Basado en hechos reales

Los hermanos Julián y Ángel, Adela Capón, Damián Caneda, José Gómez Téllez, Antonio Chaneta y Jacinto Castillo, en uno de los primeros actos del Club Maristas./SUR
Los hermanos Julián y Ángel, Adela Capón, Damián Caneda, José Gómez Téllez, Antonio Chaneta y Jacinto Castillo, en uno de los primeros actos del Club Maristas. / SUR
PEDRO RAMÍREZ

(Julián, Jacinto, Rafael y Damián; Ángel, Agustín, Agapito y Félix; Manolo, Carlos, Joaquín, Eduardo, Juan y José Luis…)

Al terminar mi anterior 'Tiro libre' ('Hoy es siempre todavía') les prometí que continuaría hablándoles de las efemérides que ahora cumple 30 años, el ascenso de Mayoral Maristas a la élite del baloncesto español y, ¡allá va!, aun a riesgo de resultar pesado. Eso sí, disculpen la chorrada del título, pero es que, ¿para qué mentirles? Quería captar su atención. Supongo que por eso mismo lo ponen en las pelis, pero les aseguro que en este caso, además de ser un truco malo, es verdad. O al menos como tal lo tengo guardado en mi memoria. Intentaré no exagerar demasiado, pero ya se sabe que en la distancia del tiempo normalmente nos quedamos con todo lo bueno y obviamos lo malo, aunque en la vida todo lo que merece la pena acaba siendo una historia de superación (como esta), un gran relato vivido, a veces sufrido, en nuestras propias carnes o que quizás, para según quién, no sea para tanto. En cualquier caso, juzguen ustedes mismos.

(Miguel, Diego, Chami, Jesús y Javi; Juanjo, Ana Tere y Juanita….)

El hilo conductor son las personas y cada una tiene una y muchas historias que contar. Seguramente ninguna por sí misma sea definitiva, pero todas juntas son imprescindibles para llegar a comprender el final. Nadie puede faltar y yo no quiero olvidarme de sus nombres, aunque recordarlos todos resulte imposible. Por eso, desde aquí, mi sincero homenaje y agradecimiento a todos aquellos que lo hicieron posible y por todo lo que hemos compartido.

Gesta. Página de SUR del ascenso de Maristas.
Gesta. Página de SUR del ascenso de Maristas. / SUR

(Nacho, Manolo, Emilio, Ángel, Juan Jesús, Tomás, Adolfo, Toa, Antonio, Rocío, María del Mar y Rafa…)

Y aquí una de esas historias, brevemente y hasta donde se puede contar. Nos conocíamos de referencias y de algún encuentro fortuito. Recientemente nos habíamos enfrentados en el sector juvenil andaluz en Almería, cuando sólo un equipo podía representar a Málaga en dichos campeonatos. Yo, al frente del equipo del colegio, y él, al frente del de Melilla cuando aún estos podían asistir a este tipo de citas deportivas de nuestra autonomía. La directiva del Club Maristas había decidido ficharlo de primer entrenador y yo recibí casi inmediatamente su llamada para proponerme el puesto de segundo. No me tomé mucho tiempo para pensarlo y acepté de inmediato. Tras ese primer cambio de impresiones que mantuvimos en el mítico Pub Zambra, en el que un jovencísimo Javier Imbroda ya transmitía por entonces proyecto, ilusión y ambición a raudales. Sintonizamos bien desde el principio, aunque aún era demasiado pronto para poder anticipar las consecuencias y el rumbo que iban a tomar nuestras respectivas vidas y todo lo que íbamos a compartir.

