Aquel verano del pintor Jaime Díaz Rittwagen

Manuel Blasco, Indart del Río, Manuel Alcántara, Jaime Díaz Rittwagen, Fermín Durante, Alfonso de la Torre y Adolfo Durante, en La Malagueta./SUR
Manuel Blasco, Indart del Río, Manuel Alcántara, Jaime Díaz Rittwagen, Fermín Durante, Alfonso de la Torre y Adolfo Durante, en La Malagueta. / SUR

El artista malagueño veranea en Rincón de la Victoria desde muy joven. Allí conoció al poeta y articulista Manuel Alcántara, «con el que he hecho la Universidad», sostiene

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

Jaime Díaz Rittwagen (Málaga, 1941) conserva en su segundo apellido el de sus antepasados prusianos, que llegaron a la ciudad hade dos siglos como comerciantes, atraídos por el vino moscatel que popularizó Catala la Grande de Rusia. Más de 200 años después, el apellido sigue vivo en la ciudad de la mano de este pintor autodidacta, que empezó a trabajar como diseñador en la tienda de muebles de su padre. «Era bueno dibujando, y poco a poco fui centrádome en la pintura, con mi particular estilo que algunos llaman naif, pero que a mí me gusta calificar de primitivo contemporáneo», dice.

Además de la capital, donde nació y vive, en el barrio de La Malagueta, Rincón de la Victoria es su segundo hogar, pues allí ha pasado la práctica totalidad de los veranos desde que con apenas 24 años se casó y se compró una vivienda. Vecino del poeta y articulista Manuel Alcántara, en 1980 se inició una gran amistad entre ambos que aún hoy perdura. «No fui a la Universidad, pero la Universidad la he hecho con él. Es un hombre sabio, con el que gusta estar y del que siempre se aprenden cosas», confiesa Díaz Rittwagen, de 76 años. «Él siempre bromea conmigo diciéndome que soy como su hermano menor», dice en alusión al poeta malagueño, que el próximo enero cumplirá 90 años.

Descendiente de emigrantes prusianos, Díaz Rittwagen ha pintado más de 1.500 cuadros con su particular visión de paisajes urbanos de toda Europa y la provincia, en estilo naif. A sus 76 años, y operado del corazón en 2013, se toma la vida «con más tranquilidad, por consejo de mi cardiólogo», asegura

La amistad entre ambos se fraguó en forma de tertulias y cenas a las que Díaz Rittwagen acudía asiduamente, a partir de 1980. «Nos reuníamos todos los jueves, en distintos restaurantes de la ciudad, como Bonilla, Curro Conde, Refectorio, María o Frutos», explica el pintor, quien desde hace unos años ha dejado de asistir a estos encuentros «por mis problemas de salud». «Estoy operado del corazón desde 2013», confiesa. A aquellas reuniones asistían otros artistas como Manuel Blasco –del que Rittwagen se siente discípulo–, Indart del Río, Fermín Durante, Alfonso de la Torre o Adolfo Durante. «A Manolo le gustaban los pintores y a los pintores nos gustan los escritores», sostiene el artista malagueño, que ha compartido mesa y mantel junto a otros amigos del poeta y articulista como el director de cine José Luis Garci, Alejo García,Alfonso Ussía, Pedro Aparicio, Tedoro León Gross, Salvador Moreno Peralta, Guillermo Bursutil o Álvaro García, entre muchos otros.

Jaime Díaz Rittwagen.
Jaime Díaz Rittwagen. / SUR

Además de Rincón de la Victoria, para Díaz Rittwagen el verano es sinónimo de su infancia en las fincas familiares situadas entre Olías y Comares, en Santón Pintar, en las que su bisabuelo encontró la ruina con la llegada de la filoxera a finales del siglo XIX. «Recuerdo los veranos recogiendo almendras, con los sonidos de los verdiales y las maragatas, cuando la gente se reunía en los cortijos», rememora el pintor malagueño.

«En los años setenta nos desprendimos de todo aquello, porque ya sólo nos daba problemas», sostiene el artista, que ha viajado por decenas de ciudades europeas para plasmarlas en sus lienzos con su particular visión de los paisajes urbanos. «Manuel Alcántara dice de mí que soy un mirador de esquinas», confiesa este padre de dos hijos y con cuatro nietos. «Mi hijo mayor trabaja en Qatar, donde lleva ya diez años, mis nietos son ya medio ingleses», bromea.

Por su parte, su hija reside en Málaga. Una de sus nietas, de 20 años, está estudiando diseño por ordenador y ya ha expresado su interés por mantener sulegado. «Ojalá se dedique a la pintura, pero para los jóvenes está la cosa muy difícil hoy en día», asegura el artista, que hasta el próxim6 de octubre expone 32 de sus obras, realizadas entre 1990 y este año, en la Casa Fuerte de Bezmiliana, en la avenida del Mediterráneo, a donde regresa Rittwagen tras 24 años desde su última exposición allí.

La muestra lleva por título ‘Ciudades’. No en vano, sus cuadros permiten al espectador emprender un peculiar viaje a lo largo de todo el mundo, con su particular visión de grandes urbes como la capital malagueña, París, Londres, Marbella, Madrid, Barcelona, o las suizas Morges, Lausanne y Ginebra, entre muchas otras.

«Mis cuadros son realistas, pero los personajes y las situaciones que se ven están imaginadas. No son imágenes totalmente fieles a la realidad, tienen una buena parte de invención, de cómo yo veo esos sitios o los recuerdo», cuenta el artista. «Es mi primera gran muestra antológica, no quiero que se vea así, pero después de los problemas de corazón que he tenido y de la operación a la que me sometí en 2013, es de alguna forma una despedida con honores», confiesa.

Según explica, en la exposición pueden verse 15 piezas que ya estuvieron exhibidas en una muestra celebrada en Mijas antes del verano, con el mismo título de ‘Ciudades’, y otras 17 de su colección particular. «Apenas me quedarán 50 cuadros, por suerte los alrededor de 1.500 que he pintado en mi vida se vendieron, es algo muy satisfactorio, que la gente sepa apreciar tu trabajo, que cuando ven un cuadro mío digan, es un ‘Rittwagen’, tengo un estilo único», dice.

En efecto, la enorme paleta cromática con la que trabaja el artista hace inconfundibles todas sus obras, que están repletas de detalles de las ciudades, que eso sí, antes de pintarlas se ha pateado durante días. Así, utiliza hasta 80 tonalidades en cada obra, «y siempre que termino una paleta, la limpio y empiezo de nuevo».

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