Tiro libre

Cambio de rumbo

PEDRO RAMÍREZ

El baloncesto español vive momentos de confusión. A la crisis de las ventanas FIBA, aún en plena vigencia (fruto del enfrentamiento de este organismo con la Euroliga), tenemos ahora que sumarle la convocatoria de huelga de los jugadores, que amenaza, ni más ni menos, que a la celebración de la próxima Copa del Rey, una competición de éxito y de gran trascendencia mediática, de las más rentables, sin duda alguna, y que más prestigian nuestro deporte.

Alfonso Reyes lidera, junto a Rafa Jofresa, con mano firme la ABP, la asociación que representa los intereses de los baloncestistas profesionales en España y no está dispuesto, en ningún modo, a permitir que se cuestione la dotación del fondo social que financia íntegramente y desde hace ya 28 años su propia existencia, al estilo de la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles); es decir, la de una organización o, mejor dicho, sindicato de jugadores que está dedicado, como no puede ser de otro modo, a proteger y dar respuestas a sus inquietudes y a las cuestiones que afectan al desarrollo de su profesión frente a una patronal, la ACB, descabezada y sin liderazgo que navega sin rumbo desde hace ya bastante tiempo y que aplazó por más de seis meses, y sin motivos conocidos las conversaciones pertinentes que pudieran llevar a las partes a acordar un nuevo convenio. Sin duda, una falta de previsión que nos ha conducido a una delicadísima situación y con escaso margen que todos esperamos que se resuelva a tiempo. Así, mientras la ACB habla de anacronismo en la reivindicación de la ABP, defiende, sin embargo, haber diferido a otro foro la revisión del modelo de elegibilidad de los jugadores extracomunitarios, desvinculándolo por completo de la negociación del convenio, lo que también afecta a la FEB.

Muchos son los males que acucian al baloncesto español, y a estos que tanto nos ocupan ahora hay que añadirles otros que necesitan también una respuesta urgente. Hablamos de las dificultades económicas de muchos de los equipos que integran la ACB, de la necesidad de que se incorporen nuevos patrocinadores a la Liga, de los bajos índices de audiencias televisivas, de haber permitido comerse su propio terreno en favor de la Euroliga y de la cada vez más escasa presencia de jugadores españoles en las diferentes plantillas, lo que, a mi entender, daña inevitablemente el sentido de identidad de los equipos, el de pertenencia de la afición a sus clubes y, lo que es aún peor, el buen desarrollo y motivación de nuestras canteras, que han de ver siempre un camino posible que les pueda llevar a alcanzar al lícito sueño de ser algún día jugadores de ACB o de sus primeros equipos. Un equilibrio necesario entre jugadores foráneos y de casa que fortalezca la afición y el futuro de nuestro deporte. No se trata de regalar nada, pero sí de generar las dinámicas necesarias capaces de rentabilizar el talento del jugador español, que tanto bien nos acaba reportando a la selección y, por supuesto, a la propia Liga.

Y es que la ACB pide a gritos un cambio inmediato de rumbo que la devuelva a la senda de la buena gestión de la que presumimos en otros tiempos. Es un modelo agotado que requiere de nuevas personas al frente, posiblemente alejado por un tiempo del eje catalán que lo ha monopolizado tantos años, ambicioso, con una visión empresarial mucho más clara de la competición profesional y desde el profundo conocimiento del baloncesto; que sepa dinamizar los recursos que tiene a su alcance, sabiendo valorar la importancia que ha de tener el jugador español y su formación, en estrecha complicidad y comprometidos con la FEB y la ABP, y que redunde en un aumento de licencias federativas y en el fortalecimiento de todas las ligas menores para que devuelvan el interés de la afición a su máximo exponente. Un papel de liderazgo, al fin y al cabo, que no debió abandonar jamás.

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