AMENAZAS AQUÍ Y ALLÁ

MANUEL CASTILLO

Hay quienes a esa actitud le llaman 'morir con las botas puestas'. Yo entiendo que esa definición se adjudica a quienes, luchando por un fin noble y altruista, mueren en el intento. No es el caso de Ángel María Villar que, de haberse dedicado a la política, tendría un hueco de relieve entre Manuel Chaves y Carlos Puigdemont, ya sea por aquello de creerse dueño de 'su cortijo' o, por aquello de librarse de la cárcel y buscar fuera de España lo que no puede conseguir entre nosotros. Más de tres décadas presidente de la Federación Española y notoriamente infiltrado entre los mandos de la FIFA, Villar no acepta su exclusión del fútbol español y amenaza ahora y no deja títere con cabeza culpando de todo a Lete, Tebas y Cardenal (y hasta a Rajoy) con tal de salvar su pellejo. En numerosas columnas como esta en los últimos años he venido expresando mi opinión sobre el exclusivo mandamás de la federación y del extraño apoyo del máximo organismo futbolístico, muchos de cuyos miembros han encontrado en la cárcel el 'premio' a sus actividades, justo cuando el Mundial de Rusia está llamando a la puerta. Sin ánimo de comparar (y mucho menos de acusar) existe otro caso a revisar, el del estamento arbitral a cuyo frente lleva 25 años el cántabro Sánchez Arminio, tan inamovible en el Comité como Villar en la Federación. Una revisión y nuevas ideas para el vapuleado arbitraje en cada jornada no vendría mal.

Y del Málaga, ¿qué quieren que les diga? Las expresiones de apoyo y de aliento al equipo están ya casi agotadas. Los jugadores, que no deben de ser tan malos, no espabilan. Para cerrar el año queda el partido de mañana en Vitoria, una amenaza más. Allí, como tantas otras veces, será el ser o no ser del equipo en Primera. Mantengamos, pues, la esperanza de que también espabile el entrenador.

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