La zoofilia, el arte y las sensibilidades

La Sociedad Protectora de Animales clama contra algunas obras del pintor Santiago Ydáñez en el CAC. El debate entre sensibilidades y censura está (de nuevo) servido

Algunas de las obras de Santiago Ydáñez en el CAC. /Fernando González
Algunas de las obras de Santiago Ydáñez en el CAC. / Fernando González
María Eugenia Merelo
MARÍA EUGENIA MERELO

El artista jiennense Santiago Ydáñez ha sacudido con fuerza la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Málaga. El colectivo animalista se ha movilizado porque en algunas obras de la exposición ‘El corazón manda’, que el artista exhibe ahora en el CAC Málaga, retrata a perros y gatos manteniendo relaciones sexuales con personas. Sus servicios jurídicos, los de la protectora, se han puesto manos a la obra para que los cuadros sean retirados tras una visita de Julia Cobaleda, funcionaria, pintora y voluntaria de la protectora al centro de arte malagueño. Consideran que las obra de Ydáñez denigran a personas y animales, además de suponer una apología de la zoofilia, penada en España en el artículo 337 del Código Penal.

Si los voluntarios de la Sociedad Protectora de Animales recorriesen, además del CAC, la historia del arte, de la literatura y del cine no terminarían nunca de denunciar los abundantes ejemplos que nos han regalado sobre el amor a los animales. Geoge Steiner, uno de los intelectuales más destacados del siglo XX, profesor, crítico y teórico de la literatura y de la cultura, defendió con humor que en el terreno amoroso «las cosas fundamentalmente han sido iguales desde que el hombre conoció a la cabra y a la mujer». Quizás por eso, en una cueva en Val Camonica, en el norte de Italia, se muestra una pintura, datada en el 8000 a. C., en la que un hombre está a punto de penetrar a un animal. La zoofilia ha sido inspiradora de la imaginación y la creación humana a lo largo de los siglos.

De las fechorías amorosas de la mitología griega están llenas las galerías de los grandes museos. Zeus convertido en toro blanco para raptar a Europa y llevársela a Creta y engendrar tres hijos. O disfrazado de águila, para yacer con el joven Ganímedes. Y su más popular y efectiva apariencia, la de cisne para poseer a Leda, reina de Esparta, el acto de bestialismo más inspirador de poetas y pintores de todos los tiempos. En el Museo del Prado puede verse una escultura de Leda realizada por Timoteo (380-350 a. C.). Pero el mito también inspiró a pintores como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Rubens, Correggio o Cézzane. Y a Salvador Dalí. Pasífae, la esposa del rey Minos, se disfrazó de vaca para copular con el toro blanco de Creta, un episodio también inspirador en la historia del arte. Animales, personas, amor, pasión y sexo recreados por las paletas de grandes maestros.

En la Biblia o en ‘Las mil y una noches’ hay referencias a episodios de zoofilia. Amén de multitud de sacrificios de animales para limpiar los pecados y ganar la gloria. Por ilustrar con un ejemplo reciente y cercano, el escritor Álvaro Del Amo reunió en ‘Tabú’ dos novelas cortas que nacieron de sendos relatos: ‘El día de la reconciliación’ (sobre el bestialismo) y ‘El nieto’ (sobre el incesto).

También en casa, en 1977, el director Eloy de la Iglesia dirigió la película ‘La criatura’, en la que una mujer se enamora de un perro llamado Bruno. En 2007, en el Festival de Sundance, se presentó a concurso ‘Zoo’, elogiada cinta dirigida por Robinson Devor, un documental que se acerca al mundo de la zoofilia a través de la historia de un hombre que falleció después de mantener relaciones sexuales con un caballo. La película también fue una de las cinco obras estadounidenses que se presentaron en la prestigiosa sección Directors’ Fortnight del Festival de Cine de Cannes que se celebró ese mismo año.

A la movilización de la Sociedad Protectora de Animales, el CAC Málaga ha respondido con una nota en la que aboga «por la libertad de creación, que es un derecho inalienable de la cultura» y en la que también resalta que en el acceso a esa zona de las salas hay una señalética explicativa. «Las obras a las que se hacen referencia -prosigue la nota del centro -muestran un sentido irónico de una temática, no una incitación a realizar la misma. El arte contemporáneo brinda la posibilidad de realizar una crítica irónica sobre una temática sin que el artista tenga que estar de acuerdo con la misma, para que remueva conciencias y estimule la crítica social».

Creación versus incitación. Si la creación queda reducida a la intención incitadora, ¿descuelga el Museo del Prado la espléndido ‘Saturno devorando a su hijo’ de Goya por apología del infanticidio? ¿Descuelgan los grandes museos tanta recreación de la guerra, del sacrificio, del horror y de la tortura? Si hablamos de cine, buena parte de las películas que se emiten en las salas y en las televisiones son apología de la violencia, del terrorismo, del racismo, del maltrato y de unos cuantos delitos más, tipificados claramente en nuestro Código Penal. Como la polémica en torno a la película ‘Hasta los huesos’, de Marti Noxon, de la que ya muchos denuncian que es apología de la anorexia cuando todavía ni la han visto, entre otras cosas, porque no se ha estrenado. Junto a cuadros y películas, los millones de libros e historias que albergan las bibliotecas.

Defendía Marcel Duchamp que no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros. Como son los espectadores los que hacen una película y los lectores los que hacen una novela. Sus miradas, sus códigos, sus emociones. Esos que dibujan la delgada línea roja entre las sensibilidades y la censura. El debate está (de nuevo) servido.

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