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Contador, pensativo antes de la salida de una etapa. :: afp
Contador, pensativo antes de la salida de una etapa. :: afp

Contador paga su soledad en la ruta

  • Tras la caída en el último Tour y sin un equipo sólido, el madrileño anima la Vuelta y la pierde por primera vez

En unos días Alberto Contador, que hasta ayer había ganado las tres Vueltas que había corrido (2008-12-14), hará oficial su fichaje por un nuevo equipo. En 2017 tendrá 34 años. Ha aplazado su jubilación. El cierre de su actual escuadra, el Tinkoff del caprichoso multimillonario ruso, le vestirá con el maillot de otra escuadra del pelotón. «Estoy muy ilusionado con lo que viene. Seguro que va a ser más y mejor», confía. El Tinkoff es un edificio en demolición. Sagan ya se ha comprometido con el Bora; y Contador también pondrá rumbo a su nuevo destino. En esta Vuelta se ha sentido solo, sin gregarios con altura para la montaña. Por eso, cuando en la cima de Aitana le preguntaron si había aprendido algo de esta primera derrota en la Vuelta, dijo: «A desenvolverme solo en carrera».

La soledad le costó el tercer puesto del podio. El Orica y Chaves se lo arrebataron. La formación australiana ha sido la sensación de la Vuelta. Es un maillot combativo, como su director, Neil Stephens. «Es que si no lo intentas no lo vas a conseguir nunca», tiene como lema. Así mueve sus peones. Lo hizo en los Pirineos, cuando lanzó primero a Yates y luego a Chaves, y repitió en Aitana con el colombiano. Siempre tenía gregarios por delante. Boyas donde apoyarse. Más que Chaves, a Contador le ha quitado la tercera plaza el Orica. Y un titubeo: cuando el sudamericano atacó desde lejos en Aitana, el madrileño pensó que el Movistar de Quintana le iba a echar una mano en pago por el favor que él les había hecho en la jornada de Formigal. «Pero no, ellos hicieron su carrera», lamentó. Sin apoyo exterior del Movistar ni interno del Tinkoff, luchó a solas en la defensa de la medalla de bronce. La perdió por trece segundos.

«Me hubiera gustado subir al cajón, pero más me hubiera gustado ganar la Vuelta, que era mi objetivo». Esa meta se le torció desde el primer día. La debilidad del Tinkoff quedó en evidencia en la contrarreloj por escuadras inicial. Ahí regaló un minuto. «Tampoco yo estuve bien en Ézaro». Medio minuto más de rémora. La Vuelta cuesta arriba. «Y para colmo me caí en Sanabria justo antes de tres días de montaña en Asturias», lamenta el corredor.

Froome y Quintana han mostrado más talla en cada cuesta. «Pero he disfrutado mucho en esta Vuelta», repite. Y ha hecho disfrutar. Los 118 kilómetros entre Sabiñánigo y Formigal de la decimoquinta etapa compusieron el mejor día de esta edición. Por obra de Contador, que se olvidó del freno, el dolor y los cálculos desde el banderazo de salida. «La noche tras subir el Aubisque no dormí bien. No me quedé a gusto. Pero al día siguiente, después de lo de Formigal, sí que dormí a pierna suelta». Contador es la levadura de muchas carreras. Y no caduca, al menos durante uno o dos años más.