Cinco contra cinco

Percepción del tiempo

BERNI RODRÍGUEZ

Supongo que se han fijado que hay veces que parece que el tiempo pasa de manera más lenta cuando queremos lo contrario y muy rápido en situaciones que nos gustaría que no acabaran nunca, seguro que a todos les ha pasado alguna vez.

Aunque el tiempo es uno solo, la percepción del mismo varía según quien lo experimenta. Percibimos el tiempo de manera relativa, el paso de una hora cuando tenemos cinco años no es el mismo que cuando tenemos sesenta. Todo pasa más rápido cuanto mayor eres. También ocurre en el mundo animal donde, según parece, el tiempo pasa más despacio para los animales más pequeños y de metabolismo rápido que para los de más tamaño.

Se preguntarán a que viene tanto rollo. Os explico. Enlazo lo anterior para contar lo que me ocurrió en un partido en Alemania contra el Brose baskets, equipo con el que juega el Unicaja en Euroliga mañana. En 2011 viví una situación en la que creí que el tiempo se ralentizaba al máximo (al menos lo hizo en mi cabeza). Uno abajo en el marcador y quince segundos hasta el final con posesión para nosotros. Esa era la situación de un partido que recuerdo que era muy importante para la clasificación a la siguiente fase de la competición. Pintamos algo en la pizarra que sinceramente no me acuerdo si ejecutamos bien o no. El asunto es que tras un bloqueo directo, Kristaps Valters tira un triple a falta de 4-5 segundos para el final que no entra. Pasaba yo por el tiro libre por si el balón salía rebotado lejos como ocurre tantas veces y sí, cayó en mis manos (no quiero contar que fui al rebote como un animal porque no quiero engañar a nadie). Como decía, me ‘encontré’con el balón en mis manos y sabiendo lo que quedaba de tiempo en el reloj poco tuve que pensar. Tal como la cogí la lancé a canasta rezando para que entrase. Si como estábamos explicando la percepción temporal depende de la rapidez con la que el sistema nervioso procesa la información de los sentidos, el mío iba lento, lento. Parecía ser yo un bebé de pocos meses o un pequeño ratón de apenas unos gramos. Todo iba a cámara lenta.

Todos los aficionados al baloncesto habrán vivido sensaciones similares viendo partidos que se deciden en el último instante. Hay muchos ejemplos (buenos y malos) a lo largo de estos años en el Unicaja. En algunos de ellos, como el que les cuento, he estado involucrado y siempre he tenido la misma visión de todo a cámara lenta con el correspondiente acongoje.

Ojalá no tengamos que vivir nada similar mañana contra Brose y llegue la victoria de manera más solvente, pero si no queda más remedio, que esos últimos segundos interminables acaben como aquel día, en el que la pelota sí entró.

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