Virgen verde, cuídalo

Virgen verde, cuídalo
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Había ido a Aparicio a comprarte unas ‘isabelas’, un dulce que te (nos) fascinaba. No fui en estas fiestas a verte por ‘prescripción médica’, para evitar malos ratos, que estabas delicado, hermano. Comprando los pasteles recordé cuando nos fuimos juntos a Nueva York para que tomaras posesión de la dirección del Instituto Cervantes, donde tan excepcional labor hiciste. ¿Te acuerdas? Menudo cabreo porque nos mandaron de primera a turista porque iban los Príncipes por aquello de las medidas, lógico, de seguridad. Eso sí, la azafata, encantadora, nos dijo que como éramos grandes, anulaba un asiento para que pudiéramos ir más cómodos. Nueva York (dos veces), La Habana, Trinidad, Miami, Londres, Berlín, Madrid, Roma, París… ¡Dios mío, la de kilómetros que hemos hecho juntos! Te inventaste el turismo cultural, fuiste el primero en poner la piedra en el año 95 de lo que hoy es el edificio de la Málaga que fascina y que te fascinaba, tal como te encomendó tu amiga Celia. Copiaste, entre comillas, porque las mejoraste con Tere Porras, las luces de Navidad de Oxford y Regent Street; con Paco Gámez llevaste morcilla de Álora y boquerones en vinagre a las ferias de turismo, en las que hasta tu llegada, Málaga era un cero patatero. No existía. En aquel rincón de ‘Adolfo’ pariste el Festival de Cine de Málaga. Con Díez de los Ríos, entonces rector, formaste un binomio demoledor. Inauguramos (así lo digo, a cosa hecha) la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en una lección inaugural a dúo un septiembre de 1993. Recuerdo tu reciente cabreo porque en los actos del 25 aniversario de esta facultad, nadie relató este detalle… tan nimio para algunos. En Miami se lió con Picasso, niño y hombre, y en Berlín las camareras del Bavarium aún recuerdan tus palabras en alemán, que eras y sabías de todo. Madre del amor hermoso…

He llegado sin los pasteles de Aparicio a la habitación 702 del Hospital El Ángel. La puerta está cerrada. Me asomo. Tu mujer, Sonia, tu cuñado, tu hermano, Jesús, y tu amigo y médico personal, Federico del Alcázar me miran. Nos miramos. Lloramos. Nos abrazamos. No me ha dado tiempo a llevarte las ‘isabelas’. En la mesita, un ramo de romero, en honor de tu Virgen de la Esperanza, y un busto del Cristo de la Buena Muerte. Tu hija, Mencía, te adornó la cama con bolitas navideñas estas fiestas. Aún quedaba algún resto por allí. ¿Dónde estás hermano? Aún me acuerdo de las correrías de aquel niño regordete y sabio, muy sabio siempre, por la plaza del Obispo. La infancia nos hizo amigos y la juventud, de la mano del mundo cofrade, nos comenzó a unir como hermanos. Después, miles y miles de vicisitudes juntos. «Hermanos para siempre», sin duda. Para siempre jamás. En las duras y en las maduras. Todos los miércoles, durante años, comíamos juntos con Celia Villalobos, a la sazón alcaldesa, y el rector Díez de los Ríos. No pocos logros e ideas salieron para Málaga. Y entonces aparecía Juan Ignacio y nos contaba alguna historia cultureta, y nos reíamos a mandíbula abierta. O cuando nos íbamos a dar cursos de verano cofrades a Aguadulce y a El Escorial o a Ronda de la mano de Gustavo Villapalos. Aquel día, horrible, en el que jarreaba agua en Málaga y lágrimas en España, el mismo día que asesinaron los cobardes de ETA al concejal sevillano Jiménez-Becerril, un 30 de enero de los 90, con el Teatro Cervantes de bote en bote para presenciar el primer pregón cofrade ‘a dúo’ de la historia. «Vamos a suspenderlo», dijiste… Era mayor el riesgo que la solución, porque cientos de personas habían esperado hasta dos horas para entrar en el recinto, que era la presentación del Coleccionable Pasión del SUR y se entraba por riguroso orden de llegada. «Esto no lo hace nadie», decías. Contigo era todo como mucho más fácil. Maldita sea. ¿Y ahora…? Pregones a dúo en varias ocasiones, para Mena y para Viñeros… O en el 75 aniversario de la Agrupación: presentador y pregonero. Tú gritaste al mundo lo que eran las cofradías y la Málaga de Semana Santa como nadie. Tenías una ilusión: hacer el primer pregón ‘a trío’ de la historia con motivo del centenario de la Agrupación. Banderas y tu hermano elegido como acompañantes. Ya no será posible. Pena de no hacerlo. Pena de que no estés…

Te llevaba unas ‘isabelas’ de Aparicio porque sé que estabas triste. Hombre, le iba a pedir permiso a Sonia para dártelas. Entro en la 702 y veo el romero. Y la silueta del Cristo de la Buena Muerte. Imagino en el fondo la silueta de tus hijas Laura y Mencía. Choco con los enormes ojos de Sonia. Tristes como nunca. Miro por la ventana con la noche ya echada por Portada Alta y te veo sonriendo... Como siempre. Descansa en paz, hermano. A ver cómo sigo ahora sin ti. Virgen verde, cuídalo.

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