Recaída de Contador

Alberto Contador y su compañero, el austriaco Michael Gogl, tras sufrir un accidente ayer. :: afp
Alberto Contador y su compañero, el austriaco Michael Gogl, tras sufrir un accidente ayer. :: afp

El madrileño tropieza otras dos veces, se daña la cadera y se confiesa «al límite» de su resistencia en víspera de los Pirineos

J. GÓMEZ PEÑA PAU.

El recorrido de la etapa sangraba. En la orilla del Adour está la plaza donde murió, justo antes del Tour, Iván Fandiño. Al torero de Orduña le gustaba una frase: «El miedo busca, el valor espera». Quieto ante el toro. En el mismo pueblo, en Aire Sur-l'Adour, fue aprendiz de carpintero Luis Ocaña. A las órdenes de una patrón tirano. El chaval se hartó de las broncas y un día le lanzó el hacha. Quedó clavada en la puerta a un palmo de la cara pálida de aquel mal jefe. Ocaña salió pitando para hacerse rival a muerte de Merckx y vencedor del Tour de 1973. Luego volvió a estas tierras y, enfermo y endeudado, eligió su muerte. De un tiro. Por allí pasó ayer este Tour camino de los Pirineos. Y sangró Contador.

Aunque son difíciles de explicar, las rachas existen. Las hay buenas, como la de Marcel Kittel, ganador en Pau de su quinta etapa en este Tour. Y las hay malas, como la de Contador, que colecciona caídas: dos el domingo en las montañas del Jura y dos en la carretera horizontal que iba a Pau en un día que se anunciaba plácido. Mentira. Acabó escrito entre caídas con la sangre de la cadera del madrileño, de la rodilla de Bardet y de dos gregarios de Aru, Fuglsang y Cataldo, el peor parado, el que tuvo que dejar esta carrera de la que nunca te puedes fiar.

El primer tropiezo de Contador fue en un lugar de tregua, el avituallamiento. En el segundo se le cayó delante su guardaespaldas Gogl a 21 kilómetros de la meta. Del suelo, Contador se levantó serio. Mala cara. Rechinar de dientes. La cadera derecha le ardía. Golpes sobre las postillas del domingo. Piel reabierta. En la meta corrió a curarse. Se sentía en una pesadilla conocida. Desde 2014 no deja de tropezar en el Tour. ¿Mala suerte? «No creo en ella, pero todo esto me está poniendo al límite psicológicamente», confesó. Y como se escuchó a sí mismo abatido, reaccionó. No se reconoce en la rendición: «No me daré por vencido. Ahora tendré que ser más fuerte». Llega a los Pirineos a 5 minutos ya de Froome, sin opciones y acribillado a golpes, podría empezar a pensar en recuperarse para la Vuelta a España.

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