Sesenta años para que el baloncesto femenino salga del ostracismo

La plantilla del Tokiauto posa en el pabellón de Carranque. /SUR
La plantilla del Tokiauto posa en el pabellón de Carranque. / SUR

Se reivindica con la presencia del Unicaja y el Asisa Alhaurín en la fase de ascenso. Desde el pionero Gibralfaro y el histórico Medina, pasando por el Tokiauto, Málaga ha mantenido una gran tradición de equipos femeninos

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

Málaga asiste desde mañana a una fiesta del baloncesto femenino. El Unicaja y el Asisa Alhaurín de la Torre buscan el ascenso a la Liga Femenina 2, la segunda categoría nacional. El pabellón de Los Guindos reunirá a aficionados y exjugadoras que son testigos del mejor momento de las últimas décadas, poniendo así fin a más de medio siglo en el que el baloncesto femenino ha carecido del apoyo y el reconocimiento que se merece. La falta de unión y de respaldo de instituciones y patrocinadores privó a la ciudad de tener a un equipo en la élite.

Para los que acaban de llegar y asisten con cierta sorpresa a este 'boom', deben saber que ya en 1960 un grupo de mujeres empezó a competir en el recién creado Gibralfaro, que estaba auspiciado por la Sección Femenina, controlada por el régimen de Franco. Eran otros tiempos, se jugaba con falda o uniforme escolar y se competía contra equipos de otras ciudades. En Málaga, el Gibralfaro estaba entrenado por Chiqui Zaro y contaba en sus filas con jugadoras como Tati Gómez, Elisa, Mari de Miguel, Magüi Sánchez de la Morena y María Teresa Pacheco, entre otras.

Años después, el testigo lo recogió el Medina Málaga, entrenado por Jesús Bonilla, figura clave e impulsor del baloncesto femenino en la ciudad, por aquella época junto a Alfonso Queipo de Llano. Recogen los libros de historia que «las chicas del Medina perdieron con facilidad todos sus encuentros de la temporada». No fue así, según recuerda Queipo de Llano. «Jugaban muy fuerte y se entrenaban igual que los hombres». Lo saben bien mujeres como Upe, las hermanas Borrachina (Ana María y Pepo), Angelines Cañete, Loli Font, Yoya Quesada e Isabel Arias, que años más tarde se casó con Bernardo Rodríguez, con el que tuvo dos niñas, Laura y Marta, y un niño al que llamaron Bernardo, como el padre, y que todo el mundo conoce como Berni, campeón de Liga, Copa, Korac y campeón del mundo de baloncesto.

Plantilla del Gibralfaro, primer equipo femenino, en 1960
Plantilla del Gibralfaro, primer equipo femenino, en 1960

Este equipo jugaba en La Rosaleda y luego en el pabellón antiguo de Carranque. Recordados son los duelos con el Granada, unos derbis que se jugaban a la espalda del campo de Los Cármenes y en los que había un lleno total. Llegó a dominar el baloncesto femenino en Andalucía, aunque nunca alcanzó la élite. La transición trajo un relevo generacional, en todos los sentidos. De los uniformes y las faldas se pasó a los pantalones cortos. Todo estaba cambiando en España, pero no alteró la afición en Málaga entre las mujeres. Jesús Bonilla siguió entrenando entonces al Juventud y el baloncesto femenino se arraigó en los colegios, donde verdaderamente se ponen las bases del siguiente gran momento del baloncesto femenino en la ciudad. Uno de estos colegios fue La Asunción, con el que el Juventud de Bonilla se fusionó de forma temporal, y luego surgió el Tokiauto, dirigido por Manuel Castillo, que más tarde fue ayudante de Javier Imbroda en el Unicaja subcampeón de la Liga ACB en 1995, y ahora es el director de SUR. A finales de los 80 y comienzos de los 90 se vivió una situación como la actual, con dos equipos aspirando a la máxima categoría. Por un lado, el Tokiauto, y por otro, el Caja de Ronda, que creó una sección femenina que sólo duró un par de temporadas y estaba dirigida por Amandi Paterna y Amador Quintana. La rivalidad entonces era enorme. El Tokiauto, que cambió de nombre en varias ocasiones, pasó a dominar el baloncesto malagueño y andaluz. Logró dos ascensos a la División de Honor, aunque no llegó a militar en la máxima categoría por la falta de apoyo económico e institucional. Posteriormente se fusionó con el propio Unicaja y también se vinculó con la Universidad de Málaga.

Por su disciplina pasaron jugadoras históricas del baloncesto en Málaga, como Arantxa Briales, Teté Ruiz, Clara Romero, Lourdes Pérez, Dadi Castro, Teresa Ruano, Beatriz Díaz Larrauri, María Grund, Silvia Patricolo, María Lucio, Cristina Jaureguiza y Carmen Morales, entre otras. Muchas de ellas siguen jugando hoy en día en la Liga Femenina +35, que hace sólo unas semanas clausuró su edición de este año.

Los ascensos frustrados hicieron que no se apostase de forma decidida, pero la afición se mantuvo, como antes, en los centros escolares y clubes que tenían cada vez más peso en el baloncesto formativo. Uno de estos proyectos fue el que se creó en el C.B. El Palo al mando de Ángel Sánchez Cañete, entrenador asistente del Unicaja y de la selección española con Sergio Scariolo. Llegó a militar cuatro temporadas en Primera B y jugó por el ascenso a División de Honor.

Y desde entonces, a pesar de que no haya estado en el foco mediático, el baloncesto malagueño ha seguido a gran nivel, con un buen trabajo de formación, aunque sin la unión necesaria y tampoco un gran respaldo para sacar adelante grandes proyectos. Se hace un buen trabajo en Mijas, Gamarra, Presentación, El Palo, Promesas o Estepona. Todos miraban al Unicaja para ver si daba el paso, y llegó de la mano de la Fundación Bancaria el verano pasado. Ahora su equipo sénior y el Asisa Alhaurín buscan el ascenso a la segunda categoría nacional desde mañana en Los Guindos, donde el baloncesto femenino de Málaga escribirá un capítulo más.

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