Para batir a Froome tiene que venir Supermán

El ciclista colombiano celebra su triunfo en Calar Alto. :: afp
El ciclista colombiano celebra su triunfo en Calar Alto. :: afp

Así apodan a Miguel Ángel López, ganador en Calar Alto, donde el líder sale reforzado y Chaves y Roche se vienen abajo

J. GÓMEZ PEÑA CALAR ALTO.

Cuando se disipó la niebla, se cansó la tormenta y el frío se relajó, el viento se adueñó de Calar Alto, la cima sobre el desierto de Almería donde emerge la media docena de cúpulas de cemento que componen el Observatorio Astronómico. Como aquí están garantizadas más de 200 noches despejadas al año, los científicos buscan nuevas estrellas en el universo. Pero al paso de la Vuelta, el cielo se tapó. Diluvió a siete grados. No se veía nada. Para descubrir algo hubo que mira abajo, a la carretera por donde subía Miguel Ángel López, que ganó la etapa y que ha batido como juvenil las plusmarcas de Nairo Quintana. López es el colombiano que viene. Con la vista a ras de suelo también se observó lo que le espera a esta Vuelta: a trece segundos de López entraron Froome, Kelderman y Nibali, el único rival que le resiste. Que llueva así en Calar Alto es tan inesperado como que Froome pierda esta edición. Para batirle en la cumbre tuvo que venir Supermán. Así apodan a López.

Diga lo que diga su edad, 23 años, Supermán es un colombiano viejo. De los de antes, de los 'escarabajos' que llegaron a Europa en los años ochenta para pegarse en los Alpes con Hinault. Como ellos, es de campo, de una familia de siete hermanos y un padre que los quería a todos con las manos metidas en la tierra de Boyacá, recolectando la comida. La bicicleta era para ir a la escuela. Pero algo pasó. Con esa bici de hierro y 18 años, Miguel Ángel batió en una carrera local a varios ciclistas profesionales. El talento ataja. De ahí a la victoria en el Tour del Porvenir de 2014 apenas hubo un suspiro. Ya entonces le llamaban Supermán.

A Lorca, punto de salida, la llaman la 'ciudad del sol'. A ese apodo se le vino encima un mar de lluvia. Murcia era una nube. Hay veranos en los que no cae aquí ni una gota. Así, calados, partieron los ciclistas.

Contador no para quieto

Pellizzotti anunció con su ritmo el ataque de Nibali. Aunque se adelantó el de siempre, Contador. No para quieto en su última carrera. Nibali sobrepujó. Contra todos y contra el viento de costado, helador, paralizante. Hielo en el desierto. El italiano filtró la subida: tras él venían Nieve, que tiraba de Froome, y López, Zakarin y Kelderman. Ningún nombre más sonaba junto las ráfagas. Chaves había cedido, como antes Roche. Ellos eran los dos más cercanos a Froome en la general. Contador perdía unos metros; perdía ante Froome y Nibali, pero les ganaba al resto, a Aru, a Woods, a Van Garderen, a Roche, a Chaves... Y a De la Cruz, crucificado de nuevo por la mala suerte.

Froome manda ya con un minuto y 19 segundos sobre Nibali, 2,33 sobre Chaves y 2,36 sobre De la Cruz. Contador es noveno, a 3,55, delante de 'Supermán' López, el que mejor se adaptó al entorno, a la altitud, el frío y el viento. Cuando Nibali salió a por la victoria, Froome le dejó hacer.

En ese grupo, López, menudo él, se guareció tras la ancha espalda de Kelderman. Zorro. «Conocía bien la subida. Tuve calma», dijo. Ha ensayado la paciencia tras tantas caídas y lesiones. En invierno le atropelló un coche en Colombia y le partió una tibia. Supermán vuela casi siempre cojo. Y cuando al fin recupera sus dos alas, puede hasta con Froome, segundo en Calar Alto y tan feliz como el colombiano. «Esta etapa era crucial para consolidar mi liderazgo. Soy un ciclista de calor», confesó. Le tenía miedo al frío estepario de Calar Alto, donde desde el Observatorio se vio más claro y despejado que esta es su Vuelta.

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