Fútbol escrito

La dichosa camiseta

JOAQUÍN MARÍN D

Tengo para mí la certeza de que cuando no hay problemas reales se inventan problemas imaginarios. El caso es estar siempre sufriendo; acaso sea la naturaleza humana. A veces las polémicas entretienen, otras veces molestan, otras indignan. Metan en este último grupo todo el cóctel catalán, por ejemplo. Y hay otras que simplemente sobran, nos hacen perder el tiempo, sorprenden por su capacidad de influencia en una sociedad que afronta desafíos reales y no tiene la necesidad de generar nuevos. El caso de la camiseta tricolor que la selección española usará en el Mundial de Rusia -y que estrenará en Málaga el sábado, por cierto- es paradigmático de cómo un detalle insulso puede contaminar una realidad política que sí es grave de verdad en este país. Algunos ven en el diseño una referencia clara a la bandera de la II República porque no saben si un detalle azul es morado o añil, y combinado con el rojo y el amarillo crea un icono que se usa, también éste, como instrumento de enfrentamiento. Resulta incomprensible que haya tenido que intervenir hasta al ministro de Educación, Cultura y Deporte. O el presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Resulta ridículo que se haya suspendido un acto previsto de presentación de la prenda; y más aún que haya gente dispuesta a boicotear al equipo o a no comprar la indumentaria no por costar más de cien euros, sino por tener unos colores que sólo tienen significado si uno así lo quiere. Extraño país éste en el que ni la camiseta de la selección de fútbol genera consenso. Con lo fácil que es ver la realidad: un modelo que pretende recordar al del Mundial 1994 con escaso éxito. Pero ya se sabe: para qué, pudiendo liar un follón. Con lo que nos gusta.

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