Contador enloquece la Vuelta

Contador entra satisfecho en meta en una jornada en la que recortó tiempo a Froome, que se cayó en dos ocasiones. Abajo la caida del líder:: efe
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Contador entra satisfecho en meta en una jornada en la que recortó tiempo a Froome, que se cayó en dos ocasiones. Abajo la caida del líder:: efe

El ciclista madrileño convierte una etapa tranquila en un polvorín, recorta tiempo y con su ataque provoca dos caídas de Froome, que salva el día

J. GÓMEZ PEÑA ANTEQUERA.

«Salga el sol por Antequera... y sea lo que Dios quiera». El dicho se oyó en un campamento cristiano antes de una batalla contra los moros. El sol pegaba de frente. Malo. Iba a deslumbrarles. Pero el infante católico ordenó la ofensiva. Y Dios quiso que conquistaran la plaza. Determinación y coraje.

Camino de Antequera, las carreteras estaban pintadas con un nombre. «Alberto. Gracias de a millón». En las cunetas volaban las pancartas que repetían el mensaje. «Gracias por todo Contador». Y así todos los días en la Vuelta de su despedida. En este ciclismo huérfano de aventura, el madrileño es indispensable. Quedan nueve etapas para disfrutarle y, luego, muchos años echándole de menos. Contador no es un nombre: es un estallido. Sólo por él, porque es capaz de romper cualquier escena, Froome aún no está seguro de que esta sea su Vuelta. Contador enloqueció una epata que parecía apacible, se largó a 23 kilómetros de la meta y obligó a Froome a afilar las curvas del descenso del Torcal. El británico pedió el paso, le patinó la rueda y se cayó dos veces. Contador apenas le recortó 42 segundos, pero le metió el susto en el cuerpo. No le dejará en paz pese a los 3 minutos de retraso en la general. Eso ha jurado Contador a su gente, a los que rotulan las carreteras. Y es de los que cumplen su palabra. «¡Grande, Alberto, grande!», le gritaban en Antequera. Y que salga el sol por donde quiera.

En el inicio del puerto del Torcal, la fuga de Marcyinski -ganador del día- y de Omar Fraile -segundo- ya tenía la etapa en su mano. Parecía un día más, de calma en el pelotón. «No se olía la tensión de otras jornadas», describió Pello Bilbao. Y ahí saltaron chispas. Contador. Su instinto. «Corro sin estrés, disfrutando», confesó. Desencadenado. El público disfruta con él. Contador compite leyendo las pintadas que le aplauden. Es un corazón resuelto. No se conformaba con ser el noveno de la general. Quiere más. ¿El podio? Lo quiere todo. Con él, la sorpresa es segura.

Y, claro, atacó en una cuesta de segunda. De lejos. Roche, que le conoce bien, se le juntó. Ufff. No pudo seguirle. A Contador le dio igual. Delante, en la escapada, iba uno de sus gregarios, Theuns, una moto para la bajada del Torcal hasta la meta. En esta sierra hay fósiles de moluscos. El corazón de Andalucía fue un océano, aunque hoy cueste creerlo. Que Contador pelee por el triunfo de esta Vuelta parece también imposible. Menos para él. El músculo del espíritu. Frente al viento de cara trepó contra todo el Sky que le perseguía. «Lo teíamos a la vista, controlado», relató Nieve, el escudero de Froome.

Fraile, «el más peligroso»

Delante, Marczynksi sólo tenía un miedo: Omar Fraile. «Era el más peligroso», confesó el polaco. Más que Rojas, Canty y Poljanski. Además, se notaba fatigado. Por eso, salió a coger unos metros. Fraile y los otros se los concedieron. En ese espacio cabía la victoria de etapa, la segunda del polaco afincado en Granada.

Detrás, el sol de Antequera empezó a salir por donde le convenía a Contador. Theuns, que iba en la fuga, le esperó en la cima del Torcal. Colocó al madrileño a rebufo y tiró a muerte de él. La diferencia era de una veintena de segundos. «Todo controlado», como creían Nieve y Froome. Y no. El líder se cayó en el inicio de la bajada, sobre ese asfalto brillante que tan poca confianza da. ¿Síntoma de nerviosismo? Algo le pasó a su confianza. Volvió a patinar por precipitarse en otro giro, por querer adelantar al coche que le precedía. Pánico en Froome. Alarma.

La Vuelta quedó cortada en tres tajadas. Theuns transportaba a Contador. A medio minuto, Nibali, cada vez más fuerte y peligroso, se aliaba con Aru y Zakarin para atrapar al madrileño y distanciar a Froome, que se sostenía medio minuto atrás sobre las muletas de Poels y Nieve. Nadie esperó a Froome. No había que hacerlo. El fallo fue suyo. Y la carrera estaba ya lanzada cuando tropezó. Nibali, Aru, Chaves, Zakarin y De la Cruz no podían frenar, no podía dejar libre a Contador, su rival en la lucha por el podio. «Alberto cualquier día te la lía», dijo De la Cruz. El 'efecto Contador' sobre la Vuelta es brutal. El noveno de la general, el descartado en Andorra, lo había cambiado todo. Es su etiqueta. Atacó porque le dio un ramalazo.

Las ganas no le cabían en el pellejo. Se catapultó en Theuns y lo dio todo en los tres últimos kilómetros hasta Antequera. Entró crispado, con su nombre tronando al otro lado de las abarrotadas vallas. Y miró hacia atrás. No venía nadie. Le recortó 22 segundos al grupo de Nibali y De la Cruz. Y 42 a Froome.

«Mucho mejor de lo esperado», resumió el madrileño, que sigue noveno, aunque más cerca de Froome, a 3.13. No era fácil oírle. Contador es eso, un chapuzón diario en el ciclismo antiguo, el que premiaba el valor. «Disfruto con el cariño de toda esta gente», agradecía. Le piden más. Volverá a la carga en cuanto pueda. «Esta etapa era tranquila. Para cambiarla sólo hacía falta decisión», soltó. Está decidido a complicarle la Vuelta a Froome. Nibali, callado, se frota las manos. Le viene bien tener suelto a un tipo así. Educado y gentil como siempre, al líder se le vio más preocupado. «Ha podido ser peor», resopló. Tiene a Nibali a 59 segundos. A dos minutos a Chaves, De la Cruz, Kelderman, Zakarin, Aru y Woods. Y a tres, al inconformista Contador, el nombre que tatúa las carreteras. Su pesadilla. El rival al que le da igual por dónde salga el sol.

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