Málaga, origen de una Vuelta con nueve finales en alto

Delgado, Bendodo, De la Torre y De Andrés analizando el trazado de las etapas en Málaga. :: josele-lanza
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Delgado, Bendodo, De la Torre y De Andrés analizando el trazado de las etapas en Málaga. :: josele-lanza

La ronda española mantiene su apuesta por el espectáculo, con subidas a Los Lagos y las rampas de La Camperona

J. GÓMEZ PEÑA

estepona. En el ciclismo, a cada éxito le sucede una prueba de supervivencia. La colección de fotos de los campeones de las dos últimas décadas está llena de figuras sin rostro, emborronadas por el dopaje. Cuando parecía que el tiempo de los escándalos se apagaba, el dedo acusador se dirige hacia Chris Froome, el dueño de esta época y ganador de la pasada Vuelta a España. Su caso positivo por doblar la tasa permitida de salbutamol todavía está en estudio, pero la repercusión de este nuevo lío ya ha dañado su crédito. Aun así, pese a tanto ídolo caído o cuestionado, el ciclismo resiste. Parece inmune tras tanto embrollo farmacéutico. La Vuelta 2017, la de Froome, reunió a una media de 1,6 millones de espectadores en La 1. Y la etapa del Angliru que vio la despedida victoriosa de Contador fue seguida por 2,8 millones, la más vista desde 2002.

En Estepona acaba de ser desvelado el recorrido de la edición de 2018. Los aficionados se frotan las manos con lo que espera al final del verano. Como si el ciclismo fuera indestructible. Eso parece. La Vuelta 2018 es fiel al ADN de la carrera: apuesta por el espectáculo y la montaña. Partirá desde Málaga con una breve contrarreloj individual el 25 de agosto y terminará en Madrid el 16 de septiembre tras ver cómo los aspirantes al título se miden en nueve finales en alto. Vuelven clásicos como la Covatilla, las duras rampas de La Camperona, la clásica de los Lagos y La Gallina andorrana, meta del penúltimo día. Y se estrenan las subidas a la Alfaguara, la asturiana Les Praeres y el monte vasco Oiz.

La prueba se pasará cuatro días en la provincia (entre el 25 y el 28), con el prólogo contrarreloj (8 kilómetros) entre el Pompidou y calle Larios, la etapa Marbella-Caminito del Rey (163), la que habrá entre Mijas y Alhaurín de la Torre (182,5) y la que partirá de Vélez para llegar a Alfacar de la Sierra, ya en tierras granadinas.

La prueba irá de menos a más, con días de montaña en cada semana, con esas metas explosivas que demanda el espectador y que no distancian mucho a los favoritos. La Vuelta no llega a tanto, aunque mejora cada curso en esta asignatura. Descubre montañas nuevas, como la Alfaguara, conocida en Nerja como la cuesta de las cabras. Esta subida, de perfil medio, pondrá fin a la cuarta etapa. Y la subida charra de La Covatilla, en la novena jornada, cerrará el primer ciclo.

El segundo, en un trazado que dibuja una zeta invertida, subirá desde Salamanca a Galicia por lugares bien bautizados: Fermoselle, Luintra y Estaca de Bares, el faro que alumbra un mar, el Cantábrico, y un océano, el Atlántico. Sin pausa, tres etapas asturianas encadenarán los finales explosivos de La Camperona, en León, y Les Praeres de Nava con el largo aliento de los Lagos de Covadonga. A la tercera semana le toca lo mejor. La contrarreloj de Torrelavega -32 kilómetros escasos para rodadores- y los seis puertos de la etapa andorrana que cerrará la carrera antes del paseo final por Madrid.

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