William Kentridge: «Pienso con el cuerpo, no con el cerebro»

MIGUEL LORENCI MADRID.

A William Kentridgde (Johannesburgo, 1955) le aconsejaron concentrase en una sola disciplina si quería ser alguien en el mundo del arte. Dejó la escultura y el dibujo y optó primero por el teatro y por el cine después. «Encadené varios fracasos como actor e hice películas terribles», confiesa hoy el creador sudafricano y premio Princesa de Asturias de las Artes 2017. Cuando volvió a mezclar dibujo con cine y teatro, a moverse y «danzar» en un maremágnum creativo, las cosas comenzaron a ir por la senda que deseaba, hasta «sobrevivir al fracaso» y convertirse en un artista «relevante».

Un creador «esencial» según Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía y comisario de la muestra que el museo dedica a Kentridge, la primera gran retrospectiva centrada en una teatral visión del mundo que le sirve para criticar el apartheid y la violencia desde la ironía. Lo hace a través de unas piezas que surgen de ese «baile» entre disciplinas, primordial para un creador que asegura «pensar con el cuerpo y no con el cerebro» y que tiene en lo incierto a su mejor aliado.

Artista esencial

'Basta y sobra' es la primera exposición que se fija en en la producción escénica de Kentridge y lo define a través de sus proyectos para teatro, ópera y sus performances. Lo más característico de un artista «anacrónico, crítico y autocrítico, ambiguo, político y esencial», según Borja-Villel. Él fue el primero en mostrar en España el trabajo de Kentridge cuando estaba al frente del Macba de Barcelona en 1999 tras descubrirlo en la bienal de Johanesburgo y en la Documenta de Kasel y quedar «extasiado» con su trabajo.

«Esta exposición muestra mejor que cualquiera la reunión de cine, teatro y dibujo, los tres mundos en mi obra, y como sobreviví al fracaso al alternarlos» reconocía el artista. Asegura que «unas disciplinas alimentan de otras» y que es «la impureza lo que genera esa provocación que me permite crear unos dibujos que reaparecen a través del cine y el teatro». En la base del trabajo poliédrico artista brillan unas 'fantasías animadas' seminales para su obra, un cine dibujado «preindustrial, con muchas referencias a las vanguardias históricas, a Grosz y a Nolde, pero también a Goya» según Borja-Villel. Algo que acentúa el «anacronismo del arte de Kentridge en una época en la que todos soñamos con el último gadget digital». Su obra se caracteriza por la mezcla de formatos y soportes y la reflexión sobre el propio proceso creativo, centrándose en escenarios de conflicto.

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