Baloncesto

Una Liga pionera en Andalucía

Una representación de las jugadoras de la Liga +35, en las pistas de Federación. / Álvaro Cabrera

La competición femenina +35 se consolida en su cuarto año de vida

FÁTIMA ÁVILA-CASANOVA

Hace escasas semanas concluyó la cuarta temporada de la Liga +35 femenina de la delegación malagueña de la Federación Andadaluza de Baloncesto (FAB), que congrega a mujeres de más de 30 años que quieren pasar un buen rato haciendo lo que más les gusta, jugar al deporte de la canasta. Esta competición, pionera en Andalucía –y cuya existencia se debe a la persistencia y buen hacer de May Bandrés, ex jugadora de Primera B (actual Liga Femenina 2)y hermana del delegado de la FAB en Málaga, Ricardo Bandrés–, ha duplicado el número de equipos inscritos en sólo tres años.

La competición está repleta de veteranas del deporte de la canasta, algunas de ellas auténticas leyendas dentro del baloncesto femenino de la provincia, como es el caso de Beatriz Díaz-Larrauri, una de las tres únicas malagueñas que ha llegado a militar en la máxima categoría de este deporte. Gran parte de las integrantes de los ocho equipos que forman parte de la competición crecieron en clubes míticos como el Guindos o el Universidad de Málaga, pero el paso de los años y los quehaceres del día a día las llevaron a tener que abandonar un deporte que las apasiona, explica Teresa Ruano, quien disputó tres fases de ascenso a División de Honor (antigua Liga Femenina) con el Asunción: «En mi caso perdí la ilusión por jugar al baloncesto. Disputamos varias fases de ascenso, y en un par de ocasiones lo conseguimos, pero por temas económicos nunca pudimos debutar en División de Honor. Había invertido tanto esfuerzo en los entrenamientos, que al ver que no podíamos materializar nuestro objetivo me dio un bajón total. Continué jugando algún tiempo en la liga universitaria, pero al terminar la carrera me salió la oportunidad de irme a vivir a Estados Unidos y no me lo pensé. Allí estuve en contacto con el baloncesto, pero como entrenadora».

Las mejores jugadoras veteranas de la provincia forman parte de un campeonato que tiene como finalidad la diversión y el disfrute

Al igual que Ruano, muchas de las jugadoras de la Liga +35, mujeres a las que les sobraba el talento y las ganas de trabajar por llegar a lo más alto, se rindieron y colgaron las botas ante las grandes diferencias que existían, y a día de hoy persisten, entre el deporte femenino y el masculino. Sin embargo, esta Liga +35 les ha servido para reconciliarse con el baloncesto y con la competición, aunque el camino que May Bandrés tuvo que recorrer para crear este campeonato no fue nada sencillo. Ningún club de la capital se interesaba por tener una sección de veteranas, a lo que hay que sumar que la Federación le puso como requisito que al menos hubiese cuatro equipos inscritos para crear la Liga, recuerda: «En aquel momento empecé a tirar de contactos y a moverme por las redes sociales para reunir a antiguas compañeras. Al final, conseguimos formar cuatro equipos, y, después, el boca a boca y nuestra participación en los premios Endesa Basket Lover hicieron el resto».

La Liga sólo cuenta con dos jornadas al mes, que suelen disputarse los domingos, por aquello de la conciliación familiar, explica Bandrés: «Al principio jugábamos sólo un día, pero al aumentar el número de equipos participantes hemos tenido que incrementar las jornadas. Los partidos se disputan a modo de concentración, de tal modo que todas jugamos el mismo día y en el mismo lugar. Intentamos que siempre sea en pabellón, porque para nosotras es muy complicado andar aplazando encuentros a causa de la lluvia. Hay que tener en cuenta que la mayoría somos madres y tenemos que cuadrar la agenda de toda la familia».

Un ejemplo a seguir

En las gradas y en el parqué se vive un auténtico espectáculo de hermandad que continúa una vez que abandonan la pista, cuando las jugadoras se reúnen para tomar algo y, de este modo, compartir anécdotas del pasado y comentar jugadas del choque recién concluido.

Mari Carmen Morales, una madrina de lujo para las +35

La ex jugadora del Asunción y del Universidad de Málaga Unicaja Mari Carmen Morales es la madrina de la Liga femenina +35. Una figura de excepción para una competición única en la que las mujeres son las protagonistas. Morales es una de las históricas de la provincia, tras disputar tres fases de ascenso a la máxima categoría del baloncesto femenino, la antigua División de Honor (actual Liga Femenina), entre los años 1990 y 1993. Pero inesperadamente, con sólo 27 años, una lesión la apartó de las pistas. La rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda la hicieron despedirse de las canchas mucho antes de lo que a ella le hubiese gustado. No obstante, a día de hoy, sigue muy vinculada a este deporte a través de la Liga femenina +35, y a través de su familia, donde el baloncesto se vive con mucha intensidad.

El objetivo de esta competición es disfrutar y pasar un buen rato. Con ello pretenden ser un ejemplo para sus hijas, recalca Bandrés: «Queremos que vean que con esfuerzo se pueden conseguir cosas y que no tienen por qué abandonar el deporte cuando entran a la universidad o son más mayores». Y es que, a pesar del paso de los años, el baloncesto femenino malagueño sigue sangrando por la misma herida que lo hacía hace un cuarto de siglo, al no contar con un equipo de referencia al que puedan aspirar las grandes promesas de este deporte. «Las chicas deben tener claro que si quieren dedicarse a jugar al baloncesto van a tener que marcharse de aquí», destaca Bandrés; mientras, Díaz-Larrauri apunta: «Creo que en Málaga hay muy buena cantera. Lo ideal sería que hubiese un club fuerte, como el Unicaja, que trabajase para que todas las niñas tengan posibilidades de jugar. De este modo, de lo bueno saldría lo mejor. Aunque sé que esto es una utopía».

Su próximo reto es conseguir el respaldo necesario para acudir al Mundial FIMBA

La competición se ha convertido en todo un referente a nivel provincial, donde ya se ha creado una liga masculina de similares características, y regional, donde no existe nada parecido. Estas jugadoras, que una vez que entran en la cancha dejan de lado sus papeles de madres para convertirse en auténticas ‘cracks’ del balón, siguen apuntando alto, y su próxima meta la han marcado en el Mundial FIMBA. No obstante, para ello necesitarán patrocinadores y el respaldo que el mundo de la canasta, en más de una ocasión, les ha negado a lo largo de sus carreras deportivas.

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