Diario Sur

Luis Suárez celebra su gol, el segundo del Barça en Leganés, abrazado a Leo Messi. :: SERGIO PÉREZ. REUTERS
Luis Suárez celebra su gol, el segundo del Barça en Leganés, abrazado a Leo Messi. :: SERGIO PÉREZ. REUTERS

De dioses y humanos

  • El Barça golea al Leganés con otro recital de su tridente, liderado de nuevo por Messi, autor de un doblete

Pues lo quiso el dios Messi y todo el olimpo azulgrana. En Butarque ya conocen de primera mano cómo se las gastan los tres de arriba en el Barcelona. Como si la sed goleadora fuese permanente, ante el Leganés siguió el recital anotador que se inició el martes en el Camp Nou en Champions (7-0 al Celtic). El nuevo horario, las sorpresas en el once y las variantes de Luis Enrique quedaron eclipsadas por la 'manita' impuesta al recién ascendido. Entiende el asturiano que las probaturas deben hacerse en este tipo de partidos. Le salió rana ante el Alavés, pero Butarque claudicó ante la magia del tridente azulgrana.

Huelga explicar que los Messi, Neymar y Suárez están para resolver partidos, pero este sábado evitaron con sus goles un segundo advenimiento liguero. Y es que salió el equipo azulgrana con tres centrales y dos interiores: Jordi Alba por la izquierda y Rafinha por la derecha. En esta banda encontró el hueco el Leganés, que buscaba sacar tajada del flanco más débil, con Rafinha por delante y Mascherano por detrás. El 'Jefecito' está justo de gasolina. Una y otra vez lo buscaba Machís, que bien pudo celebrar el primer de los suyos de no ser por Ter Stegen primero y Umtiti después.

Con la excitación propia del que recibe a un grande por vez primera, el equipo de Garitano ejerció una presión asfixiante desde el inicio. La jugada le salió bien ante el Atlético en la segunda jornada, pero presa de su atrevimiento fue consumiéndose antes los goles del rival.

Y es que con la llegada de Luis Enrique al Barcelona, este equipo ha perdido ese complejo tan arraigado en la etapa de Guardiola de poder pegar un patadón o aprovechar la velocidad a la contra si el guión o el rival lo exigen, como fue el caso. Fue el recurso ante el Leganés para abrir la lata en Butarque. Bloqueados por la presión a la que sometió el equipo madrileño a los azulgrana, el gol de Messi llegaba a la contra merced a una galopada de Luis Suárez, que dejó en bandeja el tanto al argentino. El patrón se fue repitiendo cada cuarto de hora. Como si un metrónomo marcase el ritmo del tridente, los tres tenores fueron apareciendo para ir mostrando su generosidad. Pues si Suárez regala el primero de los goles a Messi, éste le devolvería el presente al charrúa para que pusiera el 0-2.

No quisieron que Neymar se quedara fuera de la fiesta anotadora. También el brasileño empujó a placer una dejada de Suárez. Al descanso, los experimentos habían quedado desterrados ante la capacidad ofensiva del Barça. Era imposible soportar el nivel físico impuesto en el primero de los asaltos. Con el lastre de los goles, el equipo pepinero fue bajando las revoluciones. Si bien, ni el penalti transformado por Messi nada más arrancar el segundo tiempo, ni el golazo de Rafinha, cercenaron las ansías de portería del Leganés.

Merecido fue el gol de la honra para el recién ascendido. Otra obra magistral para visualizar más de una vez. Gabriel, de los más activos y productivos del equipo local, dibujó el golpeo perfecto para batir de tiro libre a Ter Stegen. Rugió Butarque. Llegarán las victorias para esta afición entregada que saborea cada minuto de esta nueva categoría. El fútbol también se agranda en este tipo de escenarios. Las estrellas se humanizan, pero las del Barcelona siguen empeñadas en alargar el festival goleador.