CUESTIÓN DE PSICOANÁLISIS

JAVIER IMBRODA

Admiro al Guardiola entrenador, a Pedro Martínez y su trayectoria con sus luces y sombras, como suele ocurrirle a todos aquellos entrenadores de con largo recorrido. Admiro a todos aquellos deportistas, como el inefable Piqué, que se sienten independentistas, por su valor deportivo, pero no los entiendo como ciudadanos.

Libertad, presos políticos, democracia, urnas, opresión, exilio, franquismo, y alguno más con los que nos deleitan diariamente esos 'pensadores', son conceptos que sólo la xenofobia, una enfermedad del alma, desvirtúa. No existen medicamentos en las farmacias, ni recetas médicas que te contrarresten enfermedades del alma. No hay tiritas ni medicinas, sólo respeto y sentido común, y al parecer, esto no está al alcance de algunos. Respeto todo pensamiento, no acepto saltarse la ley que nos dimos todos democráticamente tras una larga dictadura. Sólo ese delirio mental que compara lo incomparable, se blinda irracionalmente ante los ojos de España y el resto de Europa, y así estamos, presenciando un auténtico espectáculo del esperpento.

Reconozco estar más sensible de la cuenta con estos hechos, no creo que como ciudadano pueda escaparme de esta realidad que a todos nos tiene cansados, no ya por el hecho en sí, sino por el fanatismo que rodea cualquier manifestación basada en el supremacismo. Tal vez también lo esté, al no estar entrenando en el día a día, no tengo escudo que defender, no defiendo sensibilidades diferentes que en todos los clubes deportivos existen, y qué sin embargo, no todos respetan. No tengo igualmente, altavoces mediáticos donde cualquier expresión mía adquiere una mayor trascendencia. Los entrenadores anteriormente citados lo saben, utilizan esos medios para expresar más división, más exclusión, como si el resto tuviéramos que asistir en silencio por aquello de los títulos conseguidos, y eso diera licencia para el absurdo.

Los entrenadores vivimos nuestra particular realidad. A veces ensimismados en nuestro éxito y queriéndonos alejar a la carrera del fracaso, sin capacidad para entender fuera de nuestro entorno, lo que verdaderamente ocurre. Es mucha la presión que se sufre y a veces se mendiga el reconocimiento que tantas veces se deniega.

Convertirse en portavoz de movimientos y situaciones excluyentes, denota falta de inteligencia. Ser un gran estratega deportivo, no siempre coincide con tener sensibilidad social, ni amplias miras sociopolíticas. Quizás cuando pase un tiempo, fuera de tanto foco mediático e instalado en cierta reflexión, descubran que todo aquello fue una utilización de sus imágenes, y se dejaron, creyendo qué tras la 'opresión', vendría la 'liberación'. Y descubrirán que aquello fue un simulacro de revolución de pijos. Se prestaron a ese pijerío. Les gustaba jugar a ser revolucionarios desde la burguesía catalana, desde la abundancia. A ser más ricos de lo que son. Como esos millonarios que buscan experiencias extravagantes y excitantes. Debía ser el aburrimiento burgués, una revolución rara.

Más que urnas, necesitan psicoanálisis, y nosotros un descanso.

Mi pincelada:

El Barça: Todavía me asombra esa cantidad de seguidores que conserva aún fuera y dentro de Cataluña, después de la deriva de un club, modelo en lo deportivo pero desastroso en lo institucional, como instrumento de la ilegalidad. Mi padre, que ya no está entre nosotros, era simpatizante del Barça, pero cuando en los años 80 empezó a ver senyeras en el campo, empezó a dejar de gustarle, y dejó de seguirlo. Si hoy viera en qué se ha convertido el que era club de sus amores, su indignación sería mayúscula, como la de muchos.

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