Imbroda cuenta su «calvario» tras sufrir un cáncer de próstata

(Melilla, 1961)/SUR
(Melilla, 1961) / SUR

«Estar mentalmente fuerte es clave para superar la enfermedad», dice el exseleccionador nacional de baloncesto

Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

Siempre fue reacio a ir al médico. Llevaba tres años sin visitar una consulta, sin hacerse un reconocimiento médico rutinario, ni un análisis de sangre, ni de orina. «¿Para qué?», se preguntaba. Siempre se había encontrado bien y nunca había tenido que tomar una pastilla para nada, ni siquiera durante los tres meses que aguantó con molestias hasta que decidió acudir a un especialista. «Tenía dificultad al orinar, pero pensé que sería una pequeña infección» Hoy, Javier Imbroda (Melilla, 1961) le pone nombre y apellidos a lo que en aquel momento «no tenía importancia» para él, pero que casi le cuesta la vida. Se llama cáncer de próstata. «Era de grado 10, el más agresivo y con metástasis», precisa. ¿Cómo podía ser? Todos los estudios han asociado siempre la prevención del cáncer con la práctica del ejercicio físico, la dieta sana y la vida saludable. Imbroda, el que fuera seleccionador nacional de baloncesto y entrenador en la liga ACB durante 17 temporadas de equipos como el Real Madrid, el Unicaja (Málaga) y el Caja San Fernando (Sevilla), lo cumplía a rajatabla. Pero él siempre fue consciente de que le podía tocar esta fatídica lotería. «Los deportistas no somos inmunes a la enfermedad, aunque sí nos prepara mentalmente para afrontarla», afirma. Un año después está limpio y todos los indicadores son normales. Puede contarlo y quiere hacerlo, «por si ayuda», del mismo modo con el que ha afrontado el cáncer estos meses: Con mentalidad de superación y espíritu de competición.

Carta íntegra

A su perplejidad inicial, continuó un particular «calvario» hasta conocer el diagnóstico definitivo. «Pruebas y más pruebas convirtieron mi estado anímico en una especie de montaña rusa emocional. Los resultados no eran concluyentes y empecé a intranquilizarme, hasta que en una segunda biopsia se confirmó lo peor». Aún recuerda el mazazo en aquella consulta acompañado de su esposa. «El primer impacto fue el abatimiento y a la incertidumbre inicial de no saber qué tienes realmente, se sumó la de si habría cura y si el tratamiento haría efecto». En su caso, todo ese cóctel de información se lo resumieron los médicos en una cifra: 10 años de vida, como mucho. «Me pusieron fecha de caducidad y supe que esto se acababa», recuerda.

-¿Hubiera cambiado todos sus éxitos profesionales por que el diagnóstico hubiera sido erróneo?

-«En esos momentos, en que lo que está en juego es tu vida, los éxitos se pueden ir a hacer puñetas. Mi mujer me decía que este era el partido que me faltaba por ganar y en ello estoy».

Imbroda asegura que lo más duro fue ponerle «cara» a su enfermedad, pero que una vez identificado el «enemigo», pasó de la desolación al enfrentamiento. «Me preparé, saqué fuerzas y me dije: ahora soy yo el que voy a ir a por ti», rememora el exseleccionador nacional. Tomó la determinación de mirar cara a cara a la enfermedad, de no cederle «ni un centímetro de posibilidades, porque el cáncer no entiende de pausas». Y en aquella batalla contra el «ejército invasor», que va socavando la salud física, «atacando territorios y conquistando nuevas tierras», Imbroda confiesa que hablaba con sus células sanas. Había que contrarrestar aquella endiablada estrategia «para que éstas no se dejaran convencer por las malas». Pero, ¿cómo hacerlo? Si algo ha aprendido el que lograra ser el quinto entrenador con mayor número de victorias en la historia del baloncesto español es que estar mentalmente fuerte es clave para afrontar con éxito los tratamientos. «Los bajones de ánimo son inevitables, pero es algo que uno no se puede permitir». Por eso, además de esa fortaleza mental, el extécnico considera crucial mantenerse activo y seguir el ritmo de vida. Por eso y siguiendo la disciplina de quien ha sido deportista toda su vida, el cáncer nunca impidió que siguiera haciendo ejercicio físico o siguiera tomando «mi ron y mi habano cuando encartaba», declara.

«Mi mujer me decía que este era el partido que me faltaba por ganar y en ello estoy»

Por todos es conocido que durante todo estos meses se mantuvo al pie del cañón en sus actividades, pendiente de su fundación para ayudar a niños en riesgo de exclusión social, de su proyectos empresariales dirigiendo varios centros médicos y de formación profesional e, incluso, sin resistirse a criticar con dureza en su cuenta de Twitter al técnico del Manchester City: «Escuchar a Pep Guardiola hablar de democracia y del 'pueblo' es como escuchar a Falete hablar de dieta mediterránea. Y que me disculpe Falete».

Medicina, actitud y familia. Tres ejes de supervivencia y en donde el último ha sido fundamental para Imbroda. «Mi familia es fuerte, pero siempre he intentado que me viesen bien y animado para transmitirles tranquilidad e intentar, en la medida de lo posible, continuar viviendo con cierta normalidad», apunta.

A toro pasado, Imbroda reconoce que sintió cerca la muerte y «pena» por las personas que dejaba en el camino, pero que de todo aquello ha aprendido. Ha salido fortalecido y con una vitalidad renovada. Afronta sereno su futuro, sin miedo a esa nueva revisión en marzo, pero sin que el pellizco en el estómago acabe de quitarse y su mente permanezca en guardia ante cualquier rebelión inesperada.

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