Víctor Ullate: «Estoy hipotecado hasta la médula»

Víctor Ullate dirige esta nueva versión de ‘El amor brujo’ / E. Cidoncha

El coreógrafo se presenta con su ballet hoy y mañana en el Cervantes con una nueva versión de ‘El amor brujo’, la obra en la que ha invertido su arte y sus ahorros

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

La estrenó hace más de dos décadas. Pero el centenario de ‘El amor brujo’ bien se merecía revisitar este clásico, que ha modernizado y actualizado al siglo XXI. Aunque para ello, además de su talento, haya también hipotecado sus bienes. «Hasta la médula», dice Víctor Ullate (Zaragoza, 1947), que regresa hoy y mañana al teatro Cervantes con la inmortal obra. Por esta nueva adaptación acudió a los bancos hace un par de años y, ahora que ha recuperado parte de la inversión, ha vuelto a entramparse para montar una nueva ‘Carmen’. En ambos elencos está su hijo, Josué, que cambió el balón por las zapatillas de baile. Un acierto y un «orgullo» para su padre que, sobre el escenario, ve un bailarín con madera de «líder».

–¿Por qué esta revisión de ‘El Amor Brujo’?

–Hace 20 años utilizamos ocho telones que subían y bajaban, pero ahora eso quedaba antiguo y lo hemos reemplazado por proyecciones que permiten que la imaginación vaya más allá. Además, a Falla le hemos unido la música de Luis Delgado y del grupo sueco In Slaughter Natives que le dan un punto siniestro, maléfico y dramático a la fantasía.

–¿Eso es porque corremos tiempos dramáticos?

–‘El amor brujo’ es una obra de celos, desamor y pasión que te llega a lo más profundo y el público sale fascinado. También hay un discurso sobre el maltrato a la mujer que está muy vigente. Son elementos que requerían una adaptación de la obra a estos tiempos.

–¿Falla nunca falla?

–Ja, ja. Falla es un orgullo para nuestro país y para el ballet. Además, ‘El amor brujo’ ha cumplido un siglo y había que celebrarlo con una nueva versión que homenajeara a uno de nuestros grandes autores.

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El vestuario y la escenografía diseñada por el pintor Frederic Amat para para la adaptación de la obra en 1994 se quemaron en un incendio. ¿Los habría vuelto a utilizar?

–Hacer lo mismo en esta nueva versión no me apetecía y quería darle un cambio de aire. La escenografía de Paco Azorín y los diseños de vestuario de María Araujo han cambiado lo que en un principio estaba muy bien. Pero siempre hay que mejorar. Y el resultado es un ‘Amor brujo’ perfecto, que el público disfruta.

El ballet

Título.
‘El amor brujo’.
Compañía.
Víctor Ullate Ballet.
Coreografía y dirección.
Víctor Ullate.
Música.
Manuel de Falla, Luis Delgado e In Slaughter Natives
Elenco.
Josué Ullate, Marlen Fuerte y Cristian Oliveri.
Lugar y fecha.
Teatro Cervantes, hoy (20 horas) y mañana (19 h).

En la obra figura su propio hijo, Josué Ullate.

–Hay un elenco de bailarines fantástico. Josué hace el rol de Carmelo, pero también Marlen Fuerte que hace el papel de Candela y Cristian Oliveri que interpreta al espectro. En la compañía no hay cuerpo de baile, porque todos son primeros bailarines. Cada año se presentan 500 personas a las audiciones para dos o tres plazas. Por eso escogemos los mejores.

–¿Y cómo lleva eso de ser el padre y el director?

–Bien. Josué tiene una libertad de movimientos impresionante sobre el escenario y un gran peso en las escenas. Es un orgullo para mí, que haya seguido con la tradición. Tiene un futuro maravilloso y ya le han ofrecido muchas cosas. Me alegro por él porque nadie es profeta en su tierra.

–¿Influyó en su decisión a la hora de dedicarse al ballet?

–Iba para futbolista y era un crack. No sé si hice bien, pero en un momento dado le dije que tenía que decidirse y ser una cosa u otra. Solo hay que insistir en algo para que tu hijo quiera hacer lo contrario. Pero la pasión que sentía estaba ahí y a los diez años decidió que quería bailar. Después sufrió un accidente de rodilla y, cuando se recuperó, se dio cuenta de que su vida era el ballet y dijo: «Quiero bailar por encima de todo».

–¿Y es fácil ser bailarín y además hijo de Víctor Ullate?

–Se le exige mucho más y siempre tiene que ser el primero. Tiene que estar ahí y dar ejemplo para que no puedan decir que es el hijo de Víctor Ullate. Pero él es un líder.

Irse o quedarse

–¿El ballet flamenco es lo que mejor nos define en la danza?

–Es lo más nuestro por mucho que los japoneses quieran imitarnos. Viene de nuestras raíces más ancestrales. Lo sentimos y vivimos en lo más profundo, aunque está menos valorado que el clásico. España es un país de artistas, pero no de bailarines. Sólo hay dos compañías en las que se puede ejercer la profesión, la Nacional de Danza y la nuestra, y por eso muchos tienen que marcharse fuera para mejorar y para triunfar. Ha pasado con Tamara Rojo, Lucía Lacarra, Jesús Pastor o Ángel Corella, a los que no se les ha reconocido hasta que se han ido fuera. Aquí nos sentimos muy orgullosos cuando se van. Me gustaría que fuéramos como en el fútbol y que ficháramos a los mejores. Pero a los nuestros, los fichan en otros países.

«Mi hijo Josué tiene que ser el primero para que no le puedan decir que es el hijo de Víctor Ullate»

Para montar ‘El amor brujo’ se hipotecó. ¿Cómo va esa amortización?

–Sigo hipotecado porque acabo de estrenar una ‘Carmen’. Y las aportaciones públicas nunca llegan a tiempo. Nosotros recibimos un 40% de subvención de la Comunidad de Madrid, que es sensible y nos permite afrontar gastos, pero apenas contamos con más inversión. Algo que nos diferencia con otros países son las empresas y entidades privadas que apoyan el arte, pero aquí no tenemos una ley del mecenazgo vigente y mientras que no la tengamos será imposible igualarnos.

–¿Y cuál es el secreto de la longevidad de su compañía que está a punto de cumplir 30 años?

–Esto no lo hace nadie. Somos la primera compañía privada de ballet que ha durado 30 años y esperemos estar otros tantos más. Estoy hipotecado hasta la médula y el único secreto es luchar cada día, trabajar en nuevos espectáculos y sacar un euro de donde sea para no ser otra carga para el Estado ni la Comunidad. En el fondo, el único secreto para durar tanto es el nivel de la compañía. Además, tengo la ilusión de crear una casa de la danza para niños que estén en centros de acogida o sin recursos. El objetivo es que puedan acceder a esta profesión, que es una terapia maravillosa porque cuando bailas te olvidas de todo.

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