se sobró para replegar, presionar, quitar y jugar. Hasta ahora se la había visto casi siempre tímido e indefinido, sin saberse muy bien de qué jugaba. Por fin demostró las cualidades que habían llamado la atención de Rafa Benítez para pedir su fichajar. Destacó su colocación, su visión y ese cambio de ritmo que le caracterizaba en Italia.

También aprovechó la oportunidad Isco, elegido en detrimento de Marco Asensio. No atravesaba un buen momento el malagueño, de quien se dice que podría cambiar de aires en el mercado de invierno, pero parece que la llamada de Julen Lopetegui para la selección le ha permitido ganar en autoestima y confianza. Se esforzó en la presión, se asoció de maravilla con Benzema y Marcelo, y apareció mucho por sorpresa. Fundamental también la vuelta del lateral brasileño, inmenso sobre todo en ataque.

Como una bala

El Madrid salió como una bala e hizo sentir miedo a los verdiblancos, asustados por la avalancha y sin capacidad de supervivencia. El campeón de Europa tuvo la virtud de marcar enseguida, fruto de un cabezazo de Varane, tras un balón muy bien tocado por Kroos en una falta lateral. Poco después, Cristiano falló un gol cantado. Le asistió Isco, pero quiso controlar tanto con el empeine que echó el cuerpo atrás y el balón se le fue alto. El luso fue de los más flojos de su equipo. La tuvo también Bale, de cabeza, pero entre el posteo y Adán evitaron el gol.

La superioridad visitante se tradujo en el segundo, pasada la media hora. Kroos se internó, fijó a los defensores y asistió a Benzema, que engañó en el remate a Adán más fácil que en un penalti. Los béticos se agarraban a las internadas de Joaquín, que a sus 35 años sigue dejando pinceladas y es, junto a Rubén Castro, el mejor jugador del Betis de largo. Aún soñaban los heliopolitanos con cerrar filas en el descanso y crecer en la segunda mitad, pero el partido se les fue definitivamente antes de poder tomar oxígeno. Marcelo, en posición de delantero centro y al filo del fuera de juego, definió con un remate en semifallo una jugada extraña e Isco marcó a puerta vacía tras un contragolpe excelso, de esos que se llaman de manual después de un córner mal ejecutado por el rival. Hasta seis jugadores del Madrid salieron disparados hacia el campo contrario y la jugada terminó con un regalo de Pepe al malagueño. Tan magnífica jugada terminó por indignar a los hinchas béticos, de uñas con sus jugadores y con el técnico Gustavo Poyet. Pero el baño era mucho más por virtudes del enemigo que deméritos propios.

Redujo varias marchas el Madrid en el segundo acto para no desgastarse y eso permitió mejorar al Betis, que volvió al campo con ganas y dos cambios. Cicatrizó alguna herida el gol de Cejudo, pero no había signos de épica. Enseguida, Isco la colocó con sutileza en la escuadra. Ni plantearse Zidane quitar esta vez a Cristiano, autor de cinco goles con su país ante Andorra e islas Feroe y con necesidad de recuperar el olfato también en su club. En la grada, gritos de Poyet, vete ya. El Betis, como el Madrid pero en otra dimensión, tampoco entiende de grises.