Víctor del Árbol: «Los políticos han secuestrado las palabras»

Víctor del Árbol, que en unos día recibirá en Francia la insignia de la Orden de las Artes y las Letras. /Alfredo Aguilar
Víctor del Árbol, que en unos día recibirá en Francia la insignia de la Orden de las Artes y las Letras. / Alfredo Aguilar

Víctor del Árbol Escritor. Suma novelas y premios desde que dejó los Mossos d’Esquadra. En su nueva novela, ‘Por encima de la lluvia’, vuelve a indagar en el ser humano y a sacudir las emociones

María Eugenia Merelo
MARÍA EUGENIA MERELO

Pasea bajo el sol por la playa de Gijón cuando atiende el teléfono. Víctor del Árbol está en tierras asturianas promocionando su nueva novela. Esta semana lo hará en Málaga. Con su anterior trabajo, ‘La víspera de casi todo’, ganó en 2016 el Premio Nadal. Sin duda, este «barcelonés de pro» sacó buen provecho de la necesidad de su madre de dejarlo en una biblioteca para poder acudir a su trabajo de limpiadora. Tanto, que el Gobierno francés le ha distinguido como caballero de la Orden de las Artes y las Letras por su aportación a la literatura. Es el segundo escritor español, después de Arturo Pérez-Reverte, que conquista esta distinción en Francia, en donde goza de una popularidad extraordinaria.

En pocos días recogerá la condecoración gala, mientras difunde su nuevo libro en el que vuelve a sacar su bisturí literario para indagar en el ser humano y construir una historia sobre el sentido del amor y el valor de los recuerdos.

Hablamos hace cuatro años, cuando se reunía con libreros de Málaga, recién publicada su novela ‘Respirar por la herida’. Mucho y bueno ha llovido en su vida literaria en este tiempo. ¿Cómo lleva el vértigo?

–En esencia sigo siendo el mismo. Sigo con mi apuesta personal por la literatura. Yo no he cambiado, pero ha cambiado un poco la perspectiva que los demás tienen de mí. Intento llevarlo con normalidad, con mucha alegría, porque soy consciente de que estoy viviendo una situación de privilegio. Como no se sabe cuándo va a acabar, intento aprovecharla y disfrutarla.

‘Por encima de la lluvia’

Autor:
Víctor del Árbol. Novela.
Editorial:
Destino. 509 páginas. España. 2017.
Precio:
19,85euros.
En Málaga
Miércoles 25. Fnac Marbella. 20.00 horas. Jueves 26. Fnac Málaga. 19.00 horas.

¿Se acostumbra uno a los premios y al halago?

–Mi padre me decía que los halagos son para subirse al burro. A los premios y halagos les doy una importancia relativa. Hay premios que tienen más importancia que otros, pero al final siempre digo que los premios te los dan los demás, no quiere decir que te los merezcas. No te pueden condicionar. Como escritor y como persona, miro mucho para adelante y poco para atrás.

‘Por encima de la lluvia’ es su séptima novela. Y vuelve a aparecer el dolor como marca de la casa. El dolor, ¿tiene más de enemigo o de maestro?

–Cuando consigues amaestrar el dolor, dominarlo, se puede llegar a convertir en una escuela de vida. El dolor siempre nos pone a prueba. Cómo se sale de esa prueba es lo que te acaba construyendo. En mis novelas hay dolor porque en la vida hay dolor. Lo importante no es sufrir, al fin de cuentas sufrimos todos, lo importante es qué hacemos con ese sufrimiento y cómo nos construimos.

A los protagonistas de esta novela, Miguel y Helena, les cambia la vida en una residencia de ancianos tras un trágico suceso. ¿Por qué nos empeñamos en que nuestra vida cambie por hechos externos y no por nosotros mismos?

–No somos conscientes de nuestra propia realidad. Vivimos a través de los espejos, a través de los demás. La identidad, lo que somos, se construye a través de cómo nos vemos en los demás . Siempre digo que la cara que menos ves en tu vida es la tuya. Siempre te ves a través de los otros, y a través de ellos te construyes una realidad propia. Muchas veces necesitamos que pase algo exógeno para que abramos la conciencia a lo que somos.

Los recuerdos marcan el mapa de sus personajes. La memoria, ¿es nuestra riqueza o nuestro freno?

–Un poco las dos cosas. Como dice uno de los personajes de la novela: el recuerdo es a veces una enfermedad y a veces una necesidad. Esta novela habla mucho sobre el olvido, el olvido voluntario y el impuesto, el individual y el histórico. El pasado es el refugio que tenemos cuando el futuro nos da miedo.

