UNA HISTORIA PARA COMPARTIR

JAVIER IMBRODA

Mi querido amigo y compañero de tantas fatigas, Pedro Ramírez, está escribiendo unos maravillosos artículos en este medio de los que tanto estamos disfrutando referentes a una efeméride histórica que cumple años en este mes de mayo. Nada menos que 30. Tiempo que habla sobre un ascenso único y me atrevo a afirmar que, con este mismo modelo de competición, irrepetible. El Mayoral Maristas, aquel equipo de colegio que alcanzó un sueño inimaginable, ascender a la ACB. Y no solo ascender, sino competir entre los mejores durante cuatro intensas temporadas, las dos últimas sin los Smith, nuestros principales baluartes del sueño. Cada uno, por circunstancias diferentes, tomaron su rumbo. La finalización de trayecto fue en 1992 y el acuerdo con el entonces Unicaja Ronda crearía el origen del Unicaja actual, pero esa es otra historia.

Hoy en día, todavía me para gente por la calle para recordarme aquellos tiempos. «Yo estuve allí», «Era su alumno y me pedía que le cogiera los rebotes a Mike Smith», «Nunca olvidaré esos partidos en el pabellón del colegio...» Y así. Ese recuerdo que comparto con todos ustedes me retrotrae a los mejores años. Un joven llegado de Melilla con un par de bolsas de deportes, una diplomatura de Magisterio y una pasión por el baloncesto como único patrimonio. Profesor del colegio de día y entrenador de noche.

¿Por qué yo era llamado para entrenar al equipo de un colegio de tanta tradición baloncestística como Maristas? ¿Qué vieron en mí, un chico tan joven sin experiencia para tanta responsabilidad? Lo desconozco.

Damián Caneda, Jacinto Castillo y el hermano Julián fueron los que facilitaron mi llegada. A todos ellos, mi agradecimiento eterno. A Pedro Ramirez, al quien conocí compitiendo en un sector juvenil la temporada anterior y le pedí si me quería acompañar en esta aventura y que aceptó al momento, mi agradecimiento por todo lo vivido, por su talento y esfuerzo en ayudarme a construir un sueño que dejamos como legado para 'la calle Victoria', Málaga y el baloncesto español.

Gracias a todos mis jugadores, chicos muy jóvenes que creyeron en nosotros para crecer y competir sin ningún tipo de complejos. Una de las grandezas de aquella gesta fue que sabían de nuestra mentalidad, que serían los mismos protagonistas, los que empezaron en una Segunda División y llegar a la ACB, y continuar hasta donde ya no pudiéramos más.

Gracias a todos los que nos ayudaron; muy difícil enumerarlos a todos. Nuestro equipo técnico, Jesús Perez (delegado), Paco Espíldora (médico), Manuel Leal (preparador físico) y Antonio Peláez (fisioterapeuta), casi todos provenientes de la cofradía de los Estudiantes, donde Pedro los reclutaba para que nos ayudaran de una forma desinteresada. La cofradía se convirtió en una especie de cantera de nuestro equipo técnico. El arte de Pedro.

Gracias a Maristas y a sus hermanos encabezados por el hermano Julián. A veces asustadizos por la dimensión que aquello iba tomando. Normal. Echo en falta en ese pabellón del colegio para orgullo de tantas generaciones de alumnos que por allí pasaron y pasarán alguna placa que expresara la cantidad de deportistas de balonmano y baloncesto que salieron de su recinto, algo sencillamente impresionante.

Gracias a Rafael Domínguez de Gor, alma máter de Mayoral por darnos el empujón definitivo y ayudar a que nos respetaran en todas las instancias.

Y gracias a la vida, por haberme permitido compartir esta efeméride con todos. A final de junio nos juntaremos los que podamos para celebrar y reivindicar un hecho irrepetible. Será muy emocionante volver a recordar y también a vernos. El abrazo promete ser duradero.

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