HE VISTO COSAS

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Salvo el estreno que me pilló en edad Disney, tengo el abono de espectador premium. La vi, por primera vez, en vídeo Beta y repetí después en DVD. Varias veces. Me faltó tiempo para revisarla en pantalla grande en aquel discutido montaje del director Ridley Scott de 1992 que, pese a los sesudos ríos de tinta que generó, tampoco aportó mucho a una película que ya fascinaba en su versión original de 1982. Y hace un par de años, convertí a la causa replicante a un par de jóvenes espectadores con la 'final's cut' que se (re)estrenó en el Albéniz y que, de nuevo, no alteraba la esencia de 'Blade Runner'. Una cinta futurista que, bajo ese formato 'noir', sucio y tecnológico, planteaba las grandes preguntas de la humanidad: ¿quién soy?, ¿por qué nos crearon?, ¿por qué tenemos fecha de caducidad?

Pocas películas como 'Blade Runner' han ilustrado de forma tan gráfica y tan lírica el deseo del hombre de ser inmortal. E incluso de llegar a sustituir a Dios. Planteamientos que, francamente, no necesitaban esta continuación. Y ni siquiera tantas 'cuts' de la primera película. Pero con la bendición de Mr. Scott y la presencia en la dirección del aventajado Denis Villeneuve, la secuela 'Blade Runner 2049' podía funcionar. Y hay que reconocerle la osadía a la pareja de intentar estar a la altura de un clásico y no salir derrotado. Del todo.

El argumento vuelve a seducir por momentos con ese replicante que 'retira' a otros humanos sintéticos como él, mientras el discurso existencial de la primera parte se transforma en un inteligente relato bíblico y mesiánico. Visualmente, esta continuación es sencillamente deslumbrante, aunque el metraje inadecuado acaba pesando en el resultado. Casi tanto como el tono comercial de la trama que da demasiados giros innecesarios y no oculta que esto va para trilogía. Pese a ese barroquismo narrativo, el filme se defiende e incluso te conquista en muchos pasajes. Aunque el mayor déficit sea tal vez la ausencia de un villano-bueno como Roy Batty. Y me imagino a Rutger Hauer viendo esta secuela en un pase privado con Villeneuve y, al terminar, mirar al director y decirle con una sonrisa: «Yo he visto cosas que vosotros no creeríais...».

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