Diario Sur

Lewis Hamilton echa el resto

  • El británico se lleva la última 'pole' de la temporada, con Rosberg detrás controlando sus posiciones para alzarse con el título mundial

Lewis Hamilton no ganará el Mundial (o al menos eso dicen las probabilidades), pero no será porque no lo ha dado todo. El británico sabe que debe ganar en Abu Dabi para ser campeón como primera premisa, ya que su compañero Nico Rosberg no apunta a fallar en la que puede ser una carrera inolvidable en su vida. Hamilton, que ya sabe lo que es levantar un entorchado en Abu Dabi, se hizo ayer con la duodécima 'pole' de la temporada con tres décimas sobre el otro piloto de Mercedes, y tiene una hora y media para hacer historia.

Se puede dar la irónica circunstancia de que Hamilton logre la victoria más pírrica de su carrera deportiva o la más grande que ha conquistado nunca. Si ambos pilotos acaban tal cual salen, el campeón será Rosberg. El alemán sabe que con controlar de cerca al británico levantará el título del mundo. No tiene que mirar por delante y, de hecho, tendrá que estar más pendiente de los retrovisores.

En Red Bull están empeñados en tomar un papel protagonista en la última hora y media de temporada. Daniel Ricciardo, que sale tercero, y Max Verstappen, que tras una de sus peores clasificaciones lo hará sexto, decidieron versionar el guión de la carrera de 2010 y se sacaron de la manga una estrategia a contrapelo con la que pretenden asaltar el podio y, si pueden, la victoria. La clave estuvo en la Q2, donde todos los presentes salieron con neumáticos ultrablandos, los más rápidos, pero ellos lo hicieron con superblandos, el rango intermedio para esta carrera. Eso implica que en la primera parte de la prueba podrán alargar la entrada, lo que a la postre puede ser fundamental si logran separar a Hamilton y a Rosberg, o meter a ambos por detrás.

Las espadas están en todo lo alto. Hamilton intentaba aparentar tranquilidad, y no le queda otra que afrontar así la carrera. «Siento mucha energía y estoy confiado. Es un fin de semana diferente al de 2014. En esa oportunidad no pude dormir bien porque trabajé muy duro ese año y tuve situaciones complicadas esa temporada. Cuando perdí el campeonato en 2007 supe lo que se sentía al perder un campeonato. Tengo todo para ganar mañana (por hoy) y estoy emocionado por ello», aseguró, confiado, mientras Rosberg medio sonreía a su lado. «Trato de tomármelo de manera simple. No pienso en hipótesis. Voy mantenerme positivo. Sólo quiero ganar la carrera. Tenemos que esperar a ver qué pasa y después podemos hablar de todo lo que quieran», dijo.

Alonso, destacado

Aunque todas las miradas y el lógico protagonismo está arriba, por detrás los destellos que dejó Fernando Alonso merecen un aparte. El asturiano sacó de donde no hay no solo para meter el McLaren en la Q3, algo que se había mostrado esquivo en las últimas pruebas, sino para además marcar un noveno tiempo final que le permitió dejar atrás a un Massa que ya huele a despedida. La lucha no es baladí, ya que en la clasificación sólo hay dos puntos entre ambos y no es lo mismo acabar décimo que undécimo, en lo moral y en lo deportivo.

Para Carlos Sainz el último gran premio se le está haciendo muy cuesta arriba. El viernes apenas rodó por el último invento de Toro Rosso, unas llantas con las que supuestamente ganan en rendimiento de los neumáticos. La FIA ya les avisó de que no iban a tolerar más pinchazos como los del viernes en el coche de Kvyat, así que no tuvieron más remedio que sacrificar los terceros libres para tirar de 'rotaflex' y pulir las llantas de sus dos monoplazas. El resultado: llegaron a la clasificación sin apenas preparación, con el 'set up' del coche a medias y sin apenas opciones.

Sainz culminó su peor clasificación, y partirá desde la última fila, penúltimo, con escasas opciones de puntuar. Todo lo que sea que acabe la carrera será un éxito, ya que este final de temporada se le ha complicado mucho más de lo esperado. «Hasta ahora ha sido el peor fin de semana de la temporada. Esperemos que vayan mejor las cosas en carrera», se esperanzaba el madrileño.