DESHIDRATADO Y CON PRISA

BERNI RODRÍGUEZ

Les pongo en situación, como me gusta hacer en estos casos, para que intenten meterse en la piel del protagonista de mi historia como si el lector fuese el que vive la escena que cuento y de esa manera se hagan mucho mejor a la idea de lo que le ocurre a un jugador de baloncesto.

Acaba un partido importante donde el equipo gana. Usted juega un buen encuentro, completo, muy exigente físicamente porque desafortunadamente el día anterior un compañero se ha lesionado, nada grave, pero no ha salido a pista ni un segundo. Juega en su misma posición con lo que sus minutos han aumentado a algo más de treinta. Les recuerdo que acabamos de volver de un viaje de Euroliga y empalmando hemos llegado a la ciudad donde se disputaba nuestro partido. Lo que quiero decir es que está usted muy cansado.

Con la alegría en el cuerpo va hacia el vestuario abrazando a unos y a otros cuando el médico o el 'fisio' del equipo se acerca con una botella de agua en la mano y esa mirada inconfundible. Mientras se la da, tuerce el gesto, levanta las cejas como si jugase al mus y tuviese dúplex y le dice: «Lo siento tío, tienes control 'antidoping'».

La lacra del dopaje existe en todos los deportes y, aunque afortunadamente en el baloncesto en España no es tan común, hay que luchar sin descanso contra los tramposos que no quieren jugar con las mismas reglas. Desde 2015 es sancionable todo aquel que consuma cualquier sustancia prohibida, pero también el que intente hacerlo, rehúse someterse a un control o trate de engañar durante el mismo, así como cualquier persona que preste ayuda o esté en posesión y suministre cualquiera de estos elementos dopantes. Es por todo lo anterior que los deportistas siempre están dispuestos a cualquier control que se les pida. El problema es que a veces no todo sale como uno se imagina.

Volvamos al inicio. El «lo siento» de su médico venía a que en su último control antidopaje estuvo nada más que tres horas intentando terminar. No es fácil, se lo aseguro. Y la botella de agua que le entregaron era para que empezase a introducir líquido porque es justo lo que necesitamos que ponga en un botecito (los controles son por norma general de orina). Adivine, está deshidratado y de lo que menos tiene ganas es de miccionar, además de estar condicionado por su última y larga actuación. La situación está así: tras la reunión postpartido ha ido directamente junto con su médico a la sala del doping evitando así que los tramposos hagan 'cosas raras'. Ha rellenado toda la documentación previa y sigue bebiendo y bebiendo preparado para su turno. Suele haber dos jugadores por equipo que, por sorteo, están en la misma situación que usted. ¿Recuerdan la historia del tiro libre con diez mil personas mirando? Pues esto es lo mismo pero sólo con una. El médico del comité antidopaje está obligado a observar que todo se hace correctamente. Además, justo cuando está en posición de la entrega de líquidos (hacer pis), el delegado asoma la cabeza en la sala y grita: «El tren sale en media hora». Eso sí que es presión. Deshidratado y con prisa.

De las cientos de historias que tengo sobre el particular les cuento que, tras ganar la final del Campeonato del Mundo de Japón en 2006, me tocó el control antidopaje mientras los demás celebraban la victoria. Aquel día fue diferente, sentado junto a Marc Gasol estábamos muy tranquilos y sin presión. Éramos campeones del mundo, nuestras medallas colgaban del cuello, yo no soltaba el balón de la final y, lo más importante, las cervezas las teníamos nosotros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos