Javier Imbroda, testigo de la deriva de la ACB

Javier Imbroda, en una imagen reciente. /SUR
Javier Imbroda, en una imagen reciente. / SUR

El técnico gana las elecciones a la presidencia de la Liga, pero no ocupará el cargo al contar sólo con 11 de los 18 votos, y no volverá a presentarse. El puesto queda vacante casi un año después de la renuncia de Francisco Roca

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

La Liga ACB escribió ayer un nuevo capítulo de la grave crisis que vive desde hace varias temporadas y que la hace perder terreno frente a la Euroliga y otras ligas nacionales europeas. Mientras el baloncesto crece de forma ilusionante en otros países, en España se experimenta un retroceso sólo frenado por los éxitos de los clubes más pujantes y las apariciones puntuales de la selección.

La no elección de Javier Imbroda como presidente de la Liga ACB escenificó los intereses que precisamente lastran al deporte de la canasta. Fue un día rocambolesco y que terminó en esperpento. A las diez de la mañana comenzó la asamblea general encargada de elegir a un presidente que no tendría poder ejecutivo, pero sí una necesaria capacidad de representación. Los aspirantes eran el entrenador del Unicaja, Mayoral Maristas, Real Madrid y la selección, Javier Imbroda, y los abogados Miguel Juane, exinternacional, exdirector general del Obradoiro y abogado especialista en derecho deportivo, y Juan Francisco García, expresidente del Estudiantes.

Antes de que comenzase la votación, el último de los candidatos fue detenido en el marco de la operación por blanqueo de capitales y delito fiscal que se saldó también con el arresto del exministro Eduardo Zaplana, del que fue jefe de gabinete. Mal comenzaba el día para una ACB cuyo nombre comenzó a verse salpicado por este asunto. García se 'autoeliminó'. Imbroda ganó la primera votación por ocho votos, frente a los cuatro de Juane y se registraron seis abstenciones, este último dato ya reflejaba la falta de predisposición de los clubes con un asunto importante para la Liga, como es que la competición tenga una cabeza visible. En una segunda votación, ya con Imbroda como único candidato, que necesitaba 14 los 18 votos, se quedó en once. Sí, cuesta creerlo que con una sola opción, los clubes del baloncesto español no sean capaces de llegar a un consenso, máxime cuando el anterior presidente, Francisco Roca, anunció que renunciaba al cargo en agosto del año pasado.

Ante esa falta de consenso, Imbroda ha tomado la decisión personal de no volver a presentar su candidatura. «Me alegra haber sido el candidato más votado. He tratado de dejar claro a los clubes que mi proyecto es la ACB, que cuanto más fuerte sea la Liga, mejor nos irá a todos. Respeto todas las posturas, pero no volveré a presentarme», dijo a este periódico.

¿Qué hay detrás de esto? Básicamente es una mezcla de intereses por la supervivencia, de presiones incluso gubernamentales y de la lucha que se vive entre los equipos modestos y los de la Euroliga. Miguel Juane, vencido por Imbroda, era el candidato que contaba con el respaldo del CSD, que preside José Ramón Lete. Con el primero fuera de juego, algunos clubes optaron por la abstención, lo cual es incluso más grave.

A medida que iban trascendiendo los resultados vía Whatsapp, cómo no, se especuló con la posibilidad de una tercera votación, conscientes los clubes de que el ridículo podía ser mayúsculo. Cambiar el sistema de votación o la mayoría necesaria para la elección no era viable porque implicaba un cambio en los estatutos, pero si no hay acuerdo para votar a un candidato único, ¿cómo se van a cambiar unos estatutos? ¿Y qué mensaje se lanza al exterior? Si Imbroda, con experiencia en varios equipos, seleccionador y hombre de baloncesto no vale, ¿quién vale? ¿Quién es el valiente que se presenta ahora?

Desde que trascendió su candidatura, el técnico melillense emprendió una ronda de contactos con todos los clubes de la Liga. Se cruzó España para transmitir su proyecto, pero quizá le faltaba conocer lo que se gestaba en las alcantarillas de la Liga. Donde se compran votos, ascensos, favores y descensos con cesiones, fichajes y promesas. Seguramente era el candidato más ilusionado con el reto que se le planteaba por delante, cien por cien, pero la realidad del baloncesto español, incluido el que depende de la Federación Española, es tan triste que supera cualquier ficción. Y mientras, otros países nos pasan por la izquierda y por la derecha.

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