El Palo no puede con el último

El Palo no puede con el último
  • El equipo malagueño, incapaz de hacerle un gol a un Arroyo que abusó de las faltas (0-0)

El partido acabó como empezó. Embarullado. El Palo, que tenía una oportunidad de oro para volver a sumar de tres en tres, no pudo de pasar del empate contra el Arroyo en un partido en el que el árbitro tomó varias decisiones polémicas. Pese a la garra y entrega de ambos conjuntos, el marcador no se movió en los 90 minutos, y deja a sendos equipos tal y como estaban.

El choque comenzó con un ritmo bajo. En los primeros compases, ninguno de los 22 jugadores del campo enlazó dos buenas jugadas seguidas, y el balón vagaba – sobre todo por el aire – sin que los equipos tuviesen el control del mismo. La premisa del conjunto local era clara: balones a las bandas. Los extremos que salieron de inicio fueron Juanillo y Salvi, que pase a la calidad que atesoran sus botas, no tuvieron ocasiones claras para encarar a sus defensores. El tiempo pasaba, y seguía sin pasar nada. El jugadore más activo de El Palo en los primeros 45 minutos fue Pibe, que lo intentó reiteradas veces, pero no tuvo fortuna cara a puerta.

El primer aviso de los blancos lo dio Apoño de falta. El centrocampista malagueño, que volvió a ser titular, lanzó con picaresca el balón en un hueco de la barrera y no entró por muy poco. El nuevo jugador paleño tiene siempre protagonista en el terreno de juego. Uno de los detalles que sorprende en la grada es lo mucho que baja para sacar en balón. En las situaciones de ataque, es Apoño el que se junta con los dos centrales para darle fluidez a la salida de balón. El colegiado señaló el final del primer tiempo, y en el partido todavía no había pasado nada. Demasiadas imprecisiones.

Tras la reanudación, El Palo comenzó a mejorar en su juego, aunque el Arroyo seguía muy ordenado en defensa, y perdiendo tiempo deliberadamente. Rafa Muñoz comenzó a cambiar fichas para ver si el choque cambiaba de rumbo. El primero en saltar al césped de San Ignacio – que tuvo que ser despertado en varias ocasiones por Manolo Gaspar– fue Marín, que sustituyó a Salvi. El talentoso extremo salió algo frío, pero poco a poco fue encontrándose a sí mismo, incluso dejó detalles de gran calidad, con un caño pisado de bandera. El público lo agradeció.

En los últimos 20 minutos fue cuando empezaron a sucederse las ocasiones más claras para los locales. Ya con Julián y Quique de la Mota en el campo, el juego comenzó a ser más fluido, y los balones llegaban a la banda, sobre todo a la izquierda, en mejores condiciones. Juanillo, dueño y señor de esa zona, lo intentó una y otra vez.

En una de las más claras el rápido extremo alcanzó un balón al primer toque cedido por su hermano, sirvió en bandeja de plata el cuero a Julián, que cabeceó desviado por muy poco. Pocos minutos más tarde fue de nuevo Juanillo el que se internó en el área rival y disparó un balón demasiado blando que atajó con seguridad Facu, el guardameta del Arroyo.

El tiempo corría en contra de El Palo, y los componente del conjunto marinero no querían que por ninguno de los motivos que se escapasen los tres puntos. Era una oportunidad muy buena para volver a los puestos cómodos de la tabla. Manolo Gaspar buscó de manera reiterada a Marín, que centraba cuando podía, ya que los zagueros visitantes estuvieron muy serios en las marcas. El choque seguía atascado y a excepción de una gran intervención de Pol en un balón por bajo, eran los paleños los que generaban las ocasiones más claras.

El árbitro, que no paró de amonestar a jugadores locales durante todo el encuentro, descontó cuatro minutos. Y, con algo de aliento de la grada, El Palo se fue directamente al ataque. De nuevo Juanillo fue el que, gracias a su velocidad, generaba más peligro. Fue en una jugada muy trabada, en la que el extremo puso el alma, la que generó la parte más amarga del encuentro. El malagueño cayó al suelo derrivado por un rival al lado del banquillo visitante, en el que se formó una pequeña tangana que se saldó con Juanillo expulsado y varias discusiones bastante acaloradas de varios jugadores. El colegio, demasiado protagonista, pitó el final de un encuentro en el que el fútbol brilló por su ausencia.