Chris Froome

Froome resuelve su cuarto Tour

Dylan Gronewegen.

El Sky elige al corrredor británico y no a Mikel Landa para lograr su victoria más ajustada

JESÚS GÓMEZ PEÑA ENVIADO ESPECIAL

París. Dicen que si paseas con calma los Campos Elíseos puedes recorrer la historia de Francia. Y la del Tour. Por allí pasaron ayer el vencedor al sprint de la última etapa, el holandés Groenewegen, y el dueño de esta edición, Chris Froome, ganador por cuarta vez y en camino hacia el quinteto que comparten Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin.

Por esta opulenta avenida de París rodaron también el segundo clasificado, el colombiano Rigoberto Urán, feliz por tocar el techo de su carrera, y el tercero, el francés Romain Bardet, aún con el susto en su enjuto cuerpo tras conservar por sólo un segundo el derecho a subir al podio. Más oculto, más triste, pedaleó sobre ese adoquinado Mikel Landa, cuarto, a un segundo de Bardet. Llevaba en el culotte un par de bandas amarillas, un trozo del triunfo de Froome. Todos los corredores del Sky las lucían. Es la era de la armada inglesa. Este Tour ha parecido más la victoria del equipo británico que la de Froome. El Sky ha elegido al vencedor. Tenía a los dos más fuertes de la carrera: Froome y Landa. Y decidió. Es ya el cuarto Tour del inglés africano. «El más difícil», confiesa. El más ajustado. El más exacto.

Los otros equipos intentan ganar carreras; el Sky las resuelve. Ve el ciclismo como una ecuación matemática. Todo se puede traducir en datos. Cada Tour comienza para ellos en noviembre, cuando se desvela el recorrido. El Sky es como una escudería de Fórmula 1. Ajusta sus piezas al circuito. Desmonta el monoplaza y lo rediseña en función del perfil de cada edición. El Tour 2017 fue diseñado en contra de Froome. Sin apenas contrarreloj, sin esos finales en montaña donde solía sentenciar, con etapas hechas para las emboscadas, con finales en descenso. Era un trazado para Bardet. Y ni así se ha resquebrajado el dominio británico.

LAS CLAVES«Sin ellos esto no sería posible. Ha sido mi Tour más duro, el que me ha llevado al límite»Sus futuros rivales son más jóvenes, pero el británico tendrá al Sky, el equipo que manda La suya ha sido una victoria con bisturí. Aséptica. Calculada al milímetro

«Ha sido un Tour conservador pero eficaz», define Froome. Habla en plural, en nombre de su equipo: «Hemos sufrido hasta el final. Cada vez es más difícil ganar». Con 32 años y cuatro Tours, Froome se acerca al templo de los más grandes. «Nunca soñé con llegar tan alto. Es un privilegio». Lo ha trabajado. Froome es un camaleón. Cambia en función del hábitat. Antes era torpe en los descensos, le costaba ganarse la posición en el pelotón, se caía... En este Tour ha estado lejos del nivel físico de 2016, pero no ha tenido fisuras. El Sky le ha reconvertido. «Me he ido desarrollando como corredor. Soy más completo, también en la colocación y los descensos». Incluso anuncia dónde puede mejorar en el futuro: «Tácticamente».

Bardet, Landa, Dumoulin, Quintana, Simon Yates (mejor joven, como su hermano Adam en 2016) y Pinot, sus futuros rivales, son más jóvenes. Serán más fuertes en 2018. Pero él tendrá al Sky, el que manda, el que por ahora decide quién gana. Con gregarios como Kwiatkowki, Landa, Thomas, Nieve, Henao, Knees, Rowe y Kiryienka, el líder estaba blindado. No ha ganado ninguna etapa y no ha tenido energía para distanciar a sus adversarios en la montaña. No le hacía falta. Estaba calculado. Los ha ejecutado en las dos breves etapas contra el cronómetro. La de Froome ha sido una victoria con bisturí. Aséptica. Calculada al milímetro.

Sólo sufrió un par de apuros. En la cuesta de Peyragudes notó que se le terminaba la gasolina. Hambre. Se lo susurró a sus gregarios. Landa bajó el ritmo. Ocultó la debilidad del líder. En el muro de la meta, Froome cedió 26 segundos. «Pero ese día pude perder minutos», asegura. También el Sky -otra vez Kwiatkowki, Nieve y Landa- le salvó cuando sufrió una avería en la etapa de le Puy-en-Velay. Lo que el líder no podía, lo rellenaban los suyos.

El Sky tuvo otra suerte. Landa les pertenece. El alavés venía del Giro, de brillar en los Dolomitas. Nadie deslumbra ahora en el Giro y, un mes después, en el Tour. Quintana ha corrido sonámbulo. Pinot, desdibujado, no ha llegado a París. Sólo Landa se ha mantenido a flote. Más. Ha surfeado como nadie sobre las olas de los Pirineos y los Alpes. Pero no tenía permiso para pelear por el Tour. «Me han frenado mi manera de correr», lamentó tras la contrarreloj de Marsella en la que se quedó a un segundo del podio. El alavés ha obedecido hasta el final: ayer no trató de recortarle ese segundo a Bardet. El Sky se lo había prohibido. «Acabo cuarto y me siento vacío», resumió Landa. Hay que tener el permiso del Sky para ganar el Tour. El elegido era Froome.

Ya tiene cuatro victorias. Es historia de los Campos Elíseos. Como Voeckler y Zubeldia, que ayer se despidieron de su carrera. Como Contador, que se acerca a su adiós sin perder su estilo y como superviviente de un ciclismo español que naufraga, sin equipos y sin triunfos en ese Tour. Como el australiano Matthews, maillot verde de la regularidad. Como su compañero en el Sunweb el francés Barguil, ganador de las dos mejores etapas de esta edición, merecido rey de la montaña e inmerecido vencedor del premio a la combatividad, que debería haber recaído en Thomas de Gendt, escapado durante más de mil kilómetros. En ese palmarés figura también el mejor equipo del Tour 2017. No había duda: el Sky.

En el podio, Froome se lo agradeció: «Sin ellos esto no sería posible. Ha sido mi Tour más duro, el que me ha llevado al límite». Hasta se le complicó la lectura del discurso en el podio porque el viento parisino le voló las hojas. Seguro que alguien del Sky tenía una copia.

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