Una vida estelar

Cruce de vías

He crecido rodeado de cines y vivo rodeado de películas. Cuando me preguntan qué prefierosi el cine o la literatura, lo dejo en suspense

Una vida estelar
Sr. García .
José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

Desde que tuve uso de razón hasta que cumplí los doce años fui con mi familia todos los sábados por la noche a la sesión doble del cine Emporio. Un cine del barrio del Ensanche, en Barcelona, que desapareció hace tiempo. Sin embargo, no lo olvido. La fidelidad de la memoria. Me acuerdo perfectamente de la cara del acomodador, la taquillera, el maquinista. Se proyectaban películas recientes y otras que llegaban fatigadas de tanto reestreno. Mi madre preparaba los bocadillos y cenábamos en la primera fila del gallinero. Tampoco olvido la noche que oculté a mis padres que me dolía la garganta y fuimos a ver 'Tambores lejanos' y 'El profesor chiflado'. A la mañana siguiente tenía 39º de fiebre, pero la experiencia había valido la pena. A veces íbamos al Cine Central, que mi padre llamaba La Barraca. Otras veces al Oriente y al Dorado. Estos cines rodeaban la manzana de nuestra casa. Sólo teníamos que cruzar una o dos calles. Años después inauguraron, en la calle de atrás, el cine Aribau con la película 'West Side Story'. He crecido rodeado de cines y vivo rodeado de películas. Cuando me preguntan qué prefiero si el cine o la literatura, lo dejo en suspense.

El cine fue lo mejor de la infancia. Estoy hablando desde finales de los años 50 hasta mediados de los 60. Todavía guardo los programas que entonces coleccionaba y las postales de artistas. Una foto de John Wayne mayor, con la cara pálida y enfermo de cáncer, que maquillé con el colorete de mi madre. Entonces estaba enamorado de Claudia Cardinale. Le fui tan fiel como le sigo siendo al Cine Emporio. También veía películas mudas en el salón de actos del colegio. Mi padre me llamaba Pamplinas y yo me identificaba con el 'Maquinista de la General'.

Nos trasladamos a vivir a Málaga en 1969. Ese año se estrenó 'El Graduado' y este fue el primer mote que tuve en clase. Yo era el Graduado, aunque algunos compañeros me llamaban el Polaco. Me enamoré de Katharine Ross y tuve que enfrentarme con mi mejor amigo que igualmente estaba enamorado de ella. Éramos dos hombres y un destino. Me miraba en el espejo y veía a Dustin Hoffman. También me enamoré de Anne Bancroft, la madre de Katharine en la película. Fui un adolescente bígamo. Quince años después, unas chicas inglesas que estaban en Málaga de viaje de estudios me confundieron con Gene Wilder y triunfé como nunca antes había soñado. Me sentí una estrella. Ahora veo el cine en casa, como Gloria Swanson cuando se parodiaba a sí misma y veía sus propias películas en 'Sunset Boulevard'. A todos los dioses les llega el crepúsculo. La edad no perdona, el cine sí. Quizá por eso me gusta tanto.

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