«¡Bendito sufrimiento!»

Querer es poder. Así fue mi primera participación en una media maratón. La clave, tener sentido común. Lo más difícil, como para cualquier novato, fue dosificarse; lo más gratificante, llegar y ver el estadio lleno, una sensación única

«¡Bendito sufrimiento!»
SALVADOR SALAS / MIGUE FERNÁNDEZ
JUAN RAMÓN PADILLAMálaga

Cuando uno se plantea un reto siempre tiene que tener claro que es algo alcanzable. Nada de intentar hacerse el ‘superman’ porque el sentido común tiene que presidir tu meta. Correr la Media Maratón de Málaga ha sido una sensación de esfuerzo, pero también de poner en práctica que querer es poder.

A las 6.45 horas del domingo, ya en pie. Me noto algo cargado el sóleo. Mi desayuno, el habitual, con pan, aceite y un ‘sombra’, porque los experimentos son peligrosos. Nada de geles o complementos extras. Decido correr abrigado y además con una indumentaria y extras algo sui géneris: pantalón largo y camiseta de mangas largas. Además, correré con mochila de hidratación y con unos auriculares que me cubren toda la oreja (nada de pequeños, que siempre se me salen...) Y, claro, equipado con el reloj deportivo que me va a ir dando referencias. Rafa y Mónica me recogen bajo la lluvia, además de darme los últimos consejos, porque son atletas ya habituados a estas distancias, Gracias a May, que quiso hacerla conmigo pero cayó enferma. Llegamos al estadio y nos reunimos muchos axárquicos, cada uno con su reto particular.

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Los miles de corredores estamos impacientes para empezar a dar a las piernas, más aún cuando a las 9.30 llueve y todos, hacinados, comenzamos a andar hacia la zona de salida, donde los que somos ‘terrenales’ nos colocamos fuera de los primeros metros, reservados al ramillete de favoritos. Tengo claro que mi objetivo inicial es no caerme ante tantas piernas, chequear mi cuerpo y ‘oir’ mis músculos. Y, por supuesto, que la música empiece a darme esa motivación necesaria para las dos horas que me quedan por delante. Mirar hacia atrás es ver una gran cola de corredores de cientos y cientos de metros, con mucho colorido. Veo que varios atletas celestes han dado ya la vuelta y van como motos, a poco más de tres minutos el kilómetro, una barbaridad. Les digo: «Esperadme en la meta. No os comáis toda la fruta».

Muchos me adelantan. Yo también decido avanzar y empezar a poner la ‘velocidad de crucero’, que para mí es rozar los seis minutos por kilómetros, por arriba y por abajo. Lo ideal es comenzar reservando fuerzas para el final, aunque para un novato resulta complicado dosificarse, por mucho que intente mirar el reloj.

Las sensaciones son las que mandan, y en los primeros cinco kilómetros son buenas. Además, noto que mis músculos están engrasados y no chirrían. Sin dar muchos detalles, es parte de mi secreto mi discoteca. En los auriculares aparecen temas pop, rock, música de los 80 y hasta algún tema de los guateques. El ‘Corazón contento’ de Marisol ayuda a seguir sonriendo y a ver que la Media es llana. Ya empiezo a hidratarme en el primer avituallamiento, aunque no bebomucho. Cientos de personas se agolpan en zonas como Huelin, algunos con ansiedad por cruzar pero con paciencia y respeto. Nos aplauden. Aprovecho la primera mitad de la Media para hacer fotos, incluso grabar vídeos y comprobar las redes sociales, donde los ánimos no faltan. Eso también te da tu plus de adrenalina. El paseo de los Curas está repleto de gente, y se puede comprobar el carrusel de camisetas de todos los colores. Otro de mis temores es el estado de los adoquines, el suelo de calles céntricas que estamos a punto de pisar. Corro con mucha atención, sorteando a varios extranjeros que se me cruzan en la calle Alcazabilla. Justo en esta zona me espera mi pareja con su hija, Noelia. Mónica, gracias por tu ayuda. Ese beso es mejor que cualquier barra energética.

En todo el recorrido fijo mi vista en corredores que parecen llevar un ritmo constante, pero los adelanto y luego ellos me sobrepasan. Y así todo el rato. Se ha mojado mi móvil y pido que una joven que sigue la prueba me haga una foto. Gracias, Soraya. El tiempo es ideal, sin viento, sin lluvia, y mi reloj dice que voy a un ritmo para hacer en torno a dos horas. En el último tercio exclamo: «Ahora comienza la Media. ¡A sacar lo que llevamos dentro!». Decido no comer nada durante la carrera, y tampoco necesito mucho líquido. Veo que llegan los últimos cinco kilómetros y que la cara de algunos es ya significativa de cansancio. Observo cómo algunos se paran, estiran e incluso algunos van renqueando o andando. Además, veo a la Cruz Roja atender a un corredor con una lipotimia. Me quedan gramos de fuerza, y decido bajar de seis minutos en la recta final, donde me coloco una camiseta dando las gracias a mi ‘mami’ por cuidarme tan bien; a mis hijos, Ismael y Paloma, y a mi pareja Mónica, pilares en mi vida.

Llegar y ver el estadio lleno no tiene precio, es una sensación única, y que te hace pensar: «Bendito sufrimiento». Por cierto, creo que los primeros ya están duchados... (Mi marca oficial final fue 2h.08:12).

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