Froome salta primero a la arena

Froome, izquierda, en la contrareloj por equipos de Nimes. :: efe
Froome, izquierda, en la contrareloj por equipos de Nimes. :: efe

Saca más ventaja de la esperada a Nibali, Contador, Aru y Bardet en la 'crono' por equipos que pone líder a Rohan Dennis

J. GÓMEZ PEÑA NIMES.

Aunque el asombroso anfiteatro romano de Nimes está justo al fondo, todos miran hacia atrás. Rohan Dennis, el australiano de mal genio, anima a sus compañeros del BMC. Les guía al triunfo en la contrarreloj por equipos que abre la Vuelta. A Dennis, conocido por su enorme cilindrada de recórdman de la hora y por su mala leche, le calman el triunfo y el liderato. Cuando llega el Trek, el que se gira es Contador, que ve a varios gregarios quedándose. Grita a los que van delante. Que frenen. Que esperen. Luego se entera de que le ha cedido 35 segundos a Dennis y, sobre todo, 26 a Froome en apenas 13 kilómetros: «Es mucho tiempo», asume. V a a remolque en su última carrera.

Como Dennis y Contador, Froome entra en la meta del anfiteatro con la vista atrás. El Sky venía con cinco corredores, el mínimo para puntuar. Uno de ellos, Stannard, rostro agónico, se rezagaba. Froome lo vio. Iba pletórico, con ganas de esprintar, pero bajó el ritmo. Ni el BMC de Dennis (le sacó nueve segundos), ni el Quick Step de Jungels y De la Cruz (le sacaron tres) estaban a su alcance. No le importó. Más que mirar atrás, Froome miraba ya por encima al resto de rivales: el Sky le quitó ocho segundos al Orica (Chaves y los hermanos Yates), 13 al Movistar (Soler y Betancur), 22 al Baheim (Nibali), 24 al Katusha (Zakarin), 26 al Trek (Contador), 32 al Astana (Aru) y 37 al Ag2R (Bardet). Mucho. Se derramó más sangre de la esperada sobre las arenas del anfiteatro. Froome, gran favorito, mostró sus músculos de gladiador a la primera. El ganador del Tour, a por la Vuelta. Ave Chris. A las contrarrelojes por equipos hay que ponerles un marcapasos. Son puro estrés. Y más si corren sobre la enrevesada historia de una ciudad con tanto pasado como Nimes. Había que curvear durante 13,7 kilómetros por los templos romanos y la arena del anfiteatro; había que salir vivo de ese laberinto, de ese esfuerzo de un cuarto de hora tan inflamable. Se notaba algo así como el ambiente previo a una corrida de toros.

Nimes es taurina, el teatro donde José Tomás completó en 2012 la faena perfecta. Por Tomás, porque hasta esta plaza vino a ver el vuelo de su capote Javier Guillén, director de la Vuelta, la carrera ha salido desde aquí. Estaba claro: era un día para los que se arriman. Toreros quietos mientras el pitón les roza las espinillas. O ciclistas como los del equipo BMC (Dennis, el cántabro Vensoso, Van Garderen, Oss, De Marchi, Frankiny, Roche y Vliegen), que salieron con el cuchillo entre los dientes, afilaron las curvas, ganaron la etapa y colocaron a Dennis como líder de la ronda.

La victoria del BMC resultó, paradojicamente, un castigo para Samu Sánchez, que debía ser su líder

Pero en Nimes no hay fiesta sin tragedia. La victoria del BMC resultó, paradojicamente, un castigo añadido para el dorsal que le falta a la escuadra estadounidense, el de Samuel Sánchez. El asturiano está suspendido temporalmente desde el pasado jueves a la espera del contraanálisis de su caso positivo.

Posible líder

Sin esa probeta manchada con un inductor de la hormona de crecimiento, Samuel habría corrido la primera etapa de esta Vuelta. Y, seguramente, por edad y por galones, ocuparía el sitio de Dennis. Sería el líder. Ahora es un apellido más que puede quedar calcinado por la necrosis del dopaje. Nimes es un lugar acostumbrado a hacer sangre. «Cuando nos enteramos de lo de 'Samu' fue un shock para nosotros -contó Dennis-. Confío por el bien de este deporte en que el contraanálisis salga a favor de 'Samu' Sánchez».

El dopaje es el luto del ciclismo. En una vieja ciudad tan viva como Nimes, la muerte, la de verdad, también se hizo hueco. El bullicio del hormiguero de turistas que rondaba por las terrazas se quedó mudo frente al templo de la Maison Carrée. De allí salió la contrarreloj por equipos. Y a las cinco y media de tarde la Vuelta, en su primer día, se giró hacia el sur, hacia Cataluña. Guardó un minuto de silencio por las víctimas del ataque terrorista. Crespón negro. Las piedras del anfiteatro saben de sangre sobre la arena, de fieras, de gladiadores, de toros... de muerte. Había un velo de tristeza en esta fiesta de callejuelas a ritmo de flamenco que es Nimes. Los fallecidos de Cataluña pesaban.

Y un catalán ciclista, David de la Cruz, dio el primer susto: un fotógrafo despistado se le cruzó durante el calentamiento a la salida de Las Arenas, la plaza de toros. De la Cruz salió como volteado por ese inesperado mihura. Sin cornada. Adelante con la faena. Su equipo, el Quick Step, terminó segundo. Paso adelante. Otros, como el Trek de Contador, arriesgaron menos.

En Nimes, José Tomás firmó la faena exacta: once orejas y un rabo. Para ganar la Vuelta, hay que jugársela. Contador, en su despedida y tras haber recibido tantas cornadas como caídas, sabe que el triunfo es casi imposible. Lo suyo ahora es salir a hombros de la plaza, disfrutar una vez más del calor de su público. De ganar esta Vuelta ya se encarga Froome. Aún le queda toda la corrida por delante, pero muestra hechuras.

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