¿HAY ESPERANZA?

JAVIER IMBRODA

Sin goles no hay paraíso. Sin liderazgo no hay estabilidad. Sin estabilidad no hay máximo rendimiento. Sin máximo rendimiento no hay oportunidades. Sin oportunidades no hay goles. Y sin goles...

El Málaga C. F. tiene un par de noticias, una buena y una mala. La buena, lleva dos partidos seguidos sin perder; la mala, no aprovecha las opciones para sumar. Pero es muy difícil, siendo el equipo que menos goles mete en la categoría, y mucho más difícil, sin apenas crear oportunidades. El Málaga 'postChampions' ha sido un equipo menguante. Su propietario ha encontrado en el club, tras su inversión inicial, una fuente de ingresos que deja cada temporada al equipo mermado de recursos para poder competir con ciertas garantías de éxito.

Jugadores que se han revalorizado en su paso por el club han sido vendidos al mejor postor. Los entrenadores, sin saber a qué atenerse. La sensación que va quedando progresivamente dentro del club es la impotencia de sentir que todo esfuerzo es vano. El propietario, desde su realidad virtual, va estrujando al equipo sin saber muy bien qué pretende. Podemos elucubrar cada uno desde nuestra atalaya, pero sólo él sabe qué busca con esta gestión errática. ¿Forzar una venta?¿Esperar que la justicia dictamine el problema societario, y a partir de ahí decidir?

No parece muy inteligente dejar que el equipo se vaya vaciando de ilusión y comprobar cómo se va debilitando con el transcurrir de la competición. Entrenadores y jugadores que van pasando uno tras otro, y una afición que sufre al ver cómo su equipo se desgarra.

Málaga como ciudad ha dado un salto enorme en proyección nacional e internacional, en oportunidades, ya no sólo como un destino de visita, sino que mucha gente viene para quedarse, para invertir Creen en nuestra ciudad y se van instalando, síntoma de prosperidad. Una Málaga de la que nos sentimos orgullosos, con muchas cosas que mejorar, por supuesto -es lo que tienen las ciudades vivas-, pero nadie duda (sólo los pesimistas de vocación) de que hoy Málaga es un lugar privilegiado para desarrollar talento y esfuerzo. Y en medio de este oasis, es una pena tener un club de fútbol de su trascendencia y que deambula sin saber muy bien cuál es su destino. ¿Hay esperanza? Sólo la veo en el vestuario. Los empleados del club bastante hacen con intentar arropar a un equipo huérfano de liderazgo.

Quedan 51 puntos por jugar, y está a seis de la salvación (si mis números son correctos). ¿Es posible? Absolutamente. Pero pensar en lo global para huir de lo cercano sería un tremendo error. En cualquier caso, no hay situación, por muy crítica que sea, que pueda con la esperanza. Una esperanza que tiene que gestarse dentro del vestuario y proyectarla sobre el césped. El equipo tiene que saber que no están solos. Tiene una afición detrás que sabe mucho de sufrir y que sabrá estar a la altura de las circunstancias. Concéntrense en el vestuario; del palco, mejor no.

El Unicaja. Al otro lado de la orilla, un club donde la estabilidad suele estar a prueba de cualquier vaivén de la competición. ¿Resultado? Un equipo acercándose a los puestos de cabeza con paso firme, a las puertas de una ilusionante Copa del Rey y compitiendo al máximo nivel en Europa. El jeque debería darse una vuelta por el Carpena.

'Hispanos'. El balonmano español, de nuevo en la cima europea. Un deporte que casi siempre nos deja una sonrisa. Enhorabuena.

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