El pasado

Miguel empieza a perder sus recuerdos por un olvido impuesto.

–Es la paradoja de muchas personas que llevan toda su vida luchando por olvidar cosas del pasado y que sin embargo, como el caso de Miguel, cuando le llega ese olvido impuesto, el principio de Alzheimer, precisamente lo que quiere es recordar. Por una razón muy sencilla, porque el pasado es la raíz que nos aferra al presente. Sin el pasado seríamos como árboles con las raíces en el agua.

No somos lo que queremos ser, somos lo que nos dejan hacer, me decía hace algunos años. Usted ha sido seminarista, estudiante de Historia, mosso d’escuadra y ahora, escritor de éxito. Desde luego, no se ha resignado a ser lo que le dejen.

–Yo soy más Helena que Miguel. No sé si porque vengo de una familia muy luchadora, nunca me he conformado ni resignado con lo que hay delante. Y hasta ahora me va bien, soy feliz. Prefiero que la vida me de a veces palos a quedarme en la barrera viendo las cosas pasar.

Catalán, hijo de padre extremeño y madre andaluza, vaticinó hace un mes que Cataluña recuperaría la cordura. ¿Lo sigue pensando?

–No puedo pensar otra cosa, no puedo dejarme llevar por este paroxismo este de patrias, de banderas y de nacionalismo. Cualquiera que haya leído mis novelas sabe perfectamente qué pienso de todo ésto. La libertad se construye desde la concordia, no se puede construir desde la diferencia, desde la ruptura. Lo que más me preocupa es que, cuando la tormenta política pase, que pasará, nosotros tenemos que seguir conviviendo. Tenemos que preservar a toda costa la convivencia, que no se fracture la sociedad. Estamos en un momento inexplorado, nadie sabe qué va a pasar.

Discurso belicista

Ha nombrado palabras como patria y bandera. También oímos constantemente otras como democracia o represión. ¿Qué están haciendo los políticos con las palabras?

–Los políticos han secuestrado las palabras, que es lo que hacen siempre. Hablan de presos políticos, por ejemplo. Cuando uno piensa en los presos políticos que ha habido en este país durante años con la represión de Franco, duele mucho que alguien, que ni siquiera conoce el significado de la palabra, se la apropie. Cuando hablan de pueblo, del pueblo de Cataluña y del pueblo de España, ¿qué es el pueblo? El pueblo no es una abstracción, es una suma de individualidades que no se puede secuestrar. Cuando hablan de democracia y de antidemocracia tienen que entender qué significa lo que están diciendo, porque estamos jugando con conceptos que en este país, que ha vivido una guerra civil, ya deberíamos haber superado. Hay un discurso belicista que deberíamos tener superado. No lo hemos hecho por la desmemoria. Algo de lo que siempre hablo en mis novelas. Cuando uno tiene muy presente su pasado histórico, su memoria, hay cosas que no se atreve a decir, que no se atreve a hacer, porque todos conocemos sus consecuencias.

Durante 20 años fue mosso d’escuadra. ¿Qué siente al ver desfilar a sus antiguos compañeros ante la justicia?

–Muchísima tristeza, porque los mossos, por la experiencia que yo he tenido, son unos grandísimos profesionales. Lo demostraron en los atentados de Barcelona. Ver que un funcionario público, que juega con algo tan importante como la seguridad de todos, acaba en manos de políticos, convertido en una moneda de cambio, me parece tristísimo. La policía, la justicia, la sanidad, y la educación deberían estar al margen del juego político.

En unos días será caballero de la Orden de las Artes y las Letras. ¿Ha pensado ya lo que va a decir?

–Lo he pensado y ensayado muchas veces delante del espejo, para que me salga un francés aceptable. Quiero hablar del poder de la palabra y de la idea de que Europa, hoy más que nunca, necesita de la cultura española. Porque Europa corre peligro de involución. Todos vemos lo que está pasando con el resurgir de la extrema derecha. Europa corre el riesgo de morir un poco de autocomplacencia. Necesita savia nueva, que es la que nosotros le podemos aportar. Voy a hablar de lo que para mí supone una cultura viva, que es la cultura española, una cultura de aluvión, capaz de absorber todo lo que viene de fuera y de aportar algo nuevo. Y que lucha precisamente contra esa cultura refractaria que se cree mejor que los demás. Y que es precisamente el fundamento del nacionalismo.

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