Aquel verano de Adolfo Flores

Verano del 72 en el Cuartel de Capuchinos. Adolfo Flores, abajo a la derecha, junto a dos de sus hermanos y varios primos, en agosto de 1972.
Verano del 72 en el Cuartel de Capuchinos. Adolfo Flores, abajo a la derecha, junto a dos de sus hermanos y varios primos, en agosto de 1972.

El músico malagueño rememora los estíos de su infancia junto a toda su familia y su salto a los escenarios

J. RAFAEL CORTÉSMálaga

Para Adolfo Flores el verano siempre ha sido su estación favorita. De hecho, en una de las canciones que compuso para Los Caimanes lo llamó «ese viejo loco». El músico malagueño lleva casi cuatro décadas sobre los escenarios, un tiempo en el que ha impulsado grupos como Gerundula, Extraños Aquí, Los Caimanes, Katerpillar Blues Band, los Blue Minnies, Motel Caimán y Mad Dogs-Tributo a Joe Cocker, y ha participado en proyectos como la Southern Comfort Band de Fernando Martín o en Caimán-Zurdo, junto a Álex Meléndez. Además, prepara su primer disco ‘en solitario’, aunque eso es un decir porque será un trabajo plagado de colaboraciones de grandes figuras del rock local y nacional.

Sus veranos ahora están siempre cargados de buena música, pero hubo un tiempo en el que todavía no era así. Adolfo Flores recuerda los primeros estíos que almacena en su memoria, cuando sus abuelos vivían en el antiguo Cuartel de Caballería, en Capuchinos: «Un barrio por aquel entonces lleno de vida, con un patio inmenso lleno de gatos y sol; allí pasábamos los veranos refrescándonos con sandía y bañándonos en la fuente del patio. Y los domingos peregrinando en una caravana eterna por la carreterilla camino del Rincón de la Victoria en un Seat 850 en el que no me explico cómo cabíamos los cinco hermanos, mis padres, varios primos y neveras llenas de tortilla de papas y filetes empanaos».

Recuerda también Adolfo ‘Caimán’ las noches de San Juan, «con un júa en cada esquina y en cada portal del barrio y el programa doble del cine Las Palmeras, con nuestra bolsa de pipas y gaseosa fría... Fue una infancia llena de veranos felices», sentencia.

En detalle

Adolfo Flores es el ‘caimán’ del rock malagueño. Lleva cuatro décadas en el mundo de la música y ha liderado un sinfín de proyectos creativos desde los 80 con bandas como Extraños Aquí, Los Caimanes, Katerpillar Blues Band, los Blue Minnies o Motel Caimán. Su siguiente objetivo es lanzar su primer disco en solitario

Luego llegó la música a su vida, cuando sus padres le compraron una guitarra. Por aquel entonces tenía 15 años y Flores decidió montar su primer grupo musical, con el que iban de verbena en verbena tocando, tal y como señala el artista: «Las veladillas abundaban por aquel entonces y las benditas orquestas, con musicazos que todavía recuerdo, nos dejaban tocar de vez en cuando».

Adolfo Flores no tiene antecedentes familiares en el mundo de la música, pero reconoce que desde que era muy pequeño «cantaba y hacía como que tocaba la guitarra». Y señala también que cuando era un «chavea» sus amigos se gastaban los duros en las máquinas de bolas, mientras él iba «a los bares a echarlos en las máquinas de discos». Haciendo un poco de memoria, recuerda que su primer grupo se llamó Gerundula, como la canción de Status Quo. «Con esta banda debutamos en la caseta de feria de la Peña El Bastón, muy jovencitos. Llegamos a tocar en el certamen de Jerez de la Frontera a comienzos de los 80». Tras este proyecto, Adolfo Flores se embarcó en 1985 en Extraños Aquí, con Olga Valero a las voces. «Cuando ella lo dejó me puse a cantar y nacieron en 1989 Los Caimanes –señala– y casi al mismo tiempo me metí de bajista con la Katerpillar Blues Band y con los Blue Minnies. Por aquel tiempo también participé en Los Profesionales, un grupo de rock clásico».

«Antes los niños pasaban el verano jugando en la calle, sin tantos coches, sin móviles ni whatsapp»

Otro verano que recuerda con cariño este músico, que también trabajó como técnico de producción en Cambayá Récords, es el de 1990, cuando tras la separación del grupo Extraños Aquí impulsó la creación de Los Caimanes. «Nos recorrimos casi todos los pueblos de la provincia con los conciertos que organizaba la Diputación, allí coincidimos con muchos grupos de la época: Etílicos, La Costa, Serie-B, etc; teloneamos a Danza Invisible, El último de la Fila, La Frontera, 091, etc… Me compré una moto tipo custom y en los días libres me recorrí la costa con mi querida Toñi, desde Cádiz hasta Almería y vuelta a empezar; entonces se podía acampar en la playa que quisieras… eran otros tiempos», rememora.

Estos veranos los recuerda Adolfo Flores «con más pena que nostalgia». Y es que por aquel entonces contaba con 24 años, «estaba casado y tenía mi propia casa (antes corríamos mucho mas que ahora), mi familia veraneaba en el Rincón, mi madre alquilaba una casa mata con mis tías y mis primos y allí acabamos todas las noches sentados en el porche y comiendo polos de nieve hasta las tantas».

Desde entonces hasta ahora la vida de Adolfo Flores ha cambiado bastante, porque ahora los veranos «no son iguales». Y es que el músico malagueño considera que hoy en día se disfruta menos que en aquella época, «sobre todo los niños, que antes hacíamos el verano en la calle jugando, desde por la mañana hasta por la noche, sin tantos coches, sin móviles ni whatsapp». En este sentido, añade: «Recuerdo coger la bicicleta, irnos al espigón de La Térmica a la roca madre toda la tarde, después nos bañábamos en una fuente de Huelin para quitarnos el salitre y que tu madre no supiera que habíamos estado todo el día en la playa...»

Ahora, sus vacaciones de verano las destina a la música, ya que agosto es el mes en el que más conciertos tiene en cartera. Adolfo Flores es un gran amante de los viajes y aunque ha pasado muchos veranos en el extranjero reconoce que cada vez es más partidario de descubrir «nuevos lugares en España, pero que no sean el típico viaje de sol y hamaca, porque eso en Málaga lo tenemos todo el año».

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