Trentin se queda con la casa de Rojas

Matteo Trentin gana su segunda etapa de la Vuelta por delante del murciano Rojas. :: Javier Lizón / efe
Matteo Trentin gana su segunda etapa de la Vuelta por delante del murciano Rojas. :: Javier Lizón / efe

El italiano bate al murciano en una etapa en la que se cayó el marbellí Maté, aunque sin consecuencias

J. GÓMEZ PEÑA ALHAMA DE MURCIA.

«Ha salido un día raro». El murciano Luis León Sánchez se cubría del chaparrón que empapaba la salida desde Caravaca de la Cruz. ¿Raro? Sí. Aquí no llueve casi nunca. Luis León lo sabe. La lluvia es un hecho excepcional, un milagro.

En Caravaca de la Cruz, una de las cinco ciudades santas, los ciclistas se santiguaban. Murcia mojada es un infierno, una pista de patinaje. Agua sobre asfalto sucio, brillante de aceite, gasolina, goma y polvo. Todo eso se mezcló en el cóctel explosivo de la etapa que el italiano Matteo Trentin la ganó al ciclista de casa, José Joaquín Rojas, en la meta de Alhama de Murcia situada en la puerta de la factoría ElPozo Alimentación, especializada en derivados del cerdo. «Me encanta el jamón. Siempre tengo una pata colgada en casa», confesó el líder, Chris Froome, al que en vísperas de la subida a Calar Alto no asustaron ni la lluvia, ni el descenso suicida de Nibali, ni Roche, que le restó medio minuto. «En Calar Alto habrá diferencias de verdad», auguró el británico.

La lluvia hizo raro el día que luego subía el Collado Bermejo, el campo de entrenamiento de los corredores locales como 'Luisle' y José Joaquín Rojas. No temían la subida, sino la bajada hasta la meta en Alhama de Murcia. La carretera estaba barnizada de peligro. Cuando regresó el sol, el asfalto tenía la peor piel: a ratos húmeda, a trozos seca. Eso complica la frenada. En el descenso, el marbellí Luis Ángel Maté se fue al suelo en la parte final de la etapa. Por suerte, pudo reintegrarse a la carrera sin mayores consecuencias. «Casi me mato pero por suerte estoy bien. Ahora a recuperarnos de las contusiones y a seguir peleando», dijo tras la etapa.

Aun así, a Rojas le preocupaba más 'Luisle' que la bajada. Por eso aceleró cuesta arriba para tachar de la fuga a su vecino. Lo hizo. Pero se llevó con él al joven Jaime Rosón, a Van Rensburg y al peor rival posible, el italiano Matteo Trentin.

Rojas recordó que Pablo Lastras, nuevo director del Movistar, les suele poner como ejemplo a Trentin, uno de esos tipos que nunca se rinden. Lastras y Trentin son de la misma especie: los dos tienen victorias de etapa en el Tour, el Giro y la Vuelta. Sello de calidad. Rojas, manos abajo en el manillar, se ciñó al borde de cada curva del descenso. Las conoce a ciegas. Dio igual. Trentin seguía allí. «Rojas me ha venido bien, me ha guiado en las curvas», agradeció. El murciano tuvo esa 'mala' compañía precisamente el día que la carrera visitaba su casa. Trentin era el peor invitado posible. El transalpino le ganó como si nada y se quedó con la etapa murciana.

Nibali y Roche

«Lo tenía todo medido. Sabía lo que tenía que hacer... Pero a este (a Trentin) ni con dios bendito le gano», lamentó Rojas, segundo en la meta pegada a las instalaciones de ElPozo Alimentación y tercero el otro día en Cuenca. «Dos al palo. A la tercera...». Tendrá que esperar a que pase la etapa que viene, la de Calar Alto, la primera con montaña de largo aliento. «Seguro que Contador intenta recuperar tiempo. Él y otros», pronosticó Froome. Su equipo, el Sky, venía de pasar algún apuro en el inicio de la etapa mojada. «Ha llovido más hoy que en todo el verano», constató Contador. Hasta que en el kilómetro 90 se hizo la fuga de Rojas, Trentin, 'Luisle', Soler, Geniez, Van Rensburg, Rubio, Agnoli y Lobato, la carrera fue un caos. Luego, los candidatos al podio pactaron una tregua. Ya clareaba. Quedaba el paso por el Collado Bermejo. En las cunetas los paraguas estaban ya guardados, pero la humedad salpicaba el descenso. Eso asustaba. Eso y Nibali, el especialista.

El italiano no se conforma. Froome le saca más de un minuto en la general. Y más le alejará en la contrarreloj de Logroño. No ha podido con el británico en los muros del Xorret ni en las Cumbres del Sol. Froome apenas le deja espacio para moverse. Por eso lo buscó en los pinares de Collado Bermejo. Puso a su equipo a tirar. A un kilómetro de la cima fue él quien descorchó toda su energía. Quería jugar a la ruleta del descenso. Tiró la bola. Hagan juego. Es una bajada que intimida. Mojada, todavía más. Las motos de la carrera sudaban para seguir a las bicicletas. Pero ni así Nibali alteró la calma de Froome. «No he querido arriesgar. Había tiempo para cogerle», dijo el líder. Eso pasó.

Sólo Roche huyó del Sky. El irlandés miró atrás. Vio que había sacado unos metros en dos giros bien trazados y se dijo: «Vamos a probar». Acertó. La jugada le salió rentable: en la meta arañó 29 segundos y se coloca tercero en la general, a 36 segundos de Froome y empatado a tiempo con Chaves. Tras media Vuelta de finales explosivos, llega al fin la montaña de verdad: dos puertos de primera, Velefique y Calar Alto, donde está la meta. Anda el tiempo revuelto por el sur. Raro. De tormenta.

Dice Contador que pedalear bajo el diluvio deja las «piernas duras», hinchadas, que hay que drenarlas bien con el masaje antes de afrontar este cambio de geografía. Y dice Froome, tan tranquilo ante lo que viene, que a él lo que de verdad le gusta es el jamón, su única debilidad hasta ahora en esta Vuelta.

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