Diario Sur

Ronaldo se lamento de un fallo. :: afp
Ronaldo se lamento de un fallo. :: afp

La indolencia castiga al Madrid

  • Tiró la primera parte y, aunque luego pudo remontar, no consiguió superar al Villarreal y se quedó sin récord de victorias ligueras

El Real Madrid de Zidane se quedó sin el récord en solitario de victorias seguidas en Liga, aunque su marca tenía trampa porque las 16 del Barça de Pep Guardiola se produjeron en la misma Liga y las mismas de los blancos entre el tramo final de la anterior y el principio de la actual. Un castigo para un equipo acostumbrado a vencer en el alambre, pero que ante el Villarreal tropezó y cedió su primer empate de la temporada. Los blancos se hicieron acreedores a la victoria en la segunda mitad, donde acorralaron a los amarillos y pusieron a prueba a Sergio Asenjo, pero se condenaron por la indolencia mostrada en un primer acto jugado a ritmo de pretemporada.

Zidane realizó seis cambios respecto al último partido ante el Espanyol, alguno obligado como el del lesionado Casemiro, apostó por la 'BBC', tal y como estaba cantado tras la recuperación de Cristiano y de Bale, y premió a James con la titularidad en el Bernabéu tras su gran gol en Cornellà. Faltaba por descanso Modric, el eje sobre el que gravita este equipo, y Kroos tenía la obligación de tocar y equilibrar en defensa.

Es intolerable la actitud mostrada por el Real Madrid en ese período inicial. Quizá porque había Liga en un día extraño, o porque la jornada giraba en torno al gran duelo del Camp Nou, o porque tanta victoria seguida relaja, o por saber, como dijo Zidane tras el choque ante el Sporting de Portugal, que en un minuto el Real Madrid puede cambiar un partido, la realidad es que muchos jugadores locales deambularon sobre el césped. Significativo lo de Cristiano Ronaldo, desaparecido hasta un cabezazo que paró Asenjo, pero fue anulado por falta previa, o un tiro desviado.

Frente a un rival bien dispuesto, con un 4-1-4-1 en el que Bruno hacía de pivote defensivo y de organizador, los merengues no supieron qué hacer. Sin velocidad, sin chispa, sin desborde, sin tirar paredes y con unas combinaciones de lo más previsibles, resulta harto difícil, por no decir imposible, resquebrajar a un enemigo tan compacto. Una cosa es la paciencia y otra, muy diferente, caminar a la espera de que alguna acción aislada cambie la dinámica.

El 'submarino' se sentía feliz, tranquilo, pero le faltaba creérselo en ataque. Amenazaban, pero no golpeaban. Llegaba el descanso y se produjeron dos jugadas importantes: la lesión muscular de Marcelo, reemplazado por Carvajal aunque fue Danilo el que se situó a la izquierda, y el penalti por mano clara de Ramos, a tiro de Trigueros. Esta vez, el sevillano no teatralizó para engañar al árbitro. Y Bruno Soriano marcó a lo Panenka.

Le cambió la cara al Madrid en la segunda mitad. Varios pasos al frente, más movimiento, más intensidad y más profesionalidad. Nunca hubo gran juego, pero sí empezaron a sucederse los centros y los saques de esquina. Ramos, como tantas otras veces, se redimió de su fallo y empató de cabeza, a la salida de un córner. Sólo habían pasado tres minutos. Un mundo por delante. La tuvo Bale, tras una pérdida de Trigueros, pero la cruzó en exceso. No llegaba la remontada y Ramos fingió un penalti. Se jugó la segunda amarilla y la expulsión. Más polémica. Y murió el partido entre protestas locales. Exigían más de tres minutos de descuento.