Y aunque en aquellos momentos no supiéramos apreciarlo tan claramente, sí que pudimos reconocer después que fue una apuesta decidida y valiente por parte del club poner al frente de un equipo como aquel, que militaba en la antigua Primera B (segunda categoría nacional) a dos entrenadores menores de 25 años, estando integrado además en su mayoría por jugadores mayores que nosotros. Un reto sin duda ilusionante y fantástico que en algunas ocasiones parecía que se nos escapaba de las manos y que nos obligaba a superar las pruebas a las que nos veíamos sometidos una y otra vez, un curso acelerado para aprender para siempre que las personas están por encima del juego y para ir interiorizando poco a poco qué baloncesto realmente queríamos hacer.

(Juanma, Sergio, Manuel y Ernesto; Antonio, Paco, Víctor y José…)

Ni qué decir tiene que descendimos esa temporada, lo que acabó siendo paradójicamente la gran oportunidad que necesitábamos para iniciar en la siguiente tan ansiado proyecto, donde se empezaron a poner los cimientos y los fundamentos que nos permitirían lograr en el futuro nuevos objetivos, en la que se establecieron también rivalidades que nos enriquecieron y ayudaron, y de qué manera, a crecer: San Eestanislao, Caja de Ronda, Caja San Fernando, Valencia…

Ya entonces se fueron incorporando muchos de esos jóvenes que acabaron siendo absolutamente determinantes en el devenir del club, que evolucionaron con el propio equipo y que acabaron muchos de ellos escribiendo brillantes páginas de nuestra historia, de la Liga ACB e incluso en las diferentes selecciones españolas.

(Enrique, Paco, Mike, Ray y Carlos; José Pedro, Jesús, Salva y Alfonso; Juan, Iñaki, Rafa, Manolo y Pepe; Nacho, Achi, David, Alberto y Miguel...)

¡Y cómo te absorbe la pasión por el baloncesto! No había mucho tiempo para nada más: preparación de partidos, viajes e interminables debates, construcción de una cantera con una estructura de formación veraz y competitiva, formación de entrenadores, asistencia a 'clinics' (ya sea pernoctando en la casa de doña Josefina o en pensiones de mala muerte), largas travesías en carretera en aquel viejo Renault 7, asistencia a los campeonatos de Europa en Atenas o Zagreb, al Mundial de España o a los entrenamientos del equipo nacional del gran Antonio Díaz-Miguel, la organización del campus Mayoral de verano en Marbella, del Campus Bacardí para jugadores profesionales… Y siempre con los ojos bien abiertos, lo que nos transportó de pleno al mundo del baloncesto profesional.

(Joaquin, Chotis, Manolo, Mariano y Pepe…)

Para cuando volvimos a la Primera B ya empezábamos a ser reconocibles, teníamos unas claras señas de identidad: equipo pequeño y rápido; defensa en toda la cancha todo el partido, con máxima presión al balón y tomando riesgo en las líneas de pase; correr siempre en cuanto nos lo permitiera el juego; reparto eficaz de los roles en el equipo y en la toma de decisiones; polivalencia táctica en defensa y en ataque; sin egoísmos con el balón; vestuario unido y solido; máxima intensidad en el partido y también en cada entrenamiento; sencillez en los conceptos; máximo esfuerzo y constancia; lealtad sin fisuras, indomable ambición…. Trabajo y más trabajo. Era difícil comprender en esos momentos que esos valores que formaban parte de nuestra normalidad eran en realidad tan difíciles de lograr, los que más admiraban nuestros rivales y más temían a la hora de enfrentarse a nuestro equipo y los que acabaron granjeándose el respeto de toda España, para después, con el tiempo, irte dando cuenta de que cuando no se tienen nada es igual.

(Alfonso, Javi, Walter, Fredy, Antonio, Ricardo y Alejandro; Guillermo, Carlos, Agustín, Fran y Manolo; José David, Adolfo, Gabi, Perico, Julio, Juan, Antonio y José Ángel...)

Compartir te hace más fuerte. De eso trata mi historia, los buenos y los malos momentos, vivencias deportivas y también personales, Garabatos del destino que en resumen nos dieron a tantos tantas alegrías.

(Continuará).

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