Cristóbal Ortigosa, el malagueño supermaratoniano

Ortigosa, en la última edición de la Subida al Veleta, en la que fue segundo. /SJR
Ortigosa, en la última edición de la Subida al Veleta, en la que fue segundo. / SJR

El atleta de Villanueva del Rosario ha disputado este año 15 pruebas de 42 kilómetros, con once podios

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

Cristóbal Ortigosa no empezó a disputar carreras hasta que tenía 19 años. Fue en 2007, en una prueba popular en su pueblo natal, Villanueva del Rosario. Ganó. A la semana siguiente participó en la Media Maratón de Córdoba, animado por sus amigos. Sin haberse entrenado nada, invirtió 1 hora y 16 minutos en los 21.097 metros. A las pocas semanas conoció al veterano atleta malagueño Agustín Molina, quien lo animó a acudir a los entrenamientos en Fuengirola, junto a nombres destacados de este deporte en la provincia como Javier Díaz Carretero o Cristian Benítez.

El corredor del Cueva de Nerja-UMA acumula 25 maratones en apenas tres años y quiere batir su mejor marca en la próxima edición de la capital

«En 2008 y casi todo 2009 no competí. Empecé a entrenarme en serio a finales de 2009. Estuve con ellos hasta 2012, pero desde entonces me entreno solo, en mi pueblo, sin ningún preparador», cuenta Ortigosa, de 29 años, que viste la camiseta del Cueva de Nerja-UMA. Este diplomado en Magisterio de Educación Física por la Universidad de Málaga acumula este año 15 maratones en apenas diez meses, así como más de una veintena de pruebas de fondo, entre carreras de 5, 10, 15 kilómetros y medias maratones. Hace dos semanas se proclamó campeón regional de media maratón en Cártama. Se ha convertido en un supermaratoniano, con el valor añadido de que en once de las 15 pruebas que ha disputado en este 2017 ha conseguido subir al podio.

«Mi mejor marca personal son 2 horas y 22 minutos, que conseguí el pasado domingo en el maratón de Ascona-Locarno, en Suiza, en la que fui primero», cuenta este joven deportista, que se ha presentado a las oposiciones de Magisterio de Primaria en varias ocasiones, sin éxito hasta ahora. «Trabajo en todo lo que me va saliendo, como monitor de actividades extraescolares en el pueblo, de barrendero, de camarero... Ahora estoy muy centrado en los entrenamientos, intentando dedicarme al atletismo, aunque soy consciente de que es muy difícil», asegura Ortigosa.

Vive en la casa familiar, junto a su madre, Pilar, limpiadora y cocinera, y su hermano Esteban, licenciado en Filología Inglesa y opositor. «Él corre menos que yo, tiene 1 hora y 12 minutos en la media maratón, cuando yo tengo 1 hora y 7 minutos, pero me ayuda mucho con las series», cuenta Ortigosa. Su novia, Dulce García, de 24 años, administrativa en una gestoría de su pueblo, es su otro gran apoyo. «Hay días en los que estoy más de bajón y pienso en tirar la toalla, pero ellos me animan a seguir», cuenta.

No en vano, los esfuerzos que tiene que hacer a diario son enormes, ya que en su localidad no hay pista de atletismo. «Hago series en una urbanización que han construido nueva; por ejemplo, cuatro o cinco 3.000 metros a 3 minutos o 3:30 el kilómetro: Luego, al día siguiente, salgo a rodar muy tranquilo, a siete u ocho minutos el kilómetro, haciendo 30 o 40 kilómetros. Lo que nunca hago es correr a 4 minutos. O hago series y tiradas muy fuertes, a ritmo de competición, o salidas muy lentas, a siete u ocho minutos», describe.

Método de entrenamiento

Este peculiar método de entrenamiento, que combina con unos volúmenes de competición muy grandes, que lo han llevado a realizar hasta dos pruebas en una misma jornada en municipios distintos, le está dando grandes satisfacciones, sin que haya tenido lesiones graves, más allá de algunas leves molestias. «Por ahora me está yendo muy bien. Estoy experimentando con mi cuerpo, lo sé, soy consciente, pero no soy ningún loco. Hablo con mucha gente que ha hecho atletismo, profesionales, y sigo a entrenadores como Renato Canova, que es un gran experto en preparar maratones», asegura Ortigosa.

Sin ir más lejos, a finales del pasado julio coincidió en Castell de Ferro (Granada) con dos leyendas del atletismo español, Fermín Cacho y Martín Fiz. «Me dieron grandes consejos, fue toda una inyección de motivación para seguir este camino, y a la vez me quedé muy sorprendido de que un icono como Martín Fiz me siga y sepa de todas mis carreras y me anime a seguir así», desvela el joven atleta, que desde que empezó a competir viste los colores del club celeste.

«Enrique López Cuenca y toda la gente del Club Nerja son un gran apoyo para mí. Me siento muy a gusto con ellos, y poder llevar su camiseta por todo el mundo es un honor y un orgullo», asegura. El máximo responsable de la entidad nerjeña destaca que lo que está haciendo Ortigosa «es asombroso». «Nunca habíamos tenido a un atleta en Málaga que rinda a este nivel en carreras cortas y en maratones a la vez», afirma López.

En diciembre de 2013 Ortigosa disputó su primer maratón en la capital malagueña, con un registro de 2 horas y 48 minutos. Al año siguiente ya consiguió bajar de 2.30, marcando 2.29 y entrando en séptima posición. Con las 15 pruebas en este 2017, en países como Suiza, Finlandia, Polonia e Inglaterra, acumula 25 en la mítica distancia de 42.195 metros. Pero el saucedeño quiere más. «Hasta diciembre quiero hacer cuatro maratones más», dice el atleta, que hoy disputará la 39.ª Carrera Urbana de Málaga, de 10 kilómetros, en la que el año pasado fue tercero.

Alimentación y dopaje

El domingo 29 correrá el maratón de Alcalá de Henares, en noviembre disputará las pruebas de Tenerife y Granada, y en diciembre(el día 10) terminará la temporada con el Maratón de la capital. «Es mi gran objetivo de la temporada, quiero estar ahí arriba con los mejores», afirma. Ortigosa no sigue ningún tipo de dieta específica: «Como de todo, siempre sano, potajes de mi abuela, mucho pan, aceite, nada de refrescos, ni fritos. Pero no por nada, sino porque no me gustan, aunque si un día me tengo que comer una hamburguesa con los amigos, lo hago», asegura.

Comenzó a competir con 19 años, en 2007, tras jugar al fútbol en varios equipos como el Juval o el Trabuco

Sobre el boom del ‘running’, considera que es «algo positivo». No obstante, cree que hay gente que está «muy obsesionada» y no se está preparando adecuadamente. «Es bueno que la gente salga a correr, pero hay que tener una preparación y consultar con expertos», dice. Las carreras de montaña son un terreno en el que Ortigosa apenas se ha adentrado, aunque en su palmarés figura un triunfo en 2016 en la mítica Subida al Veleta, de 50 kilómetros sobre el asfalto, y un segundo puesto en agosto. «He hecho algunos ‘trail’ pero no me veo seguro bajando», afirma.

«Estoy rindiendo muy bien en pruebas de 5, 10, 15, 21, 42 y hasta 50 kilómetros; me encuentro muy fuerte»

El dopaje en el deporte en general es, a su juicio, «una gran lacra, que hay que erradicar». «Soy partidario de sancionar de por vida a los deportistas. El que se dopa no está jugando limpio, aunque es difícil acabar con eso», manifiesta el joven atleta.

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